¿Y dónde está el PAC?

Freddy Miranda Castro

Freddy Miranda

El PAC no existe, más allá de las elecciones. Pasadas estás, desaparece. De Acción Ciudadana, no tiene nada. No tiene ningún arraigo ciudadano en estructuras de desarrollo comunal, sindical, deportivas, culturales, ambientales, municipales, campesinas, productivas, etc. Nada de nada.

El PAC es solo un pequeño partido escalera, para que algunas personas con buenas intenciones, y otras por simple afán de poder y buenos salarios, accedan a las estructuras del gobierno. Incluso ya han formado su pequeño equipo de usuarios de las puertas rotatorias en puestos de gobierno. El que hoy es Ministro o Viceministro hace su gestión en función de ser diputado en la próxima administración. El que ayer fue Ministro, hoy es Gerente de alguna empresa estatal y así hasta la saciedad. ¿Diferencias de actuar con la burocracia del PLN y el PUSC en el pasado? Ninguna esencial.

Alguna vez un buen amigo de esos comprometidos con las buenas causas y militante del PAC, me dijo que la aspiración de ellos, era llenar el espacio socialdemócrata que había abandonado el PLN, entregado ahora a los postulados más conservadores y reaccionarios. Pero no, el PAC no es nada, no tiene ideario, no tiene claridad de lo que quiere ser. En esencia sigue anclado en la visión estatista del siglo pasado que ya no se corresponde con la realidad actual. Pues el Estado pasó de ser factor de progreso y movilidad social, a principal responsable de la inmovilidad económica y social que experimenta el país. Es más, es el principal factor de la desigualdad. Por eso vemos a un PAC que no es ni chicha, ni limonada, que se va por la tangente y no le hinca el diente a los grandes problemas nacionales. Sus gobiernos son temerosos, sin firmeza. Al no haber claridad de objetivos, los gobiernos del PAC son como una mazamorra temblorosa.

Lamentable, porque no fue la idea con que Ottón fundó el PAC. Pero el partido se le fue de las manos y empezó a derivar entre posiciones conservadores y un progresismo insulso, sin garras, ni dientes, sin norte. Sus gobiernos, han sido de patear la bola y que el tiempo pase. Lo de la reforma fiscal, no es el resultado del PAC, sino de una conjunción de fuerzas nacionales muy diversas, desesperadas por ponerle freno al camino hacia el despeñadero, que llevaba el país. Pasado ese momentum, el PAC volvió a deshojar la margarita del ser y no ser y ser sin rumbo cierto.

La claudicación de hoy ante los fundamentalistas religiosos, el conservadurismo sindical y del Frente Amplio, al defenestrar a Edgar Mora, es un caso patético del PAC, que demuestra que no es ni chicha, ni limonada.

Anexo

Ganó el fundamentalismo religioso…

El 18 de mayo del 2018 escribí un texto referido a Edgar Mora y allí lamentablemente vaticiné que lo iban a devorar, las fuerzas que tienen a la educación nacional en el estado de postración y atraso en que se encuentra.

Lo que no avizoré más de un año atrás, es que fuese el fundamentalismo religioso en una macabra alianza con sindicalistas y excomunistas, quienes lo quemaran en la hoguera de la intransigencia y el conservadurismo más nefasto. Fuerzas conservadoras todas esas, enemigas de los Derechos Humanos, la equidad y la justicia.

Lamentablemente son ayudados por un gobierno confuso e incompetente, que no sabe qué es lo que quiere, ni para donde va.

Esto fue lo que escribí el 18 de mayo de 2018 sobre el ahora exministro Edgar Mora:

Edgar Mora es un hombre inteligente, con excelente preparación académica, creativo; pero sobre todo bueno y bondadoso que además cree que: “De buena madera está hecha el alma del hombre”. A diferencia de ¡el lobo de Gubbio, el terrible lobo! Qué; el varón que tiene corazón de lis, alma de querube, lengua celestial, el mínimo y dulce Francisco de Asís, trató de transformar de fiera bestia montaraz en melífico animal.

Edgar, al igual que el lobo hoy sufre lo que anida en muchos corazones: “la Envidia, la Saña, la Ira, y en todos los rostros ardían las brasas de odio, de lujuria, de infamia y mentira”.

Como Edgar es de alma melífica y no un torvo animal, que pueda tornar a su estado natural en cuyas entrañas reviva la fiera original del bello poema del inmortal Darío; me temo que sea devorado por esa parte de la “opinión pública nacional” que gusta de los linchamientos y de que corra la sangre.

Los “malvados” vencen, cuando los “buenos” no entran al campo de batalla. Quienes creemos que hay que sacudir el árbol de la educación nacional, para que de él caiga lo podrido; vamos a tener que darle nuestras manos y meterle el hombro al Ministro de Educación, para que no sea devorado antes de cumplir su misión. No queda otra que entrar al ruedo y acompañarle, que si no transformamos la educación se nos sigue extraviando el país y sin esperanza de redención.

Edgar Mora transformó la alcaldía de Curridabat en la mejor del país y estoy seguro que puede hacer lo mismo con la educación nacional, si le damos tiempo y apoyo.


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