Un año de cambios

Reflexiones

Leiner Vargas
lvargas@una.ac.cr

Leiner Vargas

Si bien ya sabíamos que el fenómeno del COVID-19 estaba afectando los países de Asía y Europa desde noviembre del 2019, fue hasta marzo del 2020 que iniciaron, abiertamente, los efectos de la Pandemia en Costa Rica. Así fue como iniciamos un año de cierre, de temores y, sobre todo, de cambios en nuestra forma de vivir. El país se enfrentó a múltiples ajustes en su forma habitual, los sectores de turismo, transportes, comercio, educación y recreación cultural fueron los más afectados con los cierres. Poco a poco, fuimos enfrentando los miedos y fuimos saliendo avante con nuevas e innovadoras formas de responder ante los cambios sociales y económicos.

El comercio electrónico se multiplicó por tres, los cambios en la educación y la asesoría de todo tipo, actividades presenciales antes de la pandemia, fueron enfrentando la digitalización y con ello, la virtualización. La norma se volvió, la reunión virtual. Todos enfrentamos la usurpación de nuestra casa por algo similar al trabajo, unos más y otros menos, pero la casa se volvió nuestro sitio de estar, de trabajar e inclusive de convivir. Es así como la casa pasó a representar mucho más que un sitio donde dormir o convivir con nuestra familia.

La vida nos ha dado muchas lecciones en este año calendario de marzo 2020 a marzo 2021. Todos sin excepción hemos enfrentado dificultades, nuevas normas, nuevas reglas, nuevos hábitos como el de ponerse la mascarilla, o estar consciente de no saludar efusivamente como lo hacíamos antes. Nuestras burbujas, el concepto popularizado desde entonces, se convirtieron en el espacio dónde interactuar, de alguna manera el ser humano se logró readecuar a las condiciones del entorno.

La economía también cambio, los servicios debieron adaptarse a las nuevas normas, unos más exitosos que otros. Los servicios de educación lograron medianamente readecuarse a su transformación virtual, aunque un tercio de la población estudiantil no puedo montarse a tiempo en ese nuevo barco. La sociedad se partió en pedazos, los que tenían y conservaron su empleo, los que lograron mantener su negocio y quienes, por una u otra razón, quedaron desempleados y excluidos de la nueva normalidad. Nuestra sociedad aún no conoce la totalidad ni la gravedad de los daños a su ecosistema social. Sabemos que las perdidas económicas son importantes, la caída en la producción, la disminución en impuestos, los efectos en la seguridad social. Empero, lo peor está por llegar.

La situación ha empezada a cambiar y nos enfrentamos a nuevos ajustes, a reaprender la dinámica económica y social después del COVID-19. Poco a poco, las empresas empiezan a reinventarse y replantear sus nuevas estrategias, muchas de ellas como resultado de la pandemia. La actividad económica parece empezar a florecer, pero muchas actividades, empresas y empresarios están totalmente fuera. Se han quedado en el camino. Los procesos educativos presenciales inician la próxima semana en primaria y secundaria, algo que apoyo y que se que será exitoso. La vida educativa no es igual en medio del contexto virtual, ni para maestros y mucho menos, para los estudiantes. El proceso de cierre se ha venido flexibilizando y la población adulta mayor esta en un proceso de vacunación que esperamos pueda culminarse en este primer semestre. Las cosas van caminando, pasito a pasito estamos regresando a una nueva normalidad.

Todos requeriremos un poco de tiempo para ajustarnos, para pagar nuestras deudas, para acomodarnos a la nueva condición personal, familiar y colectiva. El gobierno también ha debido ajustarse. Será cuestión de apoyarnos y fortalecer nuestros lazos solidarios como sociedad. El país debe sostenerse con la frente en alto, pero no podemos avanzar sin defender y proteger a los más débiles. Se hace imperativo sostener la educación, la salud y la protección social a toda costa. El ajuste monetario o de demanda agregada en momentos de crisis es la peor medicina para un paciente en pleno proceso de recuperación. Es por eso por lo que debemos dejar atrás el acuerdo con el FMI, avanzar a una agenda de desarrollo social nueva, basada en una reactivación productiva con alto contenido social. Apoyar financieramente a las empresas con nuevo capital de trabajo, avanzar desde y con las regiones periféricas, hacer de la internet un bien público de acceso universal y sobre todo, apoyar la creación de nuevas empresas asociativas y productivas.

La pandemia no ha terminado, pero la tarea de la reactivación económica y la articulación social es ahora más urgente que nunca. A pesar del mal gobierno que tenemos, la sociedad costarricense debe actuar rápido y con voluntad para avanzar en una agenda nacional socialmente incluyente. Dejar los distractores negativos y las ocurrencias de unos cuantos vivillos que se quieren aprovecharse de la pandemia para reformar el empleo público o para reducir el gasto social. Es hora costarricense de mirar al frente y avanzar, avanzar en la digitalización del Estado, avanzar en la reforma social y educativa, avanzar en nuevas y mejores formas para proteger las PYMES y fomentar la creación de nuevas empresas. Es hora de unirnos y avanzar.

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