Vivir o morir depende de conservar su río para los yurok

Por Emilio Godoy

Vivir o morir depende de conservar su río para los yurok

La abogada yurok Amy Cordalis (primera de la izquierda) explica los impactos del cambio climático en el río la Klamath, como la caída de la presencia de salmones, una especie fundamental en las tradiciones y economía de este pueblo nativo del estado de California, en el oeste de Estados Unidos. Crédito: Emilio Godoy/IPS

KLAMATH, Estados Unidos, 11 sep 2018 (IPS) – Los pescadores escasean en el delta del río Klamath, a diferencia de otras épocas de captura, pues el cambio climático recalienta sus aguas y eso mata al salmón, la especie estrella de esta región del oeste de Estados Unidos.

El incremento de las temperaturas favorece la proliferación de enfermedades letales para los peces y la carencia tiene efectos devastadores sobre los yurok, el pueblo nativo más grande en el estado de California y que habita en la cuenca del río.

“El río baja en una época en que no debería. El agua se calienta en verano y provoca enfermedades en los peces. Eso altera el ritmo de la comunidad y conlleva efectos sociales”, relató a IPS la abogada Amy Cordalis, perteneciente a ese pueblo, durante un recorrido por el la cuenca.

La representante legal subrayó que la comunidad de Klamath, adscrita al condado de Del Norte, en el noroeste caliorniano, depende de la pesca, que es parte fundamental de sus tradiciones y sus prácticas culturales y alimentarias.

Los yurok, una tribu que actualmente cuenta con unos 6.000 integrantes, utilizan el recurso con fines de subsistencia, económicos, legales, políticos, religiosos y comerciales.

Esta tribu, una de las más de 560 que sobreviven en Estados Unidos, posee y administra 48.526 hectáreas, de las cuales su reserva, instaurada en 1855, se circunscribe a menos de la mitad: 22.743 hectáreas.

La conservación del bosque regula la temperatura y el ciclo del agua, vitales para el río y para la humedad de la costa del océano Pacífico.

Los yurok, que significa “la gente de río abajo”, recuerdan con pánico el año 2002, cuando el nivel del agua bajó y al menos 50.000 salmones terminaron muertos por las enfermedades, la mayor mortandad de peces en Estados Unidos.

Vivir o morir depende de conservar su río para los yurok

Los indígenas yurok buscan conservar y restaurar la cuenca del río Klamath, al que están ligados espiritual y económicamente. Parte de la restauración es sembrar troncos dentro del río, como estos ya preparados en su ribera, para canalizar el agua y retener los sedimentos y así recrear el hábitat que requieren los salmones, la gran especie de la zona. Crédito: Emilio Godoy/IPS

En 2015 no cayó nieve, lo cual afecta el flujo de recurso que alimenta al río y es fundamental para la pesquería pues en marzo de cada año bajan de la montaña los alevines de salmón, rememoró Cordalis. Esa especie necesita de agua fría para reproducirse.

El gobierno federal concedió a los yurok para 2018 una cuota de pesca de 14.500 salmones, que es baja y excluye la captura comercial, pero muy superior a la ínfima otorgada el año precedente, de solo 650 unidades, debido a la crisis del caudal fluvial que contrajo brutalmente la presencia de esos peces.

El movimiento de peces hacia la parte baja del río se ha deprimido también en años recientes debido a la sedimentación de las cuencas por la extracción masiva de madera, la construcción de carreteras, la pérdida de madera lacustre y de diversidad del hábitat y potencial de producción pesquera.

Por ello, los volúmenes de salmón real o chinuc (Oncorhynchus tshawytscha), esturión verde (Acipenser medirostris) y lamprea del Pacífico (Lampetra tridentata) han disminuido en el río Klamath, mientras la Ley estadounidense de Especies Amenazadas considera bajo peligro al salmón coho o plateado (O. kisutch).

Vivir o morir depende de conservar su río para los yurok

El río Klamath, situado en la costa de California, en el oeste de Estados Unidos, es el sustento natural y espiritual de los nativos yurok, y enfrenta amenazas por el cambio climático, como menor nivel del flujo y aumento de la temperatura, lo que mata a los salmones, que requieren agua fría para reproducirse. Crédito: Emilio Godoy/IPS

Imagen de esa crisis, en palabras de Cordalis, es el cierre de la pesquería comercial por tercer año consecutivo, mientras solo se mantiene la de subsistencia.

