Un virus que cambia al mundo

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El Sereno

Álvaro Campos Solís
campos.solis.alvaro@gmail.com

Alvaro Campos

¿Se impondrá este virus sobre las guerras? ¿Regresarán los soldados a sus hogares? El soldado esta entrenado para matar al enemigo, mas no para contagiar a su familia.

Además de la conmoción mundial por el coronavirus, esa pandemia que hasta el momento ha matado a unas seis mil personas, infectado a miles, cerrado fronteras, pueblos sometidos al confinamiento y que ahora amenaza con quebrarle el espinazo a la economía mundial, trae aparejado cambios increíbles y por lo tanto difíciles de imaginar.

Uno de los cambios de mayor trascendencia es el fortalecimiento de la unidad familiar, pues serán muy pocos quienes se atrevan a desafiar las recomendaciones de las autoridades sanitarias, sabiendo que si contraes el virus te conviertes en paciente de hospital o, eventualmente, en nuevo inquilino del cementerio.

Otro de los cambios ha ocurrido en las grandes urbes con la significativa reducción de la contaminación atmosférica que hasta hace pocas semanas asfixiaba a numerosas ciudades en diversas partes del mundo, empezando por Beijín y Shanghái, en la República Popular China.

Como los cambios en todos los órdenes están a la orden del día, valdría la pena preguntarse qué va a ocurrir con las guerras, en las cuales intervienen las principales potencias militares y económicas del mundo. Estados Unidos, Rusia y la República Popular China.

Que papel puede jugar el soldado en una crisis en la cual resulta vital la intervención de los científicos, médicos y enfermeras. El militar solo espera el regreso a casa, pero nadie le puede garantizar su inmunidad ante el coronavirus. En tal caso el soldado se puede convertir en un portador potencial del virus y puede ocurrir que la sociedad y hasta su propia familia lo rechace. Se impone el instinto de sobrevivencia.

Tales preguntas tienen relevancia si tomamos en cuenta que solamente Estados Unidos tiene 800 bases militares en todo el mundo, de las cuales 80 están en América Latina. Al mismo tiempo esa misma nación esta involucrada en numerosos conflictos armados en las que participan miles y miles de tropas.

Rusia, por su parte, tiene miles de tropas en toda su zona de influencia, en algunos casos compartiendo espacio e inteligencia con el ejercito norteamericano.

¿Será posible que por obra de un virus el mundo se vea libre de las guerras? ¿O se impondrá la terquedad de aquellos que han convertido las guerras en su modus vivendi, en este caso con el riesgo de infectar a su propio país? ¿Cabe la posibilidad de que oficiales y soldados, ante un peligro inminente, frente al cual las armas de guerra no sirven para nada, opten por desertar? ¿O se impondrá el consejo de guerra que castiga con la cárcel y hasta el fusilamiento?

Un nuevo espacio para la guerra

Cuando los picos de los focos de infección van bajando y la razón desplaza al pánico, los pueblos de la mano de sus gobiernos tendrán que abocarse a la recomposición económica y social. Ahora el mundo entero espera que pase la tempestad, venga la calma y que de inmediato se inicie el proceso de recuperación.

Será una obra de titanes recomponer la economía, lo cual requiere encender nuevamente los motores del desarrollo, responsabilidad que corresponde a gobiernos, empresarios y trabajadores. Mientras tanto, la totalidad de los habitantes del planeta esperan que la comunidad científica logre descubrir la vacuna contra el virus y que la experiencia acumulada obre un milagro: que la vacuna no traiga el sello de la especulación y el enriquecimiento del sector farmacéutico.

Resulta difícil imaginar cómo podrán recuperarse millones de trabajadores que de la noche a la mañana perdieron la estabilidad laboral y su principal fuente de ingresos. También habrá que tener en cuenta la actitud que asuman los sectores productivos y exportadores, así como el turismo, sin olvidar a los empresarios y promotores de actividades masivas, conciertos y exhibiciones deportivas.

Los expertos tendrán que analizar los traumas en el sector financiero, luego de las violentas caídas que sufrieron las principales bolsas de valores en las principales capitales del mundo. Sera acaso que habrá disminuido el número de ricos y en consecuencia habrá aumentado el número de gente pobre o de clase media?

Los cambios que se avecinan

En primer lugar, el coronavirus podría dejarnos como herencia cambios en las relaciones del poder mundial. Naciones que se verán obligadas a abandonar su condición de “país del primer mundo” para asumir la condición de país emergente.

¿Cuál será la capacidad de maniobra de los organismos financieros internacionales para cobrar la deuda contraída por los países pobres, ahora más pobres que antes?

En qué medida esta crisis mundial podría influir en los resultados electorales en comicios tan importantes como los de Estados Unidos, previstos para el próximo mes de noviembre.

Ahora si es cierto que asistimos, como testigos de excepción, a profundos cambios en el mundo entero, aunque no podamos prever en qué medida nos afectará. Esperemos que sea para bien.

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– Periodista


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