Tras las huellas del joven Vladimir Putin en San Petersburgo

Por Ulf Mauder (dpa)

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El guía turístico Yuri Neshinski también muestra fotos de los años jóvenes del líder ruso durante el tour “Putin en San Petersburgo”. La antigua metrópoli zarista es la ciudad natal de Vladimir Putin, quien creció allí en un hogar humilde. Foto: Ulf Mauder/dpa

Cuando se realizan grandes eventos en San Petersburgo, como ahora la Eurocopa, el presidente ruso, Vladimir Putin, se muestra especialmente orgulloso de su ciudad natal.

La metrópoli rusa situada sobre la desembocadura del río Neva en el golfo de Finlandia, muy popular entre los turistas, ofrece también visitas guiadas para los interesados en seguir los pasos de Putin, que nació aquí hace 68 años en la casa de partos más antigua de la ciudad.

“Conmigo no habrá cotilleos sobre la vida íntima de Putin o sobre el número de sus hijos ilegítimos”, señala el guía Yuri Neshinski apenas comienza el recorrido. El doctor en historia recalca que solo se basa en fuentes originales.

El guía aclara que su tour no se centra únicamente en torno al político, cuyos opositores también aquí, en la llamada Venecia del Norte, se manifiestan con frecuencia contra el “ladrón Putin” y la creciente represión.

“Aquí vamos a ver al Putin hijo, al estudiante, al atleta y al novato en el KGB (Comité para la Seguridad del Estado)”, dice Neshinski. El edificio del temido servicio secreto soviético KGB, que perseguía a los disidentes bajo el régimen comunista, alberga ahora al Servicio Federal de Seguridad de la Federación de Rusia (FSB).

Neshinski cuenta la historia de la llamada “Gran Casa”, con su arquitectura sencilla y fría de estilo monumental soviético, donde rechazaron a Putin cuando pidió ser admitido en el KGB.

Tras estudiar derecho, Putin logró finalmente ingresar en el servicio secreto. Su primer destino como oficial fue la ciudad de Dresde, donde debía ayudar a garantizar el funcionamiento del estado de vigilancia en la extinta República Democrática Alemana (RDA). Tras la caída del Muro de Berlín en 1989, Putin y su familia regresaron a Rusia.

El recorrido sigue hasta el edificio de viviendas de la época del dictador soviético Josef Stalin, donde Putin vivía junto a su esposa Liudmila y sus dos hijas. Neshinski cuenta de cuando Putin se encontró por primera vez con la azafata de Kaliningrado (antiguamente Königsberg) en la céntrica avendida Nevsky Prospekt, para ir a un concierto.

“Al principio, no le dijo que era un agente de los servicios secretos”, apunta Neshinski, que nació en los años 80 y vio poco de la era soviética.

Vladimir Putin y Liudmila Pútina se casaron en 1983. Treinta años después, ambos anunciaron su separación durante una pausa del ballet “Esmeralda” en un teatro en Moscú. Desde 2013, el actual mandatario ruso está solo, al menos oficialmente.

El recorrido en coche por la ciudad incluye varias paradas que se remontan a la infancia de Putin. Por ejemplo, la iglesia donde fue bautizado y la calle Bazkov 12, donde vivía en un comunalka, un apartamento comunitario junto con otras familias.

Neshinski cuenta que Putin cazaba ratas en el patio con los amigos y que tenía fama de revoltoso. Agrega que tampoco fue aceptado durante mucho tiempo en la organización juvenil soviética de los pioneros.

La escuela estaba justo al lado de la vivienda. “Pero siempre llegaba tarde a clase”, afirma Neshinski en base a los relatos de Vera Gurevich, una profesora de Putin. Gurevich, quien aún vive, ha escrito un libro y ha hablado mucho de su antiguo alumno en varios documentales. La anécdota sirve de puente con el presente: Putin tiene fama de llegar tarde a todas partes. Incluso hizo esperar a la reina Isabel II de Inglaterra.

El historiador también habla del padre de Putin, un veterano que quedó inválido por las heridas de guerra, y de la madre del presidente. Ella sobrevivió al bloqueo de Leningrado por los nazis, perdió dos hijos y tenía más de 40 años cuando dio a luz a su tercer y último hijo, Vladimir.

El tour pasa por el club de judo de Putin, quien hoy también es presidente honorario de la Federación Internacional de Judo (JIF), sigue por la facultad de Derecho, que lo honra con una placa, y llega al Smolny, la sede de la administración de la ciudad donde el actual presidente trabajó en los años 90 junto al alcalde Anatoli Sobchak​.

La derrota electoral del político liberal en 1996 fue también el fin de Putin en el Smolny, donde se encargaba de las relaciones internacionales. Entonces decidió trasladarse a Moscú.

En el Smolny, Neshinski hace una pequeña digresión y recuerda al antiguo grupo de diputados en torno a Marina Saljy, quien a partir de 1992 dirigió una comisión contra Putin para investigar la corrupción y el fraude en la administración de la ciudad. En ese momento, Putin se encargaba de importar alimentos a cambio de materias primas como el petróleo. La investigación no tuvo consecuencias para el mandatario ruso.

Muchos de los que en aquella época trabajaron con él en la administración de la ciudad ocupan ahora altos cargos, entre ellos, Alexei Miller, jefe del monopolio del gas Gazprom, y Dmitri Medvédev, ex presidente y jefe de Gobierno ruso que ahora dirige el partido del Kremlin, Rusia Unida.

Por su parte, Igor Sechin dirige la mayor petrolera rusa, Rosneft, donde el ex canciller alemán, y amigo de Putin, Gerhard Schröder es presidente del consejo de supervisión.

La lista de protegidos es larga, según muestra el conocido opositor Alexéi Navalni en su película “Un palacio para Putin”, que ya tiene 117 millones de visitas en YouTube.

Navalni, actualmente encarcelado en un campo de prisioneros, cuenta en su film que Putin emitió licencias para cambiar “literalmente petróleo por azúcar y patatas, madera por alimento para bebés”.

“Formalmente representaba los intereses del Estado, pero en los hechos solo ayudaba a los bandidos”, subraya Navalni en la película. El guía Neshinski está al tanto de estas acusaciones, pero no es su tema.

Lo único que está claro es que hoy el propio Putin pasa días en los magníficos palacios de la antigua metrópoli zarista.

El guía revela que la excursión de tres horas y media “Putin en Petersburgo” es contratada sobre todo por agentes de los servicios secretos y por periodistas. “Pero de todas las excursiones que ofrezco es la que menos vendo”, admite.

 
dpa


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