Venezuela y el coronavirus

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El Sereno

Álvaro Campos Solís
campos.solis.alvaro@gmail.com

Alvaro Campos

Muy poco o nada hacemos en nuestra casa con adoptar toda clase de medidas de prevención contra el coronavirus, si el vecino no hace lo mismo. Eso es exactamente lo que están haciendo los gobiernos de América Latina, en particular los de América del Sur y organismos financieros internacionales al continuar patrocinando el aislamiento de Venezuela. Si en Venezuela no se para el contagio, tampoco los países vecinos podrán a alcanzar ese objetivo.

Literalmente todo el mundo habla delas formas del contagio de esa enfermedad. Resulta que Venezuela tiene más de cinco mil kilómetros de frontera que comparte con Colombia, Brasil y Guyana, incluso posee limites definidos de aéreas marinas y submarinas con Estados Unidos, a través de Puerto Rico e Islas Vírgenes. Ignorar esas realidades, en momentos de crisis mundial, resulta intransigente y absolutamente torpe. Ahora estamos frente a gobernantes imprudentes,lo cual complica aún más la situación.

Hablar a favor o en contra del Gobierno de Nicolás Maduro resulta riesgoso, cuando menos se expone uno a las críticas, debido a la crispación política que existe en torno a la situación venezolana.

Sin embargo, más importante que la crítica es el derecho a la vida que le asisten a esos 33 millones de venezolanos, al margen si apoyan a Maduro o a Guaidó. Y el derecho a la vida no creo que haya quien lo cuestione, por más encono que nos genere un país o un dirigente político. Además, de que, si en la casa de mi vecino se desata un incendio, mi casa también está en peligro.

Ese punto de vista debería tomarlo muy en cuenta la Organización Mundial de la Salud y los mismos organismos financieros multilaterales, si es que en verdad están preocupad por una pandemia que viaja por el mundo y mata sin piedad y sin distingos de ninguna naturaleza. Los políticos y los tecnócratas no deben ignorar que son candidatos al contagio. ¿Pensaran esos señores que su poder alcanza para pedirle a los venezolanos que no estornuden?

Recién ocurrió que el FMI le negó a ese país petrolero un préstamo por 500 millones de dólares, destinados precisamente para prevenir y combatir la pandemia. El argumento de los prestamistas fue que el Gobierno de Maduro no es legítimo. Hay una cuestión que es de sentido común: Maduro es solo un individuo, a quien mucha gente quiere y otros con igual intensidad aborrecen. Pero tanto, los que lo quieren como quienes odian a ese gobernante tiene derecho a la vida.

Es absurdo, entonces,que un organismo como el FMI y los gobiernos de países vecinos opten por el cierre de fronteras, como si el virus necesitara pasaporte para llevar su mensaje de muerte por todo el mundo. En algunos países de la América Latina en ciertos pueblos a la gente no se le puede enseñar a que se lave las manos, pues no disponen del agua suficiente.

Y aunque la información resulte increíble, el problema adquirió carta de presentación desde el momento en que los gobiernos le dieron preferencia al reforzamiento de sus ejércitos antes que brindarles alguna atención a las necesidades básicas de sus pueblos. Esa actitud responde a un viejo estilo de gobernar en la mayoría de los países de la región. La seguridad nacional primero, después la atención de los problemas sociales.

Los gobiernos de América Latina no pueden seguir aceptando sin chistar las órdenes emanadas de Washington, particularmente en un momento en que el país del Norte está gobernado por un presidente errático y mentiroso, como lo deja en evidencia todos los días la prensa de los Estados Unidos.

Supongamos que muere Nicolás Maduro, infectado por el virus. Significaría que su deceso conlleve la desaparición inmediata de la pandemia. El combate a esa enfermedad exige sensatez y seriedad, producto escaso entre los hombres y mujeres que hoy gobiernan los países de la América del Sur. Sin olvidar la política que sigue Washington contra el pueblo y gobierno del país petrolero.

La situacion venezolana

El periódico español, El País, reveló en su edición del domingo 22 de marzo que el colapso económico de esa nación sur americana multiplica la vulnerabilidad de la población frente a la pandemia

“El país afronta el coronavirus sin recursos y con un sistema sanitario empobrecido. El coste de una mascarilla, de uso obligatorio en público, equivale a un tercio del salario mínimo”.

No resulta difícil imaginar las condiciones extremas que imperan en la cuestión sanitaria venezolanas, si tomamos en cuenta las precarias condiciones que ese campo prevalecen en países ricos como España e Italia.

En Venezuela no hay mascarillas para el personal médico sanitario, mucho menos para la gente del pueblo. A ningún precio. Ni hablar de hospitales, camas y respiradores mecánicos.

Nicolás Maduro y Juan Guaidó han de morir cuando Dios quiera. La población venezolana, incluida la diáspora, que en el exilio es tratada según su condición económica, debe disponer de atención médico-hospitalaria urgente. Esa ayuda solo depende de la generosidad, solidaridad y sentido común de la comunidad internacional. De lo contrario, podemos dar por sentado que ese país y sus vecinos serian focos de infección permanente para el resto del mundo.

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