Urge ayudar a Nicaragua

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El Sereno

Álvaro Campos Solís
campos.solis.alvaro@gmail.com

Alvaro Campos

Las naciones del mundo entero y nuestro país en particular deben acudir de manera urgente con ayuda a Nicaragua, ahora bajo el azote de la pandemia del coronavirus, lo cual ha agravado los problemas económicos del vecino país. En nuestro caso es preciso ayudar al vecino por dos razones: solidaridad y conveniencia. El gobierno del presidente Carlos Alvarado no debe, y creo que no puede, mantener indefinidamente contingentes de policías en la frontera norte, esperando nicaragüenses desesperados, posiblemente enfermos, para devolverlos a su patria. Tampoco los costarricenses podemos darnos por satisfechos al conocer información manipulada sobre el número de contagios y muertos que saturan hospitales y cementerios de la nación pinolera.El riesgo es brutal. La Universidad Johns Hopkins sitúa en 55 el número de muertos en la nación de los lagos.

Las cifras que ofrece el gobierno de Daniel Ortega carecen de precisión, ya que por razones políticas prefiere hablar de “neumonía atípica”. Si embargo, existen sospechas fundadas de que la pandemia está causando estragos en la población, razón por la cual numerosos nicaragüenses buscan asistencia sanitaria en nuestro país. La razón es muy sencilla: ellos no disponen de una infraestructura sanitaria como la que cuenta nuestro país.

En consecuencia, es hora de que los gobiernos de la región, en particular los de San José y Managua, toquen las puertas de la comunidad internacional, pues el problema le atañe por igual al que vive cerca o lejos donde se presenta un foco de la pandemia. Podrían valorar la posibilidad de solicitarle al gobierno de República Popular China la instalación en Managua de un hospital con personal capacitado y el equipo necesario para combatir al covid 19, convertido ahora en un enemigo común de la humanidad. China dispone de los recursos y suponemos que su gobierno también tiene voluntad para ayudar a otros pueblos.

En estos momentos Estados Unidos y Rusia no son opción para buscar algún grado de colaboración, toda vez que el covid 19 ha golpeado sin piedad a esas dos naciones y en el caso del gobierno de Washington la crispación social y política alcanza dimensiones mundiales. Allí el problema racial es como otra pandemia. Además, es poco posible que Trump quisiera tenderle una mano a Ortega.

A los costarricenses nos corresponde pensar en la suerte de los compatriotas que habitan la zona norte de nuestro país. Ellos están a un brinco de las principales ciudades del sur nicaragüense. Ciertamente, el contagio no está determinado por la distancia entre un país y otro, pero el peligro es latente.

Recordemos que la pandemia empezó en una ciudad lejana de la milenaria China. El virus rápidamente se extendió por todo el planeta llenado de muertos y pobreza a países que hasta ese momento eran considerados grandes y ricos. Nadie ha podido explicar aun por qué razón algunas naciones han sido castigadas de manera tan especialmente dura, tal es el caso de Estados Unidos, Rusia, España, Italia, así como Brasil, Perú y México. ¿Qué pasaría si los países centroamericanos se convierten en el nuevo epicentro de la pandemia?

Creo que en las circunstancias actuales no hay espacio para debatir sobre cuestiones ideológicas hasta caer en planteamiento tan absurdos como si la responsabilidad de la pandemia en Nicaragua es del presidente Ortega y su esposa, Rosario Murillo. Por supuesto que han cometido errores monumentales, igual que otros gobiernos, pues la gente terca aparece en todas partes. Veamos lo que ha ocurrido en México, Brasil, Suecia y los Estados Unidos.

El presidente mexicano empezó mostrando estampitas de santos y oraciones que eran, en su opinión, conjuros contra la enfermedad. Miles de muertos. El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, destituyó a dos ministros de salud como castigo por promover el distanciamiento social y el confinamiento familiar. El mismo presidente, que en algún momento llamó al covid19 “simple gripecilla” sigue desafiando las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud. Resultado. Miles de muertos.

