Un Estado con esclerosis

El Sereno
Alvaro Campos Solis
campos.solis.alvaro@gmail.com

Alvaro Campos

Debido a la situación económica, social y política de nuestro país, los principales actores de la administración pública, de la empresa privada y los sindicatos ofrecen un espectáculo que cada día se asemeja más a una verdadera mejenga de pueblo. La cancha esta embarrialada, al árbitro no lo respetan y ante la pobreza del espectáculo las barras profieren toda clase de insultos contra los actores que corren por el césped.

Al mismo tiempo, la crispación social alcanza nivel peligrosos y preocupantes. El Gobierno que preside Alvarado Quesada se ha convertido en una especie de piñata al que alguna gente quisiera darle palo o cuando menos sacarlo de la cancha, acompañado por algunos de sus ministros.

Al mismo tiempo, la hostilidad hacia el presidente Alvarado es tan obvia que muchas personas quisieran que las próximas elecciones tuvieran lugar el próximo domingo; en otros casos que ni siquiera haya elecciones y que se imponga el caos. El ejemplo mas reciente lo constituye La Unión Costarricense de Cámaras de la Empresa Privada, cuyo presidente, Álvaro Jenkins, pactó con líderes del Movimiento Rescate Nacional, grupo sin ninguna representación, el levantamiento de los bloqueos que durante 18 días mantuvieron en vilo al país, lo cual descarriló la celebración de una mesa de diálogo nacional, tal y como los proponían los presidentes de los poderes Legislativo y Ejecutivo.

Da la impresión de que estamos frente a un estado con esclerosis múltiple. Ocurre cuando el sistema inmunitario causa problemas de comunicación entre el cerebro y el resto del cuerpo.

De acuerdo con lo que se lee y escucha en los medios informativos y en las redes sociales, criticos y aspirantes a cargos de elección popular están convencidos de que el Gobierno de la Republica lo personifica el presidente Carlos Alvarado Quesada. Lo correcto, según la Constitución Política el Gobierno de Costa Rica está constituido por los poderes ejecutivo, legislativo y judicial.

Cada poder es independiente, pero están obligados a coordinar en determinadas circunstancias. ahí aparece el primer talón de Aquiles. Entre el ejecutivo y el legislativo con harta frecuencia surgen discrepancias; entre el legislativo y el judicial hay sumisión, al menos cuando de reelegir magistrados se trata. Algunas reelecciones se efectúan en automático, sin el menor análisis del trabajo realizado por el aspirante. La Sala Cuarta le dice al presidente Alvarado y al Ministro de Seguridad Publica que cumplan con su deber de impedir los bloqueos de carreteras. El divorcio entre poderes del estado resulta evidente. El ejecutivo formula sus propuestas al legislativo. En algunos casos, los proyectos que presenta Zapote salen desfigurados de Cuesta de Moras.

En numerosas oportunidades el congreso acusa al Ejecutivo de no mostrar el mayor interés en la coordinación de asuntos de interés nacional. El Ejecutivo observa con preocupación que de los 57diputados “muy pocos están preparados y comprometidos con los grandes problemas nacionales”. Otros diputados velan por sus intereses y los de su partido, un tercer grupo son independientes que no deben darle cuentas a nadie.

Ahora han surgido grupos inconformes dispuestos a desconocer la institucionalidad, el orden establecido, para “remover” al presidente de la República, con el argumento de que no les gusta su estilo de gobernar, en particular sus esfuerzos orientados a resolver el problema fiscal que amenaza con más sacrificio y más pobreza a grandes sectores de nuestra población. Los autores materiales e intelectuales del grupo han ignorado que en nuestro país nadie está por encima de la ley. En teoría.

Entre esos grupos destaca el autodenominado Movimiento Rescate Nacional que lideran los ex diputados Célimo Guido Cruz y Oscar Campos, para lo cual han recurrido a la violencia, atacando a la policía con bombas incendiarias (molotov), lanzando palos y piedras contra los agentes del orden, incendiando vehículos, bloqueando carreteras e impidiendo el libre tránsito de personas y mercancías, incluso de ambulancias y vehículos de bomberos. Las denuncias del Ministerio Público contra los lideres citados no prosperaron, ya que un juez rechazó imponerles medidas cautelares, lo cual significa que Rescate Nacional puede continuar alentando sus protestas y amenazando la paz social.

La sentencia del juez Fabián Serrano echó por tierra la idea de Célimo Guido, quien de haber recibido medidas cautelares lo habría hecho sentirse émulo de Martin Luther King o Nelson Mandela, líder sudafricano que desde prisión luchó contra el apartheid.

Hasta el momento no ha trascendido, por parte de las autoridades competentes, las fuentes de financiamiento que sostienen a ese movimiento, ahora legitimado por el presidente de UCCAEP, la Asociación Nacional de Empleados públicos, uno de los sindicatos del ICE y miembros del sector cooperativo. Otras cámaras empresariales y políticos de la derecha no ocultan sus simpatías por el citado movimiento. Es el caso del diputado del PUSC, Pablo Abarca.

