Sudán y la Ruta de la Seda

Guadi Calvo

Análisis Global

El Consejo Militar de Transición (CMT), la junta que tomó el control del país a mediados de abril, tras la caída de Omar al-Bashir, quien estaba sitiado por las masivas protestas civiles en todo el país desde diciembre pasado, iniciadas en el aumento del precio del pan, insiste en celebraran elecciones libres y justas, en nueve meses más.

Nada acredita que las elecciones, de llegar a concretarse, sean un fiel reflejo de la voluntad popular y en verdad que los resultados no sean manipulados por quienes han detentado en poder junto a al-Bashir estos últimos treinta años.

Militares y civiles han retrocedieron la semana pasada en sus exigencias, quizás en respuesta a la llegada a Jartum de un enviado de Trump. El martes, fue suspendida la huelga y las protestas y los militares recocieron su responsabilidad en la matanza. Por lo que en apariencia las conversaciones podrían reiniciarse en los próximos días. Aunque el camino hacia las urnas está plagado de inconvenientes

Las innumerables crisis que ha vivido el país, a lo largo de la dictadura han hecho que más de tres millones de personas se hayan desplazado huyendo de la represión o las crisis económica, por lo que la construcción de nuevos padrones electorales obliga a un urgente censo poblacional, para la que la infraestructura estatal no está preparada técnica ni económicamente.

Según los expertos Sudán necesita un nuevo dibujo de los distritos electorales, además de una nueva ley electoral y una nueva constitución, lo que sin duda hace que los nueve meses anunciados por el jefe del CMT, el General Abdel Fattah al-Burhan, tras la matanza del último día 3 de junio, no sea más que una promesa circunstancial para bajar los ánimos de la población, que no han bajado y sigue estando en constante alerta a pesar de la represión, que según cifras muy cautelosas ya superan las 150 muertes, más de 500 heridos, 350 detenidos, un número desconocido de desaparecidos y una gran cantidad de denuncias de violaciones.

El estancamiento de las negociaciones entre los representantes civiles y el mando militar, habían precipitado el fin de los diálogos y la represión salvaje del pasado 3 de junio, además de un corrimiento de fuerzas en el interior del Ejército del que al parecer salió victorioso Mohamed “Hemeidti” Dagalo, el vicepresidente de la actual junta militar, quien dirigió la matanza llevada a cabo por las brigadas del grupo paramilitar Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF) que él dirige, que contaría con cerca de unos 40 mil hombres, fundado sobre la base de los antiguos Janjaweed (Jinetes armados), la milicia que masacró cerca de 300 mil personas en Darfur entre 2003 y 2004, la que también dirigía el propio Hemeidti.

Por su parte, las fuerzas civiles han llamado a una campaña de desobediencia civil y movilizaciones, bloqueando rutas y calles en diferentes puntos del país y fundamentalmente en Jartum, la capital del país. Mientras los mercados, tiendas y escuelas del todo el país han permanecido cerradas. Uno de los más importantes grupos de la oposición civil, la Asociación de Profesionales Sudaneses (SPA) denunció que el Consejo Militar ordenó el cierre de hospitales tanto públicos como particulares, lo que convirtió la situación en “catastrófica”. Todavía no hay novedades sobre si esas clausuras han sido levantadas en su totalidad; mientras que en los aeropuertos cientos de viajeros quedaron varados, ya que los empleados de la aviación civil se unieron a la huelga, sin embargo la situación se fue normalizando. Las plantas eléctricas están siendo fuertemente vigiladas por hombres de las RSF. Desde que comenzó la huelga general y la desobediencia civil, los únicos vuelos que entraron y salieron del aeropuerto de Jartum, fueron los provenientes de Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos, trasportando armamento, municiones y blindados.