Un caso muy singular es el de Suecia. Su gobierno, en aras de proteger la economía y la libertad decidió no imponer medidas sanitarias. Sus autoridades dijeron que el pueblo era lo suficientemente inteligente como para protegerse por sí mismo. Resultado 4.500 muertos y 42 mil contagios.

En los Estados Unidos, en los últimos cuatro meses y como consecuencia de la pandemia, han perdido la vida 110 mil personas. El número de contagios supera los dos millones. Ciertamente el primero en restarle importancia a la pandemia fue el propio presidente Trump, quien fue advertido del problema a principios de enero, según el gobierno de Beijing.

Por último, de bien nacido es ser agradecido, dice el refrán. No olvidemos la solidaridad internacional, en particular la que provino de Nicaragua, cuando el 22 de abril de 1991 un terremoto sacudió la Provincia de Limón. Como consecuencia de aquella sacudida, 49 personas perdieron la vida, se registraron casi 700 heridos y las púrdidas en infraestructura fueron multimillonarias. La colaboración del ejército de Nicaragua fue determinante para sacar de las montañas de la Zona Atlántica, mediante el uso de helicópteros militares, a numerosos heridos y damnificados. En el esfuerzo humanitario también fue extraordinaria la colaboración de los gobiernos de México, Panamá y Venezuela.

Es evidente que ante la adversidad se impone la solidaridad y la sensatez. Solos no podemos

Los costarricenses no debemos perder de vista que nuestro desarrollo económico y social está íntimamente vinculado al progreso de Nicaragua. Se trata de un país que nos dobla en su tamaño, con inmensas riquezas en el subsuelo, extraordinarias bellezas escénicas que atraen al turismo mundial, además de la fertilidad de sus tierras que podrían convertirla en el granero de la región.

Ojalá que algún día, en el menor tiempo posible, los dos países exhiban políticos visionarios y pragmáticos, capaces de encender, juntos, los motores del desarrollo de Centro América. Entonces no habrá espacio para políticos con visión de corto plazo. Esa podría ser una herencia del covid 19, al menos en Centro América.

El problema de ese país a lo largo de décadas y centurias ha sido el caudillismo en el que aparecen dictaduras impuestas por la potencia regional, guerrilleros con mentalidad mesiánica metidos a gobernantes, políticos inescrupulosos que buscan como aumentar sus fortunas o como debilitar las relaciones entre los dos países con el argumento de los derechos de navegación de Costa Rica sobre el Río San Juan. La soberanía sobre ese río se convertía, ocasionalmente, en excusa para entretener a su población, hasta que ambas naciones terminaban gastando dinero que no tenían en cortes internacionales.

Como si lo anterior fuera poco, también soporta el peso de un ejercito con generales que se consideran émulos de Erwin Rommel, Douglas Mac Arthur y George Patton, además de una élite empresarial,así como familias con tradición política que procuran cogobernar. Esas mismas élites,en sus ansias por alcanzar el poder,también ponen su granito de arena para que haya más inestabilidad. El resultado: organizaciones no gubernamentales estiman que este año la tasa de pobreza alcanzara al 35 por ciento de la población, lo que en números absolutos significa más sacrificios para 2 millones 400 mil personas. Lo más grave de todo es que no hay para donde migrar.

Numerosos países, en todo el mundo, se han convertido en una especie de ratoneras: no hay para donde escapar.

El día que surjan líderes auténticos en la vecina nación, la porosa frontera tico nicaragüense dejará de ser el paso clandestino para ese paisa que, con una mochila a la espalda, en la que guarda una mudada y una botella con agua, llega a nuestro territorio en busca de salud, comida y trabajo. Un pobre buscando la ayuda de otro pobre. El cuadro es similar al de aquel ciego que pretendía ayudarle a otro ciego a cruzar la calle.

Sería oportuno que el presidente Alvarado y su canciller se enteren de lo que piensa este ciudadano de a pie. Espero que muchas personas habrán de compartir mi preocupación.

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