Un pueblo en silencio

El Sereno

Álvaro Campos Solís
campos.solis.alvaro@gmail.com

Alvaro Campos

El hecho de que un 49 por ciento de los electores no se haya decidido por un candidato y ni siquiera esté seguro de si concurrirá a las urnas, significa que la mitad de nuestra población guarda silencio frente al desarrollo de la campaña electoral. Ese silencio dice mucho, pues a la larga constituye un gesto de protesta que la clase política y la elite económica prefieren no analizar. Puede ser que el silencio y el cansancio hayan encontrado su parentesco.

De los 25 candidatos a la presidencia de la república, al menos cinco de ellos se tocan y se sienten como el gobernante que a partir del 8 de mayo conducirá los destinos de nuestro país. ¡Cuidado con ese triunfalismo! Todos saben que, de esos cinco, a cuatro de ellos se les quemará el pan cuando va saliendo del horno.

La impresión es que ninguno de los que ahora aparecen como favoritos, no para ganar el próximo 6 de enero, sino para ir a segunda ronda, ha considerado dos cuestiones esenciales. Ellos ya tocaron techo. Los otros que les siguen en las encuestas tiene la opción de rescatar parte de ese 49 por ciento de indecisos, según la encuesta del pasado miércoles del Instituto de Estudios Sociales en Población de la Universidad Nacional. Cualquiera de ellos podría dar la sorpresa del año.

Por cierto. Esa encuesta ofrece datos muy reveladores. 

“Los indecisos siguen siendo el grupo más grande con un porcentaje de 49%.

Entre las características principales de las personas encuestadas indican que en el grupo de personas que votaría por Figueres y Alvarado el nivel de escolaridad es de primaria completa o menos.

Mientras que en el grupo que votaría por Saborío el nivel de escolaridad es de secundaria, y los que votarían por Villalta y Chaves tienen educación universitaria.

Otro dato que revela el estudio es que en el caso de Chaves el apoyo con el que cuenta el porcentaje mayor es de hombres, mientras los otros candidatos mantienen porcentajes similares de apoyo entre hombres y mujeres”.
El nivel de escolaridad y el apoyo a determinados candidatos resulta una cuestión de la mayor importancia, máxime si se toma en cuenta el analfabetismo y semi analfabetismo que prevalece en esos grupos de población.

Los candidatos que encabezan las encuestas: José María Figueres, Lineth Saborío, Fabricio Alvarado, José María Villalta y Rodrigo Chaves, así como a sus estrategas de campana, bien harían en analizar ese silencio que guarda el pueblo y que al final puede resultar muy revelador.

Una cuestión que hasta el momento no se ha dicho, ni siquiera los mismos candidatos lo han mencionado, es el miedo que padece un importante sector del electorado. Tiene miedo a los extremismos, en particular a las posturas extremas de Fabricio Alvarado.

Y es que el candidato de Nueva República, Fabricio Alvarado, se ha convertido en una versión criolla del partido Republicano de los Estados Unidos y de su líder el ex presidente Donald Trump.

Por lo visto ningún candidato se ha preocupado por hablarle claro al pueblo. Los debates se han convertido en una especie de reunión de amigos y no de contendores en busca de la verdad, en un marco respetuoso y sin temores. Los debates son con guantes de seda. Esa actitud siembra mas temor o mayor silencio entre los electores. En ultima instancia surge la desconfianza.

Insisto en que la campana y los debates debieron ser, desde el principio, un colador, una criba, que permitiera mostrar lo bueno y lo malo tanto de los aspirantes presidenciales como los partidos políticos que los postulan.

Para concluir, llama la atención que los “favoritos:” no se hayan tomado la molestia de hablar sobre el futuro de instituciones como el Consejo Nacional de Producción, el mayor especulador con los precios de los granos básicos del país.

Tampoco han dicho “esta boca es mía” sobre el manejo de la política exterior. ¿Seguirá el nuevo gobierno sometido a la sumisión de organismo internacionales, de tal suerte que las celebraciones de nuestra independencia se limiten en lo meramente folclórico?

Tampoco se definen si el poder institución tendrá un alcance nacional o seguirá compartiendo esa obligación con las municipalidades.

En fin, todo parece indicar que el debate aún no ha comenzado.

Periodista

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