Una noticia alarmante

…¿Y usted qué opina?

Fernando Berrocal

Fernando Berrocal Soto

Todas las noticias de sucesos y sobre la criminalidad y el narcotráfico en el país son peligrosas y deben volverse objeto de seria preocupación ciudadana.

Pero la noticia de que la patrulla oficial del Jefe de la Fuerza Pública de Alajuela, parqueada en la cochera de su casa, en La Garita, fue baleada desde una motocicleta en horas de la madrugada, hace unos días, resulta alarmante, por el mensaje que lleva implícito. Es un mensaje de advertencia y de que, en cualquier momento, la delincuencia y el narcotráfico atentarán contra la vida de un oficial de alto rango de la Fuerza Pública a menos que deje de cumplir con su deber y obligaciones policiales en la zona de Alajuela.

No voy a relatar hechos del pasado, cuando incluso la protección del entonces Ministro de Seguridad Pública fue asumida con refuerzos de una agencia policial de otro país, ante la eminencia de un atentado de los carteles colombianos que habían puesto un precio a su cabeza, pero sí voy a decir que la noticia sobre esta balacera de madrugada contra el auto oficial de un Jefe Policial es alarmante, en el contexto de la grave crisis de criminalidad y violencia que vive Costa Rica, cuyo principal motor es el narcotráfico de pulpería y a domicilio en todo el territorio nacional, como una verdadera epidemia y un fuego expansivo de gravísima criminalidad en las calles.

Este es un hecho alarmante y a quien más debe preocupar es al ministro Michael Soto, de Seguridad Pública, y al Comisario Calderón como capaz y bien formado Director General de la Fuerza Pública. La noticia es más que crítica y obliga al Gobierno de la República a definir y accionar un plan integral de lucha contra la criminalidad, en varios frentes y no solo en el policial, para evitar transformarnos en otro país más de Centroamérica, con todas las consecuencias que eso tiene para el desarrollo y el progreso de Costa Rica.

A este país hay que cuidarlo. No podemos perder nuestra identidad nacional en manos de bandas armadas de delincuentes y narcotraficantes.

Ni siquiera nos ponemos de acuerdo en asuntos tan simples como que los motociclistas se identifiquen con un chaleco numerado o en prohibir en ciertas zonas urbanas comerciales específicas y a determinadas horas que dos personas viajen en una motocicleta y tenemos, obligatoriamente, que ponernos de acuerdo en las grandes decisiones de coordinación y líneas de mando, siempre pospuestas, sobre cómo mejorar la eficiencia y las acciones de la Fuerza Pública, Policías Municipales y otros cuerpos de policía, coordinando por ley y obligatoriamente las líneas de decisión y jerarquía, los programas conjuntos de acción y las fundamentales relaciones operativas entre las funciones de prevención a cargo de estos cuerpos policiales y las típicamente represivas del OIJ y la Fiscalía General. Es tiempo de acción.

La batalla por el país no la pueden ganar los delincuentes y el narcotráfico.

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