Viviana Gallardo y La Familia

Ocean Castillo Loría

Ocean Castillo Loría

En razón de un artículo anterior de nuestra autoría, sobre el 30 aniversario del atentado de La Penca, se nos ha solicitado referir un poco a un grupo terrorista o político – militar, que sembró el temor a comienzos de los ochentas en Costa Rica: “La Familia”, y la miembro que más se destacó de este grupo, Viviana Gallardo.

Hoy puede sonar extraño que en la Costa Rica “que no envidia los goces de Europa”, existiera un grupo de este tipo, pero volvemos al contexto de aquella Costa Rica de la década de los ochentas; una Costa Rica que había tenido un papel fundamental en la caída de la dictadura de los Somoza en Nicaragua; una Costa Rica que jugará un papel clave en la “Contra revolución”, apoyada por los Republicanos contra los Sandinistas, como lo vimos en el artículo anterior ya mencionado.

Es en esa lógica, que Estados Unidos ocupa bases militares en Honduras y se mete en la guerra civil en El Salvador y en el conflicto propio en Guatemala… en Costa Rica, el final de la administración Carazo Odio (1978 – 1982), se enmarca en una gran agitación social.

De igual manera, no debe perderse de vista, la dinámica de ciertos sectores de izquierda en esas épocas, un caso de esos fue el del Movimiento Revolucionario del Pueblo (MRP), que sufre una importante ruptura, en lo que se llamó la “escisión militar”, en ella se marcharán algunos de los que conformaron luego “La Familia”.

Éstos, se marchan luego de lo que se denominó “Operación Miguelito”, en el que se quemaron unos buses. La dirección del MRP, condenó el evento, pero no hay evidencia de que no supiesen de él. La organización “La Familia”, nació en octubre de 1978. De esa “escisión” también surgieron los CRS (Comandos Revolucionarios de Solidaridad), que actuaron entre 1976 y 1977, en El Salvador y Nicaragua.

Para 1979, una meta fundamental de “La Familia”, era la financiación del grupo, con lo que se ejecutaron una serie de golpes que lograron ese fin y de igual modo, lograron algunas armas para sus fines…

El grupo usaba el sistema denominado de “compartimentación”, en el que un miembro de una célula, solo conocía a su contacto en otra célula, asimismo, si bien, para muchos, “La Familia” era un grupo terrorista, para otros, usaba técnicas de guerrilla urbana, temas que son más para teóricos y que ante el peso de los hechos, resultan de poca importancia.

Para 1980, ellos logran algún éxito en materia de luchas campesinas, pero sin lograr unir a alguien más al grupo. Ese mismo año realizaron robos de carros y armas…

Luego de este contexto, abordemos la figura de Gallardo…

Quienes la conocieron, dicen que su conversación era interesante y sus opiniones políticas extremistas, para abril de 1981, dejó de frecuentar lo lugares adonde solía ir. En ese mes, ella participa en la toma de lo que hoy es el edificio de Ciencias Sociales de la Universidad de Costa Rica (UCR).

Gallardo fue detenida con otros miembros del grupo, el 12 de junio de 1981, en un operativo policial, que logró detener la denominada “operación Mole”, con la que “La Familia”, buscaba volar el busto de John F. Kennedy, que se ubicaba en el Parque de San Pedro de Montes de Oca.

La idea del grupo, era que al destruir el busto, estaban destruyendo un símbolo del imperialismo estadounidense. Mientras la policía perseguía a los terroristas, se dio un tiroteo en el que murieron los guardianes de la ley: Luis Anchía Álvarez, Rafael Godínez Mora y Luis Martínez Call (Apellido que consigna la prensa de la época). En el evento, también matan al taxista Miguel Aguilar Porrras. El grupo subversivo tiene una baja: Carlos Gerardo Enríquez Solano (Según algunas crónicas periodísticas, él era novio de Viviana).

En este punto, debe decirse que uno de los policías que mueren, es atropellado por Gallardo, y según testimonios, ella le pasa dos veces el vehículo por encima del cuerpo de la víctima… dicen esos testimoniantes, que el policía estaba herido pero con vida, Gallardo presumiblemente se da cuenta de ello y procede a buscar matarlo, cosa que logra. Según la madre de Gallardo, su hija le dijo que ella no era la “Mujer Maravilla”, para ir manejando y disparando, por lo que al parecer no habló de la versión antes dicha.

