Valle de Sarentino: redescubriendo tradiciones en los Alpes italianos

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Por Larissa Loges (dpa)

Valle de Sarentino: redescubriendo tradiciones en los Alpes italianos
Un sendero pintoresco rodea el lago Durnholz, en el valle del Sarentino. Foto: Michael Lange/Tourismusverein Sarntal/dpa-mag

En Sarentino, un rincón de los Alpes italianos, la tradición sigue marcando el ritmo. Allí se siguen fabricando a mano las “Sarner Toppar”, unas zapatillas que destacan por su comodidad y calidez.

Pero “Toppar” no es precisamente una palabra amable. Antes se solía decir que los “sarner”, la gente de Sarnen (Sarentino), “estaba cinco años atrasada”, cuenta Albert Unterweger, el propietario de la fábrica homónima donde se confeccionan de forma tradicional chaquetas y zapatillas de lana típica de esta región del Alto Adigio.

De hecho, la fábrica Unterweger casi parece moderna y eso a pesar de que algunas máquinas son viejas. Una de ellas es “tan vieja como mi papá”, asegura el empresario Albert Unterweger. Su padre Josef tiene 85 años y fue él quien fundó la fábrica en 1968. Él empezó en un momento en que todos los demás dejaban de tejer a mano.

“Sostenibilidad” es uno de los conceptos clave que Albert Unterweger no deja de usar en relación con su negocio. Este hombre de 46 años explica pacientemente cómo crea una de las prendas clásicas de su repertorio: la chaqueta Sarner Jangger.

Pero también usa esa misma materia prima para ampliar su repertorio y confeccionar alfombras, cojines y otros productos que se convierten en populares recuerdos para los turista.

Lana de ovejas autóctonas

La lana de oveja de todos los colores sobresale de los sacos llenos y antes que nada se clasifica. Se hace “según el color, la finura, la longitud, la raza, para que los lotes sean lo más uniformes posible”, explica el empresario y artesano.

Luego se lava, a 20 ó 25 grados en una cubeta de acero y seguidamente se introduce en un aparato que podría parecer una centrifugadora de ensaladas de gran tamaño para su secado. Los marcos de secado rectangulares que han construido ellos mismos en la fábrica eliminan la humedad residual. Además, el viento seco de la montaña ayuda.

Unterweger recoge un manojo de lana de uno de esos marcos y muestra su agradable tacto, ligeramente aceitoso. Apenas queda rastro de olor de oveja. “Nuestro proceso de lavado deja un poco de grasa residual en la lana, que es buena su procesamiento”, es decir, para peinar, hilar, tejer y coser esa lana.

Este empresario de la región de Bolzano, casi en la frontera con Austria, está orgulloso de sus productos. La materia prima es tratada de forma que conserva sus buenas propiedades. “La lana es un regalo”, afirma Unterweger, desde cuya fábrica se pueden ver los prados y bosques alpinos del Trentino/Alto Adigio.

Él sigue contando únicamente con ovejas de la zona. “Nuestra lana nos llega de la montaña. Va de la tienda al cliente. Mientras haya gente que se dé cuenta de eso, seguiremos pudiendo hacerlo”, explica el también padre de familia.

Este negocio, agrega, es un pequeño nicho “en el que nos sentimos cómodos”. Así, la chaqueta “Sarner Jangger” ha mantenido su corte y modelo tradicional pese a las modas y el paso de los años.

Los beneficios del aceite esencial del pino de montaña

Otros de los productos realmente naturales de la zona son los aceites esenciales de la empresa familiar Eschgfeller.

El pino de montaña, el pino blanco, el alerce, el abeto, el enebro, el pino piñonero suizo y el abeto plateado se presentan aquí en botellas y frascos tras un proceso de destilación. Toda la elaboración de este aceite cien por cien natural y certificado como orgánico también se puede visitar.

La familia exporta anualmente 2.000 litros de aceites a Alemania y Austria. Una parte se vende localmente y se utiliza en el área de bienestar de su propio negocio.

Además de los servicios clásicos como la sauna privada, los masajes, la depilación o los peelings, también está disponible el “Original Sarntaler Latschenkiefernbad” (baño original de Sarentino con aceite de pino de montaña).

Ataviada con un tridente de heno y botas de goma, Christine Eschgfeller no parece una esteticista convencional. Atiende a sus clientes para este baño en un lugar al aire libre, donde les coloca el material restante de la quema de aceite de pino de montaña.

Esta acogedora cama se confecciona con agujas de pino, ramitas y trozos de madera calentadas al vapor y su temperatura está entre los 50 ó 60 grados.

El aroma que desprende este singular baño evoca la canela fresca y el tabaco oriental picante. Además se realiza en un lugar desde donde se contemplan las crestas de las montañas nevadas y los exuberantes prados verdes. De rumor de fondo se escucha el torrente del agua.

Una masajista entrenada acaricia suavemente la cara del cliente con un paño húmedo. Así se practica el bienestar natural en Sarentino.

Antiguamente el trabajo era muy duro

“Mis suegros comenzaron hace 50 años. En aquella época las destilerías eran ambulantes. Se destilaba en los pastos en la alta montaña. Los hombres trabajaban cortando en la cima los pinos de montaña, llenaban los calderos y destilaban”, explica Christine Eschgfeller.

Era un trabajo laborioso, después del cual con los pinos de montaña que habían calentado en el horno curaban sus maltratadas espaldas. “En aquella época había que levantarse cada dos horas por la noche para mantener vivo el fuego. Hoy se realiza de forma automática”, señala.

El trabajo en la montaña más allá de donde termina el bosque, a una altitud de 1.800 a 2.300 metros, sigue siendo un verdadero trabajo manual con sierra y hacha, agrega Eschgfeller. La tala se hace en estrecha colaboración con el departamento de silvicultura.