Hemeidti, es un íntimo aliado tanto de los sauditas y de los emiratíes dada la participación de sus hombres en la coalición anti yemení encabezada por Riad. El aparente nuevo hombre fuerte del país, a principios de mayo mantuvo reuniones con el príncipe heredero del reino saudita Mohammed bin Salman, de quien consiguió un fuerte apoyo, en dinero y armamento, lo que al parecer se está cumpliendo. Por su parte Hemeidti, el antiguo vendedor de camellos en Darfur, a quién la guerra saudita contra Yemen lo ha hecho inmensamente rico, habiendo conseguido entrar de la mano de sus socios sauditas en el negocio del oro y la construcción, se comprometió a continuar enviado tropas a Yemen para combatir contra la milicia Houthies.

A pesar de la matanza y la desaprobación internacional, las Fuerzas de Apoyo Rápido siguen amedrentando a la población vigilando desde sus camionetas artilladas, que se han ubicado en las esquinas y puentes más importantes de la ciudad, mientras otras recorren las calles exhibiendo su armamento que incluye lanza granadas y fusiles de alta precisión recién llegadas desde el exterior.

Mientras, en las nuevas oficinas de las RSF, grandes afiches muestran a un sonriente general Hemeidti, abrazando pobres, visitando escuelas y reuniéndose con líderes tribales, en una aparente campaña publicitaria que anunciaría su candidatura, si no logra cooptar el poder antes de que se produzcan. En las oficinas centrales de las RSF, que se asentaron en una mansión de cinco pisos en el exclusivo barrio de al-Manshiya, a orillas del Nilo Azul, los oficiales de Hemeidti trabajan en oficinas con aire acondicionado, computadoras, cantosos equipos de comunicación, y cámaras de vigilancia, de manera independiente como si esa fuerza se hubiera independizando del Ejército.

En ese edificio también funciona una oficina de la “Unidad de protección infantil”, dirigida por el general Nooreldeen Ahmed, quién además encabeza la secretaría de “derechos humanos”, allí aparece un cartel con el diagrama de conferencias sobre derechos humanos para la tropa, que brindara el propio general Ahmed, quien por otra parte está acusado de reclutar-niños soldados para luchar en Yemen.

El marco internacional de Sudán

Sudán, país al que Washington ha mantenido por años en la lista de patrocinadores estatales del terrorismo, tiene una gran importancia estratégica por su posición geográfica, sus recursos naturales y su papel como puerta de entrada al mundo árabe para África, y ha atraído nuevamente la atención de potencias internacionales y regionales. Tras la larga guerra de liberación de Sudán del Sur y la persecución internacional por el genocidio de Darfur, el gobierno de Omar al-Bashir estuvo años prácticamente aislado, hasta que el giro del dictador hacía China puso en valor estratégico al país. Desde principios de este siglo, hasta prácticamente los últimos días de al-Bashir, se iniciaron alrededor de 70 proyectos de infraestructura chinos en el país africano, entre los que se incluyen la construcción del palacio presidencial, el tendido de líneas ferroviarias entre Jartum y Port Said, la construcción de centrales eléctricas y la modernización de la red eléctrica. China es el principal importador de productos a Sudán, con una participación de 24%, del mercado. Además, Sudán es un elemento clave para la famosa “Nueva Ruta de la Seda” como entrada de los productos chinos a África.

El presidente norteamericano Donald Trump, con al-Bashir fuera del poder se apuró a enviar al ex embajador norteamericano en Sudan Donald Booth, para tener conversaciones con el Ejército, donde además ha reclamado una “investigación independiente” sobre los hechos del 3 de junio.

Sin duda, la política de Trump apuntará a cooptar el nuevo gobierno sudanés cualquiera sea, sin importarle demasiado el valor de sus instituciones republicanas, por eso sus principales aliados en la región (Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos y Egipto), que no se caracterizan por su sentido democrático y como enviados del Presidente Trump, han intervenido abiertamente con las nuevas autoridades del país, intentando acotar la influencia China y ayudar a emerger una figura pro norteamericana, intentando cerrar, por ahora, un capítulo más en la guerra comercial entre China y Estados Unidos.

Guadi Calvo es escritor y periodista argentino. Analista Internacional especializado en África, Medio Oriente y Asia Central. En Facebook: https://www.facebook.com/lineainternacionalGC


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