Ante ello, los yurok han emprendido la conservación del ecosistema y la resanación de las áreas dañadas para fomentar la llegada de salmón.

En 2006, iniciaron la colocación de madera en la cuenca en Terwer Creek, a manera de diques, para canalizar el flujo de agua y controlar el sedimento.

“Tuvimos que convencer a la empresa maderera dueña de la tierra y a las autoridades estadales y federales. Pero, al ver que funcionaba, ya no pusieron reparos. Lo que hacemos es geomorfología, estamos plantando jardines”, dijo a IPS el responsable de la restauración, Rocco Fiori, de la empresa consultora Geo Sciences, especializada en ese tipo de obras.

Los troncos se siembran en el lecho del río, dando lugar a nuevos árboles, que duran unos 15 años, pues se pudren y se degradan por el contacto con el viento y la humedad.

Pero su ventaja es que generan más árboles y eso crea un pequeño ecosistema. Asimismo, facilitan el surgimiento de vegetación en el vado del río, explicó Fiori, con cuya consultora trabajan los yurok en la restauración.

Vivir o morir depende de conservar su río para los yurok

El salmón es básico en la dieta del pueblo yurok, que habita en el norte del estado de California, en el oeste de Estados Unidos, y su captura ha caído drásticamente por el menor caudal en el río Klamath y el incremento de la temperatura de sus aguas. En la imagen, un nativo yurok sazona pescado para la cena en la ribera del río. Crédito: Emilio Godoy/IPS

A partir del otoño boreal anual, esa franja se inunda y favorece la aparición de materia orgánica para que el salmón se alimente, crezca y prospere en el nuevo hábitat.

Además, han emprendido el desmantelamiento de cuatro de las seis represas emplazadas en el curso del río Klamath y sus seis afluentes, construidas a partir de 1918 para generar electricidad.

El objetivo es restaurar tierras que fueron inundadas por los embalses y aplicar medidas de mitigación de cualquier perjuicio ocasionado por la demolición de las represas, según se exige legalmente.

Los embalses Copco 1 y 2, Iron Gate y JC Boyle serán demolidos en enero de 2021, a un costo de 397 millones de dólares, de los cuales la compañía PacifiCorp, su propietaria, aportará al menos 200 millones y el resto lo desembolsará el gobierno estadal.

“El desmantelamiento de las represas es vital. Es una solución clave para la sobrevivencia del salmón”, enfatizó a IPS el biólogo Michael Belchik, del Departamento de Pesca de los yurok y que ha trabajado con ellos durante 23 años.

Los cuatro embalses albergan entre cinco millones y 20 millones de metros cúbicos de sedimento y su retiro aportará 600 kilómetros de hábitat adecuado para el salmón.

Se estima que la producción de salmón aumentaría 80 por ciento, con beneficios para el comercio, la pesca recreativa y la seguridad alimentaria de los yurok. Además, el derrumbe de los embalses mitigará las algas tóxicas verdiazules que proliferan en los reservorios.

Los proyectos de conservación del agua ejemplifican la mezcla de saberes ancestrales y ciencia moderna.

Para Cordalis, el salmón es irreemplazable. “Nuestro trabajo es que no vuelva a suceder (una tragedia). La tribu hace lo que puede para defenderse de los problemas y llamar la atención. Seguimos luchando por el agua y las decisiones correctas. Nuestro objetivo es restaurar el río y que vuelvan los peces”, sostuvo la abogada.

Los yurok compartieron sus logros y vicisitudes con delegados indígenas de Brasil, Colombia, Ecuador, Indonesia, México y Panamá, en la antesala de la Cumbre Global de Acción Climática, convocada por el gobierno de California para celebrar anticipadamente el tercer aniversario del Acuerdo de París, alcanzado en París en 2015. El encuentro se realiza el 13 y 14 de septiembre en la ciudad de San Francisco.

Este artículo se elaboró con apoyo de la Alianza del Clima y Uso de la Tierra.

Edición: Estrella Gutiérrez


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