¡Todos a votar, o a botar!

El Sereno

Álvaro Campos Solís
campos.solis.alvaro@gmail.com

Álvaro Campos Solís

“Todos a votar”. Más que una invitación podría ser la consigna del Tribunal Supremo de Elecciones, los partidos políticos que participan en la contienda y hasta de algunos medios de comunicación, como una forma de legitimar los resultados de unas elecciones en las que la mayoría del pueblo presta muy poca atención. Es muy posible que esa mayoría se haya percatado de la relación costo-beneficio y de esa manera condicione su voto. Es decir, mi voto a cambio del desarrollo de mi comunidad. Si no hay progreso, tampoco hay sufragio.

Desde esa perspectiva es hora de que los protagonistas tomen en cuenta que la actividad electoral no es un acto de masas, como quien va a disfrutar de un espectáculo con el artista de sus preferencias. Elegir mediante el voto es un acto cívico por excelencia en el que tan importante es el sufragio del ciudadano como la voluntad de quien lo emite.
Ese tipo de motivación debió formar parte de la campaña, pero hasta el momento lo que hemos visto es la invitación a que “vote por fulano”. El voto a cambio, si acaso, de una promesa.

En las elecciones de hace cuatro años, solo una tercera parte de la población convocada acudió a las urnas. De persistir esa tendencia el TSE tendrá que reinventarse o decirle adiós a la condición de “cuarto poder”, al tiempo que las agrupaciones políticas tendrán que ponerse las pilas para recuperar la credibilidad, la cual hace rato extraviaron.
También participan partidos emergentes, que a estas alturas actúan como los antiguos navegantes que buscaban la estrella polar para que los ayudara a llegar a su destino. Los nuevos políticos saben hacia donde se dirigen, pero se les hace difícil encontrar el camino. Igual que los demás partidos, también improvisan desde los candidatos hasta los programas. Pescadores en rio revuelto.

Entre más gente acuda a las urnas, mayor legitimación obtienen los alcaldes elegidos, reelegidos o reciclados, además de los nuevos regidores, síndicos e intendentes. Para estas elecciones el número de postulantes supera los seis mil. Es mucha gente dispuesta a sacrificarse.

El hecho de que los ciudadanos concurran a las urnas el próximo 02 de febrero no solo legitima la elección misma, también le da un espaldarazo al TSE, a los partidos políticos que obtiene alguna representación y sobre todos a los individuos que se proponen conducir los destinos de su cantón por los próximos cuatro años, al margen de si disponen de alguna idea para mejorar algunas cosas de su pueblo.

A la hora de hablar de elecciones no debemos olvidar la importancia del elector. Se trata de un individuo que de buena fe escoge a varios candidatos de uno o de varios partidos políticos, con la ilusión de que las cosas van a cambiar.

Sin embargo, la cuestión de fondo es que el candidato busca una curul en el gobierno local sin más compromiso que una promesa que, para convertirla en realidad, requiere la voluntad de los compañeros, además del respaldo técnico y financiero para la ejecución de cualquier proyecto. Y allí es donde surge el verdadero problema: el mayor porcentaje de los ingresos que perciben la mayoría de las municipalidades se destina al pago de salarios. Empezando por los alcaldes que obtienen ingresos millonarios.

Para muestra un botón. Tan solo los 82 alcaldes perciben unos 5 mil millones de colones al año en salarios y aguinaldos, suma que se obtiene si tomamos en cuenta que el promedio de sus ingresos es de 5 millones de colones al mes. De esa manera los alcaldes se han convertido en una realeza criolla. No habrá de faltar algún visitante extranjero que al conocer esas cifras diga: “caray, los ticos nadan en billete!”. ¡Y “qué manera de gastar el dinero!”

Sin embargo, la realidad muestra una cara diferente. En numerosos pueblos las principales vías de comunicación están en condiciones deplorables, toda vez que la municipalidad alega que su reparación corresponde al CONAVI. “más pior”, decía un comediante nuestro. Total, que ni aquel elefante blanco ni la municipalidad se logran poner de acuerdo. Y allí va el ciudadano esperando otra vez más que le arreglen la carretera, el camino, la acera. Y en esa espera se pasan los años. Todo de mal en peor.

En San Rafael de Heredia, lugar donde vivo con mi familia, a escasos 150 metros de la iglesia parroquial, una joya arquitectónica orgullo del pueblo y atractivo turístico, permanece destruida una acera, con total desprecio por el peatón. El mismo al que le están pidiendo el voto para las elecciones siguientes. ¿Desidia municipal o influencia del capital? Vaya uno a saber. Es como un misterio de la política.

Lo más grave de todo es que ni los representes del partido oficial ni los de la oposición mueven un dedo. Ahora la prioridad es la elección o la reelección. De toda suerte es mejor ser alcalde que diputado. Tiene mejor salario y menos exposición ante los ojos y los oídos del pueblo que lo elige.

Periodista

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