Según testigos, dos de los policías mueren baleados en la patrulla y el tercero, fallece como lo acabamos de describir…

También en honor a la verdad y al equilibrio que merecen el tratamiento de estos hechos tan dolorosos, debe decirse, que en una carta que dirige la madre de Gallardo a la Corte Interamericana de Derechos Humanos, con fecha del 10 de julio de 1981, describe las presuntas torturas de que fue objeto su hija el día de su detención (Atada con las manos hacia atrás, golpeada).

Y en honor a esa verdad, también debe decirse que según ese documento, Viviana Gallardo, no fue abusada (La carta se encuentra en: www1.umn.edu/humanrts/iachr/B/101-esp-11.html), inclusive, doña Vilma expresa en la misiva, que la mayoría de los muchachos del cuerpo de investigadores, se portó ante ella con normalidad.

Estos hechos llevaron a la desarticulación de “La Familia”. En uno de los allanamientos, se encontraron planos de la antigua Embajada Americana (Embajada de los Estados Unidos), que fue objeto del estallido de una bomba (En lo que llamaron la “Operación Vieja”), el objetivo de ese atentado, era “probarse” frente a una zona que se presumía de alta seguridad, por la presencia de la sede diplomática.

El atentado siguiente fue la denominada “Operación Águila”, en la que se buscaba explosionar un carro de la Embajada Americana que trasladaba a unos “marines”. La bomba se colocó debajo del carro, del estallido resultaron 7 “marines” heridos. Esto sucedió el 17 de marzo de 1981.

Poco después, se distribuyó un comunicado del grupo con las siguientes características:

– Se explicaban los motivos del hecho.
– Se proclama solidaridad con las luchas centroamericanas, sobre todo, con El Salvador.
– Se declara organización antiimperialista.
– A favor de las luchas en el país.

Es interesante que dicho comunicado es firmado como: “Comando Carlos Agüero Echeverría”…

Cuando algunos analistas abordan los pocos documentos escritos por el grupo, encuentran los siguientes elementos:

– Marxismo – Leninsmo.
– Militarismo.
– Estrategia de Guerra Popular Prolongada (GPP), que como sabemos fue usada en Nicaragua.

A Viviana Gallardo, la mata el cabo José Manuel Bolaños, con una subametralladora M 76, con la que le propina doce descargas, en la celda en la que se encontraba en la Primera Comisaria, cerca de la antigua Penitenciaría Central (Conocida como “La Peni”, hoy Museo de los Niños”)

Según declaró Bolaños, vía carta a una jueza de libertad condicional en 1987: “Cometí un delito, ajeno a mi voluntad. Por mi ignorancia, caí en un grave error que lamento mucho”. Luego de dispararle a Gallardo, un teniente y un comandante recogen los casquillos, para simular un intento de fuga.

Algunos que vivieron esa época dicen, que ella y sus compañeras detenidas (Alejandra Bonilla Leiva y Magally Salazar Nassar), fueron sacadas del Organismo de Investigación Judicial (OIJ), para llevarlas a la Primera Comisaría… a esta altura de los hechos, algunos medios de prensa ya habían hecho “famosa” a Gallardo como cabecilla del movimiento. Para esos testigos, los verdaderos líderes de “La Familia”, nunca fueron del todo conocidos.

De igual manera, líderes del Partido Vanguardia Popular (PVP), como Manuel Mora y Humberto Vargas Carbonell, criticaron los actos de “La Familia”, cosa que como ya hemos visto, tiene su base en el hecho de que este grupo, no tiene origen en esa organización política.

Luego del asesinato de Gallardo, Bolaños (Que fue condenado a 18 años de cárcel) tuvo ciertos beneficios: trabajar de día y dormir en la cárcel por las noches, el 30 de septiembre de 1987, se le concedió libertad condicional. Para ciertos sectores de izquierda, esto refleja impunidad, para otros sectores, era lo propio de un Estado de Derecho como el costarricense y no dudamos que para otros más, Bolaños era y es, poco menos que un héroe. Bolaños dijo en una carta en su defensa, que había recibido orden de matar.

Lo cierto es que en examen psiquiátrico que se le practicó, resultó:

– Peligroso.
– Agresivo.
– Hostil.
– Intolerante a la frustración.
– Con inestabilidad emocional.

De la vida de Bolaños se sabe lo siguiente:

– En su niñez padecía de terrores nocturnos.
– Nació en Heredia.
– Tenía 8 hermanos.
– Trabajaba en una lavandería y como asistente en un circo antes de hacerse policía.
– Concluyó la primaria hasta que entró en la policía.

