Una relación fake entre AMLO y Trump

Jorge Santibáñez *

AMLO-Trump

A juzgar por los hechos, Andrés Manuel López Obrador sigue dos premisas que considera le evitarán cometer los errores de otros presidentes latinoamericanos como Hugo Chávez, Nicolás Maduro o Evo Morales –que, nos guste o no, son a los que más se parece el Presidente mexicano–. Simplificando en exceso, estas son: no pelearse por ningún motivo, con el gobierno de Estados Unidos y no enfrentarse con los grandes empresarios.

Sé que la expresión resulta aventurada y no poseo información confidencial que me permita demostrar lo que digo, más allá de las propias declaraciones de AMLO y la observación de sus acciones. En el tema de los grandes empresarios basta ver con quién se reúne, toma grandes acuerdos, a quién consiente, llama a invertir, y lo que encontramos es exactamente a los mismos empresarios de los sexenios anteriores. Creo que eso es bueno porque le da estabilidad al país, aunque el tema que me preocupa más es el de la relación con el gobierno de Estados Unidos, sobre todo porque lo encabeza Donald Trump y porque se está construyendo una relación ficticia.

De la mano de su canciller, AMLO ha construido una relación con Donald Trump que no es sustentable y que si como parece o es probable, Trump deja de ser presidente el año próximo, costará mucho trabajo reconstruir y quitarse la sombra de haber cedido en todo con el actual presidente estadunidense. Una relación reactiva ante amenazas.

Primero se nos vendió la idea de que aprobar el T-MEC (nombre que sólo usa México), sólo aprobarlo, sería una gran victoria. Con funcionarios del gobierno mexicano anterior y actual se inició una pomposa negociación para construir un nuevo acuerdo que detuviera las amenazas vía Twitter de Trump de salirse del TLCAN; sin embargo, actualmente, leyendo con más detalle su contenido resulta que es muy inconveniente y no beneficia a México. Todo eso ya se sabía, en este mismo espacio se alertó sobre la ilusión óptica de que la firma, por ella misma, ya era buena para México, pero faltaba la intervención de los demócratas y de los sindicatos. Era evidente que a Trump le movía proteger a sus trabajadores contra la competencia de México y su mano de obra barata y dócil y a sus proveedores de materias primas.

Los demócratas, en manos de quien está la aprobación en el congreso estadunidense, dijeron hace meses con toda claridad que una reforma laboral de papel no era suficiente y que querían mecanismos de verificación. Hoy nos vemos obligados a decir que no se aceptarán supervisiones en territorio mexicano o mecanismos duros de vigilancia, cuando se sabía que eso es lo que quería y quiere Estados Unidos. Se pensó más en el logro de corto plazo y el resultado es fatal. Se cedió todo a cambio de un acuerdo que ya nadie garantiza que llegará o cómo llegará. Lo más probable es que el congreso apruebe mecanismos de vigilancia in situ de las regulaciones laborales mexicanas. A ver con qué sale el canciller y los senadores que ya dijeron que eso no se permitiría. Se les advirtió.

El segundo tema que ejemplifica esta subordinación disfrazada de política exterior es el control de los flujos de centroamericanos. Para satisfacer el discurso de Donald Trump, México dio un giro de 180 grados en una incipiente y mal aplicada política migratoria para pasar a una política de contención igual de mala o peor que la que habían aplicado gobiernos anteriores. Y todo ello a cambio de que Trump no impusiera aranceles a las importaciones mexicanas, medida que anunció en Twitter.

Los mexicanos seguimos sin saber qué se obtiene a cambio. Hasta ahora lo único que hemos obtenido es que no se haga lo que se anuncia en Twitter o en entrevistas. Pero eso no permite construir una relación. La última es no declarar a los integrantes del crimen organizado como terroristas. Del crimen que cometieron estas organizaciones sobre la familia Le Barón ya nadie habla. AMLO decidió envolverse en la bandera nacional y exigir que eso no pase porque alguien lo convenció de que lo que seguiría es una invasión. Trump sigue el juego y declara que como atención a su amigo no lo hará… por lo pronto. Una vez más, creo que AMLO se equivoca. El mensaje debió haber sido: claro que son terroristas y vamos a combatirlos juntos.

A pesar de las apariencias, la relación entre los gobiernos de México y Estados Unidos pasa por uno de sus peores momentos. A los caprichos de Trump se reacciona con la cesión de soberanía que se presenta como el gran éxito diplomático y lo más preocupante es que no sientan las bases para un futuro sin Donald Trump. Se opta por ceder en todo porque total en México no tiene costos políticos y las oposiciones las matamos en una mañanera.

* Presidente de Mexa Institute (www.mexainstitute.org), organización independiente, apartidista y sin fines de lucro que estudia el papel de las comunidades de origen mexicano e hispano en Estados Unidos. Artículo en La Jornada de México.


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