Cuaderno de Vida
Gustavo Elizondo Fallas
Aquí es donde el término “utopía” cobra sentido, si lo entendemos como un sistema político ideal, perfecto, justo, pero a la vez irrealizable, como lo sostenía Tomás Moro en el siglo XVI; suena muy bien decir que, al exonerar una cantidad de productos básicos, 177 para ser más exactos, los pobres de este país se pueden alimentar mejor y que sus exiguos ingresos le permiten un mayor poder adquisitivo, eso no es tan demostrable. Lo que sí es demostrable, es que ellos no serán los únicos beneficiados, que esos artículos son adquiridos por todos los consumidores, algunos en mayor cantidad porque cuentan con mayor ingreso; ¿quién en este país, por más que viva en Los Yoses o en Cariari no compra pollo, carne, huevos, leche, natilla, tomates, papas, todos parte de la canasta básica?; estamos seguros que si revisamos el carrito de compras de una señora “emperifollada” que compra en un supermercado fino de Escazú, tendrá mucho de estos productos en medio de sus vinos, quesos y cortes finos, mientras que la señora del barrio pobre acudirá a la pulpería del barrio quizá por una simple bolsita de arroz. Mientras a esta señora del barrio no le proporcionemos una forma de ingreso, el efecto de la canasta básica es ínfimo.
Diferente sucede en el sector agrícola donde el Régimen Especial Agropecuario establece un cobro reducido del IVA a los insumos agropecuarios, porque los únicos que tienen acceso son aquellos inscritos como Pequeños Productores Agropecuarios en el Ministerio de Agricultura, o sea, no pueden beneficiarse las grandes corporaciones agrícolas; allí si hay justicia tributaria; lo mismo pensaríamos de un subsidio al transporte público a sabiendas que los de mejor ingreso no lo usan sino más que todo, la clase trabajadora.
En la mesa de diálogo surgió la propuesta de realizar un estudio de este impacto de la canasta básica además de la posibilidad de reintegrar este gravamen a las clases sociales más necesitadas y de inmediato, sin realizarse estudio alguno, brincó la prensa, los diputados y diputadas populistas de siempre, sin faltar la dirigencia sindical; en este momento todas las cartas deben estar sobre la mesa y no descartar soluciones. Podría ser que la canasta básica no sea nada más una buena intención y de ellas está lleno el camino a los infiernos.