“Crecen más pinos de montaña que los que cosechamos”, señala. Esto se debe al suelo ácido de origen volcánico. “Tenemos 3.000 hectáreas de pinos de montaña en el valle del Sarentino, 6.000 en todo el Alto Adigio”, insiste esta mujer, cuyo suegro fue el primero en llevar la destilería al valle. “Fue mi suegra la que desarrolló el baño de pino de montaña”, apunta.

El baño termina con la masajista “arrancando” al cliente de su placidez. Le insta a quitarse la toalla, la ropa interior y le rocía con agua fría con gas, para después enviarlo a la sala de descanso a fin de concluir con la relajación final.

Rutas de senderismo en el valle de Sarentino

Tanta relajación hace que uno esté en forma para la montaña y siempre siguiendo la huella de los pinos de la montaña se pueden hacer excursiones.

En el valle de Sarentino se puede tomar el teleférico, que lleva desde Reinswald hasta la estación de montaña de Pichlberg, a 2.130 metros de altura.

Allí se encuentra el punto de partida del Urlesteig, que forma parte de la red de 500km de senderos en los Alpes sarentinos, donde se puede caminar entre bosques de pino de montaña, arroyos, estanques de frías aguas glaciares que pueden ser atravesados en balsa, y bosques laberínticos.

El camino circular alrededor del lago Durnholz es además adecuado para caminatas en familia y ofrece naturaleza pura con vistas a la iglesia y a los idílicos prados alpinos.

Pero también se puede emprender una marcha hacia el refugio de Sarner, una cabaña de esquí situada a 1.618 metros sobre el nivel del mar.

Desde el punto más alto de Grosse Reisch, una cima de montaña de unos 2.000 metros de altura, se puede admirar un verdadero ejército de figuras de piedra, conocidos como “stoanerne mandlen” u “ometti di pietra”. Además el esfuerzo se compensa por las impresionantes vistas sobre las Dolomitas.

Menos alpina pero igual de variada es la ruta Sagenweg, en Aberstückl. Los alumnos de la escuela primaria local han diseñado este sendero junto con la autoridad forestal y la asociación de turismo.

Se trata de un conjunto de caminos estrechos, pastos, puentes de madera, cascadas, campos de grava jalonados por estaciones decoradas con mucho mimo e imaginación para hacer justicia a un rico mundo de leyendas regionales.

El único inconveniente es que llegar a la zona resulta un poco complicado: Una vez que se llega al centro de Aberstückl, el Legend Trail comienza en la séptima curva después de continuar por la Aberstückler Höfestraße. Además, cuesta bastante encontrar un lugar donde aparcar el coche.

Una artesanía muy especial

De vuelta en el valle, un pavo real marca su territorio en una de las muchas y pintorescas granjas de la región. Las plumas de pavo real son la materia prima para otro comercio tradicional en el Valle de Sarentino.

Ulrich Thaler, que se dedica a coser plumas, acaricia holgadamente un manojo de plumas en el sótano de la granja familiar. “En julio y agosto el pavo real pierde sus plumas, entonces nosotros o los granjeros venimos a recogerlas”, explica. Las plumas utilizadas son de 80 a 90 centímetros de largo o más. No se emplea el hermoso verde-azul iridiscente, sino la parte inferior.

El 50 por ciento de las plumas usadas provienen de granjas del Alto Adigio, el resto de parques de animales o granjas de pavos reales, informa Thaler, quien en un trabajo de precisión, casi contemplativo, realiza de seis a ocho hilos de bordado partiendo las plumas.

Luego se bordan a través de agujeros previamente perforados con un punzón puntiagudo para crear motivos de filigrana en piel de vaca y productos elaborados con piel de becerro.

Cinturones tradicionales a precio de un coche pequeño

“El arte de la costura con pluma ha existido desde hace unos 250 años. Seguimos teniendo la misma técnica de trabajo de entonces”, explica Thaler.

El aprendizaje dura de cuatro a cinco años relata, mientras muestra un cinturón de un traje tradicional bordado opulentamente. “Cien horas de trabajo. Vale unos 5.000 euros. Si lo bordamos elaboradamente, puede ser el precio de un coche pequeño”, agrega.

Tales cinturones son símbolos de estatus y reliquias. Tanto estos objetos como también los tirantes finamente bordados son productos que encargan sobre todo clubes de tiro, grupos de música y asociaciones de trajes tradicionales.

Los patrones tradicionales, siempre recién interpretados, garantizan piezas únicas. El tiempo de entrega de estas joyas por supuesto no puede ser corto: dos años.

Los pedidos para el segundo sector principal de cosedoras de plumas son más rápidos. Las carteras personalizadas o los llaveros tardan unas ocho semanas.

“Nuestro oficio casi no necesita máquinas. Solo buena luz”, enfatiza Thaler. Una experimentada cosedora de plumas hace alrededor de 1.500 puntadas al día. Es un trabajo duro.

“Un valle trabajador con gente trabajadora”. Así es como el tejedor artesano Albert Unterweger describe su hogar de 7.000 habitantes, la comunidad más grande del Alto Adigio, que en términos de superficie es tan grande como Malta.

El aislamiento geográfico del Valle del Sarentino ha hecho obviamente que sus habitantes sean inventivos y que en las casas se saliese adelante con los recursos a mano, algo de lo que las familias de hoy en día pueden aprender y que actualmente se llama sostenibilidad.

Información: Valle del Sarentino

Destino: El Valle del Sarentino es un valle alpino de aproximadamente 45 kilómetros de largo en el Alto Adigio, entre el Penser Joch y la ciudad de Bolzano. Se encuentra en los Alpes sarentinos.

dpa


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