Valga decir que para importantes defensores de la derecha, uno de los costos perniciosos en la conformación de “La Familia”, fue la manipulación de la que fueron objeto “jóvenes universitarios”, a los que “prácticamente les lavaron el cerebro con Marxismo – Leninismo”, para que avanzaran por los caminos de la violencia.

Pero nada dicen esos defensores, de la alienación que hoy viven muchos jóvenes que caen como idólatras de un sistema injusto como el sistema “capitalista salvaje”, a los que prácticamente, “les lavan el cerebro con neoliberalismo”, para que avancen por los caminos de practicar y tolerar la violencia estructural que el sistema genera.

No se trata de concluir que “La Familia” era un grupo de héroes, de hecho sus actos atentaban contra la ley y las víctimas de sus actos, en el caso de los policías que hemos mencionado, murieron en el cumplimiento de su deber.

Del mismo modo, no se puede hacer juicio del surgimiento y acciones de “La Familia”, sin tener en cuenta el contexto histórico, es lamentable que hoy, con lo poco se opina del tema, algunos al comentarlo, olvidan el marco histórico.

¿Qué resultó de todo esto?: el dolor, tanto de los familiares de las víctimas, como el dolor de los familiares de los ejecutantes… a eso es a lo que llevan los extremismos, las verdades absolutas de la izquierda y la derecha.

En algún momento, alguien que vivió esta triste época, expresó que Viviana Gallardo y sus compañeras y compañeros equivocaron el camino: no es la violencia el camino para la justicia… no es “la violencia, la partera de la historia”.

Es interesante como en investigaciones posteriores (Como el libro: Militantes: La vivencia de lo político en la segunda ola del marxismo en Costa Rica de Ignacio Dobles Oropeza y Vilma Leandro Zúñiga. Editorial de la Universidad de Costa Rica. San José, Costa Rica. 2005.) queda evidenciado, el costo o los costos que tuvieron algunos miembros del grupo, por ejemplo, para retomar sus estudios universitarios y su reinserción laboral y social.

Uno de los principales problemas, sea quizás el de los recuerdos, el dolor y la pesadumbre… no debe olvidarse que en y por “La Familia” hubo muertos… no debe olvidarse que por “La Familia”, gente sufrió la cárcel por largo tiempo.

Asimismo, en el libro citado, es claro que los ex miembros del grupo, debieron cargar con comentarios, aislamiento, discriminación y rechazo, así como la incertidumbre de reconstruir sus vidas. Caso contrario al de otros ex militantes de izquierda, que inclusive lograron introducirse en agrupaciones políticas que les permitieron tener privilegios y hasta ejercer el poder.

La Costa Rica de hoy es muy distinta a la que de hecho tenían en su mente, Viviana, y sus compañeras y compañeros, pero debe decirse sin temor y con todas las palabras, que el camino de la violencia es el camino equivocado, es el camino de “la revolución imposible”, como lo llamara el ex presidente Daniel Oduber.

Pero de igual manera, esos eventos, nos deben hacer reflexionar en cómo llevar adelante una “revolución posible”, una revolución en la que la política sea para servir, la economía se sustente en la solidaridad y se rompan las opresiones por la verdadera libertad. Ese es el valor que hemos encontrado al escribir de estos hechos, a estas alturas del siglo XXI.

Y esa revolución posible, será tal, en el marco de la democracia, una democracia que debe ser cada vez más participativa y más solidaria…

Placa en Guadalupe, al costado este del Walmart (antiguo Gallito), que recuerda a los policías muertos y un taxista, en el lugar del enfrentamiento el 12 de junio de 1981


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4 respuestas a Viviana Gallardo y La Familia

  1. José Manuel Peña 08-06-2014 en 7:37 pm

    Meto la cuchara en torno a este artículo de recuento histórico-polìtico del señor Castillo Loría, para indicar que desde mi posiciòn de periodista de Noticias Monumental, que dirigía ese estupendo periodista Armarnado Vargas, me correspondió llegar de primero a las dos escenas descritas por don Ocean.

    Cuando se dio el enfrentamiento con los policías exactamente enfrente de la actual agencia Faco en La Uruca, en la esquina que conduce hacia el norte en direcciòn a Tibás.

    Y el segundo acto que atendí de primera en “primicia” o “exclusiva”, como se dice en el ámbito periodìstico fuie el atentado a la casa donde vivían los marines estadounidenses, no en la sede de la embajada (200 metros al este de la antigua Fischel), sino en el barrio Los Yoses.

