Tragedia Griega

Freddy Miranda Castro

Freddy Miranda

Hace un año en octubre de 2017 inicié con mi esposa un viaje prometido a mi último retoño, que nos hizo recalar en la maltrecha Grecia y su desvencijada capital Atenas.

La crisis de su elefantiásica deuda se notaba en los trenes, metro, tranvías, parques, calles y avenidas. Ni en San José, he visto tanta gente ingeniándoselas para ganarse el pan de cada día como tilicheros, cantantes callejeros o simplemente extendiendo la mano. Acabé comprando cosas que no necesito a vendedoras de la Acrópolis, solo porque el corazón me impedía decir no, aunque el monedero ya estaba exhausto.

Las olimpiadas de Atenas en el 2004 fueron como el último cantó del cisne. La corrupción galopante, el clientelismo político expresado en un sistema de pensiones juveniles y de lujo y en una opresiva planilla estatal llena de privilegios que ni los alemanes se podían costear, trizaron los sueños de los griegos y trocaron en nefasta pesadilla. Nadie les quiso prestar más dinero y empezaron a bajar la cuesta porque la fiesta había llegado a su final. Años después, el país sigue postrado, con un caminar lento y cansino y una rabia profunda de la que abrevan la ultraderecha y el fascismo, portadores de una falsa respuesta.
Protestas abundan como las de la foto que tomé de una manifestación universitaria, pero ya pa´ qué, cuando todo está consumado. Eso sí el país se volvió baratísimo para el turismo, que por ahora es su respirador económico.

Otro tanto nos encontramos en Milán, en Italia. Ernesto Rodríguez amigo de andanzas políticas juveniles, y con 30 años de vivir allí, me explicó las razones por las que un funcionario público del ayuntamiento Milanés como él, gané la mitad de lo que gana un empleado público en Costa Rica iniciando carrera. La deuda, la francachela de los empleados públicos y la corrupción política y privada, hundieron la economía. Con proféticas palabras Ernesto me dijo, aquí la izquierda es un fantasma pero no como metáfora, sino literalmente, ya vas a ver como el próximo gobierno será de la ultraderecha con ribetes de xenofobia y fascismo.
En Madrid, mi amiga Mercedes García del Río, era una victima más del desplomé de la economía española, bajo el peso también; ¡oh sorpresa! de la inmanejable deuda nacional, que lleva a la emergencia de nacionalismos que estaban larvados; a la xenofobia y al despuntar de las puntiagudas orejas del fascismo.

Nadie escarmienta en cabeza ajena, nunca más válido ese aforismo que en nuestra actualidad nacional. Donde la irresponsabilidad, la mezquindad, los privilegios y el oportunismo se dan la mano para inmovilizar al país e impedirle tomar las amargas medidas para evitar que nos deslicemos hacia una tragedia griega fruto de la deuda, la evasión y de un estado clientelar y deficitario, lleno de privilegios imposibles de pagar por una economía cada vez más cachazuda, estrujada por un ahorro raquítico y unas tasas de interés que llegan a la usura.

Para más grima, los sindicados mezquinos y una izquierda miope y de catacumbas, tomada de la mano con el fundamentalismo religioso y la derecha, levantan la falsa bandera de la defensa del pueblo, en una especie de harakiri incomprensible. De no atajar la crisis que se nos vendría encima, los grandes ganadores serán una versión criolla de fascismo xenofóbico, junto a una derecha cavernaria pletórica de fundamentalismo religioso. No hay peores amigos del pueblo, que los que sustituyen el cerebro por la nómina de sus privilegios, el corazón por una maquina de calcular y que además se zurcen los ojos con los hilos de su trasnochada ideología.

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