Sun Tzu y la corrupción

Julio Yao

Sun Tzu

La mejor guerra es la que no se pelea‘ — Presidente Juan Carlos Varela, Mensaje a la Nación (sin citar a Sun Tzu).

La estructura política de Wu era como un salón con pedazos y polvo por todo el piso. Toda la estructura estaba apolillada, y algunas partes podían venirse abajo en cualquier momento.

Esas ‘polillas’ no eran otros que funcionarios corruptos en el Gobierno. A pesar de lo pequeño, en el estado de Wu difícilmente podía hacerse algo, a menos que se tuviera conexiones especiales o se sobornara a la gente con regalos, dinero y fiestas.

Había una corrupción desenfrenada y mucho resentimiento popular. Se había creado un abismo entre la burocracia y el pueblo. El poder estatal podría ser derrocado en cualquier momento’. (Cao Yaode y Cao Xiaomei, Historia de Sun Tzu, Foreign Languages Press, Beijing, pág. 99).

Tales eran las observaciones de Sun Tzu cuando el rey Helu del estado de Wu (30 000 soldados) le pidió que invadiera al poderoso estado de Chu (300 000 soldados). Sun Tzu (544 a. C. – 496 a. C.) fue contemporáneo y coterráneo de Confucio (551 a. C. – 479 a. C.) y de Lao Tzu o Lao Tsé (570 a. C. – 490 a. C.).

Sun Tzu fue el más importante estratega y teórico militar del mundo, autor de El Arte de la Guerra (7000 palabras), la primera obra clásica de la ciencia bélica.

Sun Tzu le aconsejó al rey Helu que debía eliminar la corrupción pues su polilla carcomía el reino, lo que imposibilitaba vencer a Chu. Sun Tzu, encargado de la tarea, encarceló y ejecutó en público a los corruptos después de devolver lo robado e indemnizar a las víctimas.

Al igual que Albert Einstein, Sun Tzu dedujo los principios de la guerra observando minuciosamente a la naturaleza. Decía que la sabiduría y la inteligencia son más poderosos que la cantidad y la fuerza. Antes de entrar en guerra, hay que estudiar la política, la economía, la diplomacia, la inteligencia, la meteorología y la geografía; ‘reducir las fuerzas enemigas sin combatir’, pues ‘lo mejor no es combatir y ganar cien batallas, sino derrotar a un enemigo sin luchar’.

Las armas solamente deben emplearse cuando se han agotado todas las opciones, porque la guerra es una tragedia, aunque su único propósito es defender a la nación. Tras cada victoria, Sun Tzu recetaba eliminar los impuestos, darle tierras y procurar el bienestar del pueblo.

Después de vencer al estado de Chu, su obra sirvió para unificar a la China bajo el primer emperador Qin Shi Huang (260 a. C. – 210 a. C.), quien inició la Gran Muralla y tenía a Sun Tzu como fuente de inspiración.

Las flotas chinas, que en 1421 visitaron América siete décadas antes que Colón, bajo el influjo de Sun Tzu, jamás agredieron a los pueblos originarios. La actual política de la China está inspirada en Sun Tzu, ya que en su reciente Congreso del Partido predomina la lucha contra la corrupción.

La primera vez que El Arte de la Guerra salió de China fue a Japón en el siglo VIII, donde se venera a Sun Tzu porque sirvió a la unificación del país. Su obra, estudiada por Maquiavelo y Napoleón, fue traducida al francés en el siglo XVIII y al inglés en 1910.

Mao Tsé Tung admitió que El Arte de la Guerra era su libro de cabecera contra Chiang Kai Shek y la ocupación japonesa, al igual que le fue útil a Kim Il Sung contra Japón y en propinarle la primera derrota a los Estados Unidos.

El general Eisenhower estudió a Sun Tzu y con ello derrotó a Hitler. Pero fue el general Vo Nguyen Giap quien mejor implementó a Sun Tzu y le infligió la segunda derrota a los Estados Unidos.

En la Guerra del Golfo (1990-1991), los generales Schwartzkopf y Colin Powell aplicaron El Arte de la Guerra, pero este último la utilizó también durante las invasiones a Grenada (1983) y Panamá (20 de Diciembre de 1989), donde la doctrina de ‘tierra arrasada’ del Maestro fue abusada en contra de los principios de Sun Tzu, verdadero padre del derecho humanitario.

El uso de la clásica obra por parte de potencias imperialistas entraña un radical contraste con Sun Tzu, para quien las guerras inevitables solo deben conducir a la paz y la felicidad.

Al presidente Varela, que en su mensaje rescató a Sun Tzu sin citarlo, le pedimos que lo honre y, ¡empiece a fumigar su palacio antes de que nos sepulten sus escombros!

Julio Yao Villalaz es analista internacional y escritor.

Publicado en La Estrella de Panamá

ALAI, América Latina en Movimiento


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