Luego de 18 días de bloqueos y haber obtenido el reconocimiento de esos grupos, ambos dirigentes dan la impresión de considerarse la reencarnación de Ernesto “Che” Guevara, del Enigmático Comandante Marcos, líder del ejército zapatista de liberación nacional, que en 1994 se levantó en armas contra el gobierno de México o del Doctor Hugo Spadafora, quien intentó sacar del poder al dictador panameño Manuel Antonio Noriega.

Incluso, el ex diputado Oscar Campos reveló que Rescate Nacional armará “fuerzas de choque”, contra los antimotines de la policía para lo cual dotará a sus seguidores de máscaras antigás. Vamos a tener la posibilidad de tener guantes, cubetas con agua, anteojos, mascarillas antigases para que las fuerzas de choque no tengan temores, dijo.

Rescate Nacional surge en momentos en que nuestro país está enjaranado hasta las orejas, al punto de que ya ningún organismo financiero nos quiere prestar un cinco. Apenas medio alcanza para pagar los intereses. El organismo financiero que acepta prestarnos dinero, nos cobra intereses a precios de garrotera y a corto plazo. Una planilla conformada por más de 300 mil funcionarios, la mayoría de los cuales devenga salarios que van desde los dos millones hasta los 10 millones de colones al mes. Tanta gente detrás de un escritorio entorpece la administración, fortalece la tramitología y promueve abusos que requieren la intervención constante de la Contraloría General de la Republica.

En el Ministerio de Hacienda, encargado de cobrar los impuestos, persiste un desorden organizado. Unos contribuyentes pagan, otros ajustan sus contabilidades y aparecen con cero utilidades. Algunas empresas subdividen sus actividades, para tributar menos. Pero como dicen los españoles: “no pasa nada”.

Numerosas organizaciones disfrutan de exoneración de impuestos. En el gobierno central y en instituciones autónomas se suscriben contratos de la naturaleza más diversa que nadie supervisa lo cual permite obras de infraestructura inconclusas o, en su defecto, que el valor original se multiplique hasta donde quiera la codicia del contratista.

Las cuatro universidades del Estado, para efectos presupuestarios, se consideran independientes de todo control estatal. Actúan como si fueran repúblicas independientes. Académicos y administrativos se embolsan, por concepto de salarios y pluses, millones de colones al mes. Todos viven ajenos a la crisis que atenaza al país. Otro tanto ocurre en el Poder Judicial y en la misma Asamblea Legislativa: a la hora de la defensa de privilegios los más altos funcionarios y los dirigentes sindicales establecen una rara simbiosis. El beneficio recae, por igual, en magistrados, ministros, presidentes ejecutivos, gerentes, hasta alcanzar a jardineros y misceláneos. El pueblo paga.

Las convenciones colectivas ahogan los ingresos del estado, al mismo tiempo sirven como puente o factor de coincidencia entre gobernantes y sindicatos. Todo en aras de preservar la paz social, sostienen los firmantes de ambas partes. Nadie habla de chantaje.
En diversas instituciones las decisiones más importantes deben ser consultadas con los sindicatos. Hasta hace poco tiempo ocurría con mucha frecuencia en JAPDEVA. Las demandas que daban lugar a la huelga, se ganaban tan solo con impedir el flujo de las importaciones y las exportaciones. Cuando estallaba una huelga, el Estado quedaba secuestrado y la economía caía de bruces. Los administradores de la institución y líderes sindicales celebraban el fin del conflicto como una muestra de su “vocación democrática”, decían. Japdeva fue creada para promover el desarrollo de la provincia caribeña, pero los sindicatos y pésimas administraciones la debilitaron hasta dejarla en estado de coma.

Esa institución era una verdadera mina. Sin embargo, políticos demagogos afirman que la provincia caribeña ha estado olvidada por los gobiernos. Ahora una empresa transnacional recoge los dividendos y en Japdeva, como no entra dinero, también se terminaron las huelgas.

Ahora el poder sindical se concentra en la Caja Costarricense del Seguro Social, las clínicas y hospitales de esa institución, así como en el Ministerio de Educación. En ambos sectores son amos y señores. Su mejor escudo lo constituyen los estudiantes y toda persona que requiera atención médica. En ese ministerio sigue la fiesta con las convenciones colectivas. Resulta grosero que hasta el presidente Alvarado actuara como testigo en la firma del acuerdo.

A principios del presente año la economía mundial se desplomó, en gran medida por una pandemia que cerró empresas y dejó a centenares de millones de personas sin trabajo. En nuestro país, las pocas reservas financieras que quedaban se han invertido en la atención de pacientes que van saturando hospitales y cementerios.

No hay fuente de trabajo y ante la difícil situación surge la crispación social, la cual es aprovechada por grupos irregulares que promueven la violencia y desconocen el estado de derecho. Si alguien es juzgado, es posible que un despistado juez le imponga una medida cautelar que rece: “alejarse del denunciante” o “no lo vuelva a hacer”.

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Periodista


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