    Recuerdo que en el momento de transmitir en vivo o directo con walkie talkie (lo más moderno de la época) se me acercó en pijamas don Carlos Lachner, empresario de vehículos y codueño de Monumental.

    Por supuesto que fueron acontecimientos de gran impacto nacional que estremecieron la conciencia y alma nacional.

    Han pasado muchos años y ya en el péndulo hacia atrás, (el jueves 17 de este mes llegaré a los 62 años, edad de la jubilación o pensiòn), evoco esos episodios junto al de La Penca y parece que fue ayer como dice la canciòn.

    Justamente, el colega José Meléndez y este servidor, fuimos los primeros que llegamos al hospital de Ciudad Quesada, tras el atentado a Edén Pastora y los periodistas, donde vimos entrar a nuestros colegas y amigos con quemaduras de primer grado, casi muertos y gritando a raudales del dolor.

    Esa escena dantesca la vivimos y pese a que eran nuestros amigos con quienes reporteábamos, tuvimos que coger fuerza, coraje y agallas para transmitir nuestros reportes a la agencia Inter Press Service (IPS) para la cual en ese entonces trabajaba.

    Nunca olvidaré la llegada de mi querido profesor en la UCR, don Quincho Vargas, porque su hermano Carlos era un o de los afectados. Don Joaquín siempre fumaba mucho, pero esas horas duplicó o triplicó el fumado (no existóa prohición de fumar en entidades públicas).

    Al momento de escribir al vuelo estas elucubraciones, motivadas por don Ocean Castillo, me hierve la sangre al recordar que durante varias horas tuvimos en una sala de espera al criminal bestia que puso la bomba. Lo recuerdo sentado en una silla de ruedas, barbudo. flaco, fumando a lo salvaje y sin muestras de haber sufrido ni un rasguño.

    Lamento haber borrado la ciinta cuando lo entrevisté con mi grabadora y su acento era sudamericano, daba muestras de estar en otro mundo y con ganas de irse.-

    Lo puedo ver ahorita, cuando saliò como “perro por su casa” solo del hospital y con la conciencia (¿habrá tenido ese criminal impune?), manchada por haber cometido un crimen de lesa humanidad.

    Perdonen lo largo de este mensaje, que son chispazos de un eventual libro de apuntes de un aprendiz de periodista y aficionado a la política, desde que a los 15 años fue a la legendaria La Catalina.

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  2. Lina Barrantes 06-11-2016 en 7:39 am

    Creo importante hacer notar, que Viviana debe haber tenido en ese momento no mas de 19 años. Es decir, era una chiquilla.

    Que efectivamente, tengo y siempre tuve la íntima convicción, como dicen los abogados, de que tras el asesino, Cabo Bolaños, había alguien. En este país, ni en ninguno alguien beneficia de tantos privilegios por azar.

    Por último compartir una maravillosa columna de Jacques Sagot de hace unos años.

    Viviana no fue nunca mi amiga, pero estuvimos en el mismo colegio, estuvimos en el Liceo Franco y eso es como una marca que se lleva de por vida.

    Viviana fue mi amiga

    Decía lo que pensaba,y lo hacía con la vehemencia y la pasión de la juventud
    POR JACQUES SAGOT

    Viviana Gallardo fue mi mejor amiga de infancia y juventud. La hermana de mi alma. El lunes 2 marzo de 1969, primer día de clases –terrible experiencia iniciática– mi mamá me lleva de la mano al Liceo Franco-Costarricense. Yo, aterrorizado, abandonado en un aula llena de criaturas extrañas y de una temible figura de autoridad que era la profesora, mudo, crispado, al borde de las lágrimas. Sentada al lado mío estaba Viviana Gallardo.

    Viernes 28 de noviembre de 1979, último día de clases de quinto año, esta vez melancólico, enamorado, lleno de acné, inseguro, la cabeza repleta de quimeras y sueños desmesurados. Ahí estaba también, a mi lado, Viviana Gallardo. Fue mi compañera durante toda la primaria y la secundaria en ese que, en mi corazón, sigue siendo el mejor colegio del mundo: el Liceo Franco-Costarricense. Once años. Y luego dos de universidad. Estudiábamos juntos, hacíamos las tareas juntos, hicimos presentaciones juntos, salimos en montajes de teatro juntos, durante los años de la adolescencia –turbulencia de los primeros amores, dolor de los primeros rechazos, estremecimiento ante las primeras sonrisas– fue mi confidente, mi asesora en materia sentimental.

