The human revolution

Jose Calvo

José Calvo

Acabo de releer The Human Revolution, de Ashley Montagu. El libro es mayormente, una respuesta a Robert Ardrey y Konrad Lorentz, sobre la base de que la inteligencia no es suficiente para explicar la evolución humana (que él llama revolución) desde los australopithecinos hasta el sapiens; se necesita la colaboración del amor fraternal. Ardrey dice:

Que ahora cada cual es responsable por sí mismo, más bien que por los demás. Que ha prevalecido desde hace 5000 años el tipo de familia que se concentra en sí misma, en el egoísmo, el atomismo, y el apartarse. Que hemos reservado el pensamiento para una élite, y para los demás la incapacidad de pensar. Que nos enorgullecemos de hacer máquinas que piensan como seres humanos, pero omitimos decir que en cambio hemos logrado hacer seres humanos que piensan como máquinas.

El amor fraternal es considerado, en la filosofía de mercado, como una debilidad, porque lo que debe prevalecer para este es; “competir o morir”. Pero el amor fraternal es indispensable para el trabajo en grupo porque el hombre es un animal social, y el grupo no puede funcionar si cierta cohesión que solo proporciona el amor fraternal; aunque sea dirigido contra otros grupos

Montagu dice que las características de egoísmo, atomismo, apartamiento, y disasociación son las características de la familia cristiana; y lo pone desde hace 5000 años; 3000 años antes del nacimiento de Jesucristo. Pero entonces esas son las características de la familia judía, y como no vale la pena pelease por eso, digamos que esas características son indeseables, y que así lo han reconocido los científicos.

El papel del amor en la evolución de nuestra especie, no es de mención común; más bien es raro que eso siquiera se mencione. Y sin embargo es solo lógico que la competencia no basta para explicar el fenómeno porque la competencia es enemiga de la evolución, es individualista

Es cuestión de lógica, el ser humano es un animal sociable que no es capaz de hacer nada si no está en grupos, y la idea de competencia para actuar, le falta la idea de amor fraternal para congeniar con los demás miembros del grupo.

Ninguna duda cabe de que el amor fraternal ocupa un ampo definitivo en la evolución humana. Lo extraño es que no nos hubiéramos dado cuenta antes; sobre todo cuando oímos hablar tanto de la inteligencia artificial y de competir o morir.

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