Luis Paulino Vargas Solís
Primero, no es cierto que esta boxeadora argelina –Imane Khelif es su nombre– sea una mujer trans, o sea, ella no nació como hombre y luego transicionó para convertirse en mujer. Tampoco es cierto que ella fuera intersexual, o sea, que haya nacido con órganos sexuales de ambos sexos. Ella nació mujer, con todas las características sexuales propias de una mujer. Así fue inscrita, así ha vivido. Y, por cierto, en un país, Argelia, que –por cuestiones religiosas– es tan intolerante en esta materia como Fabricio querría que fuese Costa Rica.
Sí, es posible que algo en su fisiología funcione de forma parcialmente distinta a como es usual en la mayoría de las mujeres, de forma que su cuerpo produzca más testosterona de lo que es habitual entre las mujeres. Y ello explicaría que su aspecto físico sea más masculino. Pero eso nadie lo sabe, puesto que no se conoce que ella se haya hecho exámenes ni los resultados de estos, en caso de que efectivamente se hayan realizado.
Indagando un poquito, me topo con un dato interesante: según Medline Plus (una publicación muy seria, vinculada a la National Library of Medicine y los National Institutes of Health de los Estados Unidos), los niveles, considerados normales de testosterona en los hombres oscilan entre 300 y 1000 nanogramos por decilitro (entre las mujeres, entre 15 a 70 nanogramos por decilitro). Observe que se trata de un margen amplio, de forma que podría haber hombres cuyo nivel de testosterona más que triplica el de otros hombres.
¿Son entonces los primeros “más hombres” que los segundos? Si la pregunta suena absurda es porque realmente lo es. Puesto de otra forma: suponiendo que haya mujeres —poquitas pero de seguro las hay— cuyo nivel de testosterona en sangre excede de 70 nanogramos ¿eso las hace menos mujeres que las otras mujeres? He aquí otra pregunta absurda.
En breve: ser hombre o mujer es mucho más que una medición de la testosterona en sangre.
Bueno, el caso es que Imane Khelif es mujer y, durante sus 25 años de vida, ella no ha pretendido ser otra cosa, excepto mujer. Pero, además, hay un detalle que debe mencionarse: su palmarés como boxeadora acumula 50 combates, de los cuales perdió 9. Otras mujeres la han derrotado, cosa que sería altamente improbable si realmente fuera un hombre. De hecho, ella compitió en las olimpiadas anteriores (Tokio 2021) y fue eliminada en cuartos de final.
Es triste y lamentable ver el odio con que alguna gente se expresa, y la forma artera y soez con que han atacado a esta joven argelina. Y peor puesto que es un odio alimentado por la ignorancia y reacio a reconocer lo que la evidencia nos dice.
Finalmente, anoto lo siguiente: esto nos advierte acerca de la complejidad de la biología, o sea, es claro que la propia biología, de forma natural, hace que los sexos no se reduzcan a las polaridades rígidas e irreductibles “hombre-mujer”, a las que alguna gente se aferra de forma intransigente, cuando, más bien, lo que nos ofrece es un continuum matizado y diverso.