    Inseparables. Me conocía como ningún otro compañero o compañera llegó a conocerme. Hablábamos horas por teléfono. Todos los días. Las cuentas telefónicas eran inconcebibles. Mi mamá le puso un candado al teléfono. De nada sirvió. Encontré un sistema para pulsar los botoncitos sobre los que reposa el auricular con infalible destreza –no en vano soy pianista– que me permitía llamarla sin necesidad de hacer girar el disco sobre los numeritos del aparato. Simplemente, no podía pasar un día sin hablar con ella. Más exacto sería decir: no podía vivir sin ella.

    Cuando el bus del colegio nos devolvía a casa, me quedaba a menudo a dormir en su casa. Ahí lo tomábamos, de vuelta, a la mañana siguiente. De seguro habremos sido regañados más de una vez por llegar tarde, por hablar en clase, y no me cabe duda de que en alguna ocasión habremos hecho trampa en los exámenes. Que alce la mano quien jamás lo hiciera. Lo compadezco, amigo, porque, sin querer por ello hacer la apología de la deshonestidad académica, también esto es parte de la vida de estudiante.

    Era superlativamente inteligente. Intuitiva, culta, sensible, devoradora de libros, magnífica razonadora, naturalmente dotada para la argumentación y la polémica, cualidades que el colegio no hizo sino refinar con la frecuentación intelectual de los grandes autores franceses. ¡Cuánto aprendí de ella! Dábamos largas caminatas alrededor del colegio, yo le hablaba de Beethoven y de Musset, ella me instruía sobre las grandes corrientes del pensamiento político.

    A los diez años de edad la recuerdo ya preocupada por el conflicto árabe-israelí, por la revolución cubana, por la dictadura chilena, por la inequidad social, por las grandes encíclicas papales. Era un intelecto de primer orden. Una vez, en su casa: “¿Por qué no quitás la foto de ese viejo barbudo de la pared?” (Marx) “La quito, de acuerdo, si vos quitás el busto de ese viejo melenudo que tenés sobre el piano” (Beethoven). Por mí llegó a amar la música clásica, y si algo hay en mí de sensibilidad social y de conciencia política, se lo debo a ella.

    Pocos seres he tenido desde entonces tan cercanos a mi corazón. Y precisamente por no haber sido nunca novios ni cosa que se pareciera, nuestra amistad fue constante, estable: maduramos juntos. Éramos amigos en el sentido más puro de la palabra. Su temperamento contestatario y la firmeza de sus convicciones le acarrearon no pocas antipatías en la clase. Nunca le interesó ser reina de popularidad. Estaba muy por encima de eso. Decía lo que pensaba y lo hacía con la vehemencia y la pasión de la juventud. Una persona engagée, comprometida con sus ideas, con sus causas. Ardientemente idealista. Su rasgo más saliente: una desesperada sed de justicia social. Era su divina obsesión.

    Cuando, treinta años después de su muerte, la evocamos y juzgamos, tendemos a olvidar que al cometer el error de enrolarse en el terrorismo, no era más que una chiquilla de dieciocho años. Un tremendo, fatídico error que pagó con su vida. La vehemencia de la juventud es un arma de doble filo. Toda esa pasión mal encauzada, envenenada por ideologías perversas y almas inescrupulosas, puede convertirse en una terrible fuerza destructiva. Muchas razones convergieron para llevarla a tomar tan trágica decisión. Muchas. Alguna vez hablaremos de ellas. Son numerosos los responsables de este derrape moral: no quiero ni siquiera empezar a señalarlos por el momento. Pero lo haré: de eso no les quepa la menor duda, y me referiré específicamente a los que quedaron impunes, a los que salieron huyendo como cucarachas hasta que la tormenta se aplacase.

    Inocente. Nunca asesinó a nadie, nunca jaló el gatillo en la saturnal de la muerte del viernes 12 de julio de 1981, aun cuando, por supuesto, fue parte activa del evento incalificable de esa noche infausta. La prensa la satanizó. ¡Cómo olvidar las infames fotos alteradas gráficamente que la presentaban como la imagen misma del mal, y que tantos periódicos vendieron a la sazón! La encarcelaron en una celda de dos por dos metros. Abusaron sexualmente de ella. Una mañana, el cabo Bolaños asomó su metralleta por las rejas de la celda y le descerrajó doce disparos directo al cuerpo. Nunca la juzgaron: la ajusticiaron. A boca de jarro. Ejecutada como si de una bestia rabiosa se tratase. Sin escrúpulos, sin asco, sin remordimientos, sin piedad.

