Una fiesta para Epsy

Desde La Mina 2.0

Mauricio Castro Salazar
mauricio.castro.salazar@gmail.com

Mauricio Castro

Entre la última semana de abril y la primera de mayo, cerca de 120 altos cargos dejaron sus puestos: diputados, ministros, viceministros, oficiales mayores, presidentes ejecutivos y como consecuencia, 120 altos cargos asumieron posesiones.

Hubo montones de fiestas de despedida y montones de fiestas de bienvenida. A ninguna fui invitado, pero sé de varias que se organizaron. Las hubo en restaurantes, en hoteles, en fincas, en quintas y en casas. Fiestas, simples fiestas.

Hubo reuniones de familia y de amigos en las que un domingo por la tarde, a la hora del café, compartieron con su gente que se iba del Gobierno o que entraba, hubo otras más ampliadas y otras más espléndidas, y hasta dicen por ahí que hubo en las que se comió y se bebió hasta el amanecer.

No me imagino a alguno de los homenajeados pidiendo facturas y recibos para ver quién y cómo se pagó la fiesta. No me imagino tampoco al homenajeado haciendo sumas y divisiones para pagar la cuenta y repartiéndola entre los presentes y excluyendo —por posibles acusaciones de enriquecimiento ilícito— a aquel o a aquella, incluidos dentro de sus amigos.
Si me imagino la reacción si estas fiestas hubieran sido para homenajear a liberacionistas…, los PAC’s lovers los hubieran destrozado, no como ahora que salen como Caballeros del Temple a defender el derecho a las fiestas (con las que yo estoy de acuerdo dicho sea de paso); pero ya madurarán, “les falta palo” —hubiera dicho mi abuela Luz).

Deben haber habido no menos de 100 celebraciones, pero la prensa se ensañó con una. Una de 100. Y, ¡qué casualidad!, con la de una mujer, con la de una afroamericana (la primera en nuestro país en un puesto verdaderamente alto).
¿Misoginia? ¿racismo?¿los dos? ¿simple casualidad? Vaya usted a saber…

Yo en mi casa en La Mina, en Santa Ana, estoy convencido que debería haber un presupuesto especial en el Estado para organizar fiestas para todos aquellos que acepten un cargo público: se van a sacrificar por todos nosotros y les van a exhibir sus vidas en una vitrina y en las redes sociales.

¡Hay que agradecerlos y celebrárselos con bombos y platillos, con buena comida, mucha bebida y mucha música! No ven que después a muchos la gente no les quiere dar ni la hora, o cuando los ven se cambian de acera o vuelven a ver para otro lado.

Ah…y a Epsy, déjenla trabajar. No ha ni empezado y ya le empiezan a dar palo. No se vale.

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