Tiempos de cambio

…¿Y usted qué opina?

Fernando Berrocal

Fernando Berrocal Soto

Mi generación creció sin angustias y sin miedo al futuro, en una sociedad de oportunidades, crecimiento económico sostenido y gran movilidad social.

Esa “tercera vía costarricense” que se construyó desde el centro ideológico, entre socialdemócratas y socialcristianos, con influencia liberal y visión republicana, nos transformó en un caso exitoso de desarrollo por sus particularidades y sus importantes progresos económicos y sociales. Costa Rica fue siempre singular y ejemplo de desarrollo con paz, libertad y democracia.

Pero desde el cambio de siglo el país no está bien. Hoy, la polarización, el pesimismo y la frustración se sienten en todas partes. Lo dicen las encuestas y lo confirman las calles y la fuerte, legítima y creciente molestia ciudadana.

Es evidente que la II República que nació de las reformas sociales de Calderón Guardia, los Decretos Ley de José Figueres y la Constitución Política de 1949, está haciendo aguas desde hace 20 años y que los últimos seis gobiernos (del PLN, el PUSC y el PAC) no han encontrado las ideas fuerza y los caminos de salida correctos hacia una nueva III República, a la altura de este siglo XXI.

Atravesamos un peligroso desface y una crisis que no solo es institucional, económica y social, sino y principalmente, una crisis de liderazgo nacional y de confianza ciudadana en los políticos con poder y en los partidos políticos.

Lo que sí se mantiene, y es una gran fuente de esperanza, es la fe de los costarricenses en el régimen de libertad y en el sistema democrático que hemos escogido como modo de vida, frente a los autoritarismos de izquierda y de derecha y sobre la enfermiza demagogia de los populistas iluminados.

Sería insensato negar los innegables y enormes logros de la agonizante II República. Pero sería necio y antihistórico no entender que el país debe abocarse a profundas reformas constitucionales y legales sobre la relación entre los Poderes del Estado y sus instituciones, el sistema de elección de diputados, la reforma funcional del Poder Ejecutivo, la obligada rendición de cuentas, la censura formal y la pérdida del cargo. Un sistema mucho menos presidencialista y más parlamentario, participativo y eficiente de gestión pública que, a la vez, potencie la libertad, la innovación y la iniciativa privada.

También necesitamos un cambio integral en la política de seguridad ciudadana y en la lucha contra el narcotráfico y la criminalidad. Nos están robando el país.

Pero en lo inmediato y urgente, y mientras llegan esos cambios fundamentales, el presidente Carlos Alvarado y la Asamblea Legislativa, así como los partidos políticos, deben recuperar la confianza ciudadana y enfocarse solo en el país.

El mayor reto y la más importante meta actual es acabar por ley con las pensiones de lujo y reducir los salarios estrafalarios en las instituciones. A la vez, el país exige un gobierno ético que sea ejemplo de control en el gasto público, así como capaz de reactivar la economía y generar empleo. ¡Enormes retos!

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