Televisión chatarra

El sereno

Álvaro Campos Solís
campos.solis.alvaro@gmil.com

Álvaro Campos Solís

Hay televisión que enaltece y televisión que embrutece”. La segunda es una televisión tóxica.

Cambia el año, las modas, el mundo sufre transformaciones importantes, alguna gente revela su intención de introducir modificaciones en su estilo de vida, como prepararse para sacarle el mayor provecho posible al año que pronto hará su debut entre nosotros.

Sin embargo, la televisión costarricense continúa sin dar la menor señal de algún cambio positivo. Si desaparece un programa, de inmediato es sustituido por otro más ralito, más modesto. Lo mas grave es que a casi nadie parece importarle las nefastas consecuencias que causa la televisión superficial en la voluntad política de los individuos. Es lo que un escritor norteamericano califica hoy de “televisión chatarra”

Lo anterior es la conclusión a la que ha llegado la Revista Americana de Economía, una de las publicaciones sobre temas económicos más respetadas del mundo.

En su edición más reciente, esa revista publica “el legado político de la televisión de entretenimiento” en la que un grupo de investigadores demuestra que aquellos sectores de la población que observan programas de televisión de escaso valor cultural son gente con menos conciencia cívica y muestran un bajo desempeño en sus compromisos laborales o estudiantiles.

Esas personas con menos conciencia cívica, con menos cultura que otros sectores de la población son la base para que políticos populistas alcancen el poder. Según los investigadores Rubén Durante, Paolo Pinoti y Andrea Tesei, ese fenómeno social atenta contra el desarrollo y promueve la corrupción.

Para alcanzar esas conclusiones evaluaron el impacto político de la televisión comercial que en 1980 impulsó en Italia, Silvio Berlusconi, quien pocos años después se convirtió en el Primer Ministro de ese país europeo y en un influyente líder de la Unión Europea.

Berlusconi, el magnate que desarrolló una red de canales de televisión de entretenimiento, con énfasis en concursos y programas de entretenimiento, gracias a los cual debilitó a la televisión pública, ha sido acusado de conexiones con la mafia y condenado en firme por la justicia. El político sentó las bases para que la extrema derecha gobierne Italia.

La comparación la hacen tomando en consideración el nivel cívico e intelectual de aquellos grupos sociales que le conceden un mayor tiempo a la televisión cultural y educativa. Es decir que no ven la televisión chatarra.

Hay televisión que enaltece y televisión que embrutece. Hay televisión que enseña, que nos hace pensar, que nos lleva a lugares que nunca visitaremos o que nos confronta con los grandes dilemas de la vida. También hay televisión que deliberadamente degrada, engaña y confunde. Y por supuesto que hay una televisión que nos distrae y entretiene. Con frecuencia, la televisión que busca educarnos es insoportablemente aburrida; mientras que la que nos intenta manipular, nos polariza y desinforma. En cambio, la que simplemente nos entretiene es políticamente irrelevante. O al menos eso creíamos”, sostiene el escritor venezolano de origen judío, Moses Naím, famoso articulista que escribe en los principales periódicos de Estados Unidos y América Latina.,

Nuestra televisión

Por lo visto, nuestro país es reacio al cambio. Esa actitud hecha costumbre se puede observar en casi todo quehacer humano, incluido ese importante medio de comunicación.

Nuestra televisión es repetitiva. Siempre nos cuenta lo mismo: lo que ocurre entre la cuesta de enero y los saludos de diciembre, pasando por desfiles cívicos y religiosos y sin que falte unas que otra huelga -con bloqueos incluidos- en contra del pueblo a pesar de que este no tiene cuentas pendientes con los manifestantes.

Nuestra televisión se ha adocenado, es una especie de museo en el que la farándula suele identificar a algunos de sus personajes que han aparecido en la pantalla por dos y hasta tres generaciones.

A modo de ejemplo, la situación abre espacio para un gran debate acerca de cómo se financia la difusión de las novelas que los distintos canales proyectan día y noche. ¿Por qué el periodismo de investigación y la entrevista disponen de tan poco espacio? Cómo es que la censura demuestra tan poco interés en la proyección de películas cargadas de violencia, producidas, precisamente en países donde la violencia tiene en jaque al estado y los niños asisten a las escuelas con el temor de convertirse en las victimas de la siguiente masacre. Son los mismos países donde las armas de fuego se han convertido en un apéndice de casi todo ciudadano.

Algunos de mis amigos y colegas coincidimos en la urgente necesidad que tiene el país de una profunda reingeniería en la televisión nacional, en particular de los noticieros. Quienes conducen esos programas deben tener conciencia de la importancia del contenido y el tiempo que se destina para divulgar una noticia. El tiempo en televisión tiene costos muy altos. Esto significa que el “refrito” constituye un irrespeto al televidente y que los tiempos de cada noticia se miden por segundos, pues muchos detalles le restan importancia al acontecimiento.

Lo anterior significa que la información de los noticieros internacionales, por lo general, no llena nuestras expectativas, entre otras razones porque algunos de esos espacios se han convertido en una especie de pasarelas en las que sus comunicadores procuran convertirse en los protagonistas y que la noticia ocupe un segundo lugar.

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