    Al cabo sí lo juzgaron. Su pena consistió en seis años de prisión purgados de la siguiente manera: el señor podía salir durante el día a pasear con su familia, irse de picnic, trabajar, estudiar, y pasaba las noches en la cárcel, donde, quién sabe, tal vez hasta jacuzzi, baño sauna y cama de agua tendría. A dos balazos por año, le salió el negocio, al cabito. Eso fue lo que dictaminó una juececita de mazapán, una hadita madrina salida del ballet El cascanueces. Nuestro corrupto, sobornable, inoperante sistema penal: entonces como ahora, la gran verguenza de nuestro triste país.

    “Decile a Jacques que me mande sus cuentos”, le pidió varias veces Viviana a su mamá, durante las dos semanas que pasó recluida. No se los envié. No entendí la magnitud de la tragedia. Yo creí que ella iba a salir, creí que todo se iba a enderezar, que aquello era una especie de pesadilla de la que inexorablemente habría de despertar. Era joven, e inconsciente, y estúpido. Te fallé, amiga, y no me lo perdono, no me lo perdonaré jamás. Te fallé en muchos frentes. El primero de todos: no haber olfateado –a pesar de los signos que me diste– el cepo mortal en que estabas prendida, y del que no sabías ya cómo escapar (¿qué otra cosa significaban tus furtivas, nerviosas visitas al conservatorio, tarde en la noche, cuando me pedías que tocara piano para vos, y era como si quisieras que te leyera la mente, como si imploraras mi ayuda sin atreverte a formular la angustia que te atenazaba?). Pero no te supe leer. Yo sentí que huías de algo, que buscabas la salida de una amenaza tremenda e inconfesable, pero no pude, no supe ayudarte.

    Quisiera poder pensar que ahora, desde alguna arcana dimensión del ser, puedes por fin leer mis cuentos y volver a oír mi música. Tal vez. Como dice Machado: “Vive, esperanza, ¡quién sabe lo que se traga la tierra!”. Por mis manos puedo jurarte –lo sabes– que no ha pasado un solo día desde tu asesinato en el que no te haya pensado, evocado, querido, y –sépalo el mundo– mi ternura por ti es imperecedera.

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  3. aedo 13-11-2016 en 11:39 am

    Que falta de memoria histórica, en la historia de la humanidad han habido muchas revoluciones y la mayoría (si no es que todas), han sido por medio de la violencia, así llegaron los burgueses al poder y así sostienen en capitalismo hoy en día. Ese tal Sagot lo que hace es difamar a Viviana.

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  4. Juan Francisco Hernández Delgado 26-06-2018 en 8:54 am

    Es falso que el Cabo Bolaños, como se le decía, gozara de esos privilegios como dice doña Lina Barrantes, sin ningún fundamento, por pura moda o snob supongo. Me correspondío hacer el Trabajo Comunal Universitario , Facultad de Derecho Universidad de Costa Rica, en la Reforma y se me asignó precisamente ayudar a que el Cabo Bolaños se le reconocieran uno de sus Derechos Humanos, no se le permitía visita conyugal, asunto que logré y cumplí, no tenía ni piscina, ni picnic, ni viajes a la playa ni ninguna que esas irresponsables manifestaciones que hace, y lo puede verificar revisando el expediente es cuestión de que para opinar investigue. Si bien no apruebo lo que hizo y sobre eso tengo el criterio que el me dío una vez que por curiosidad le pregunté, tampoco es dable mentir sobres sus condiciones carcelarias, ya que el trato que se le otorgó fue el que los reglamentos de la época indicaban, más con menoscabo del asunto supra citado que me toco, ayudar a que se le reconociera el tal derecho. La familia, sembró terror, muerte y fue un grupo delictivo como lo indica la nota. El mismo trato que recibó el Cabo Bolaños, lo recibieron miembros de estas células de maleantes terroristas que fueron juzgados y condenados, derecho a libertad condicional , etc… No justifico la muerte inocentes a manos de criminales de La Familia, esos fueron, ni tampoco la Viviana, que tenía todo el derecho del mundo a ser juzgada por los procedimientos del caso. Se ha querido hacer un mito santificando a estos grupos asesinos a mansalva La Familia, demos gracias que desaparecieron, nadie quiere vivir en un país asediado por el terror… por favor nos los santifiquemos, el Cabo cumplió la pena conforme a ley vigente a ese momento, en igualdad de condiciones con el resto de privados de libertad de la época.

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