Stalingrado, no manoseemos la historia

Esteban Valenti (*)

Stalingrado, no manoseemos la historia

Hace 75 años se desarrolló la batalla de Stalingrado, que para la mayoría de los historiadores militares serios fue el punto de inflexión de toda la segunda guerra mundial, aunque no fue la primera derrota del ejército nazi. Convencionalmente tomamos como fechas el inicio de las operaciones desde agosto de 1942 hasta febrero de 1943.

Se ha escrito mucho sobre el frente oriental de la guerra, pero cada tanto aparecen nuevos interpretadores que manosean la historia, incluso con poco respeto por los hechos y las fechas.

Es el caso de un artículo de George Friedman en Geopolitical Futures bajo el título de “Stalingrado” (https://geopoliticalfutures.com/stalingrad/).

Valorando la importancia de Stalingrado le atribuye la causa de la derrota nazi fundamentalmente a un error de cálculo de los alemanes: “El error de los alemanes estaba basado en una falla de su inteligencia. El Abwher, la inteligencia militar de Alemania, subestimó severamente el tamaño de las reservas soviéticas. Sobre la base de esas estimaciones, el alto mando alemán erróneamente creyó que no necesitaba concentrar sus fuerzas. Los alemanes imaginaron una batalla inicial de cerco para capturar ejércitos soviéticos, seguido de un avance contra reservas débiles, que terminó en victoria mucho antes del final del invierno de 1941”.

Es difícil imaginar no ya que la inteligencia militar, sino un simple análisis demográfico de la URSS que en ese momento tenía una población tres veces superior a la alemana, no hubiera sido tenido en cuenta por los alemanes.

Estos manoseos de la historia siempre parten de un objetivo, hay que quitarle todos los méritos posibles a los soviéticos y atribuirle la causa de la victoria sobre los nazis y su aporte fundamental al triunfo de los aliados, a los errores de los propios alemanes, en especial de Hitler y su empecinamiento contra las “correctas” opiniones de sus generales, o al “general invierno”. O al terror desatado por Stalin contra sus propias tropas. Este es un esfuerzo más de Friedman.

Y continua por la misma ruta: “Pero los alemanes cometieron un error crítico incluso antes de que comenzara la invasión. Barbarroja fue un ataque de tres puntas. Una se dirigió a los Estados bálticos y luego a Leningrado (San Petersburgo), la segunda a Moscú y la tercera al sur, destinada a capturar Ucrania y luego el Cáucaso. Formular el plan de esta manera violaba uno de los principios de la guerra, uno sagrado para el alto mando alemán: la concentración de fuerzas. Al dividir sus fuerzas, ninguno de los objetivos de los alemanes se lograron. Leningrado resistió a pesar del bloqueo de Alemania, los alemanes fueron detenidos a las afueras de Moscú, y el empuje del sur no logró tener éxito”.

El error crítico de los alemanes fue aplicar en la invasión a la URSS los mismos planes, los mismos criterios, pero en este caso utilizando más de 200 divisiones y toda la experiencia acumulada en el frente occidental para derrotar en pocas semanas a las tropas francesas, inglesas, polacas, belgas, holandesas y además intervenir en Grecia, Africa, los Balcanes y en el Egeo.

Los nazis y sus aliados, húngaros, italianos, rumanos, a los que se sumaron los ucranianos blancos, atacaron en tres grandes direcciones porque para derrotar a la URSS y asegurarse el frente oriental y el aprovisionamiento de materiales estratégicos y sobre todo de combustible, no alcanzaba con ocupar su capital Moscú. Lo habían aprendido de Napoleón en 1812.

Por eso el grueso de las fuerzas a partir del 22 de junio de 1941 estuvo destinado al Grupo de Ejércitos Centro y con dirección a Moscú, pero también atacaron en dirección Norte (Leningrado y el control de la costa del Báltico y sus repúblicas) y al sur dirigido a cruzar el Volga y a capturar Baku y sus pozos petrolíferos. No podía ser otra cosa que una ofensiva en todo el frente, también para evitar que la URSS pusiera en movimiento toda su capacidad de reacción. Debía ser un solo golpe devastador y fulminante.

La primera gran derrota no fue Stalingrado, fue en las cercanías de Moscú, cuando llegaron a 42 kilómetros del centro de la capital con sus unidades blindadas y motorizadas y primero con una feroz resistencia, que quebró la idea de la imbatibilidad del puño acorazado alemán y luego con la contraofensiva de noviembre de 1941, los expulsaron a más de 150 kilómetros de la capital. Territorio que nunca más recuperaron.

El 5 de diciembre de 1941, el general Zhúkov lanzó un masivo contraataque soviético contra el ejército alemán, que estaba a escasos 42 km del borde externo de la capital, en la más grande ofensiva lanzada contra el Grupo Central. La ofensiva se desarrolló en todos los sectores en el área moscovita el 6 de diciembre. Durante el otoño, Zhúkov había estado transfiriendo fuerzas soviéticas frescas y bien equipadas desde Siberia y el Extremo Oriente ruso hasta Moscú, pero manteniéndolas en la retaguardia hasta la fecha determinada para la contraofensiva.

Y aquí viene un ejemplo bien claro del manejo impreciso y maniqueo de la información básica manejada por que derrumba toda la argumentación de Friedman.

El plan alemán tampoco dio cuenta del ataque de Japón contra Pearl Harbor en diciembre. Alemania esperaba que los japoneses atacaran Siberia, inmovilizando al ejército soviético estacionado allí. Sin embargo, después de Pearl Harbor, los soviéticos sabían que Siberia estaba segura. Japón podría luchar solo en un frente a la vez, y Estados Unidos lo mantendría ocupado. Esto liberó a los soviéticos para cambiar sus fuerzas orientales, fuerzas que la inteligencia alemana consideraba irrelevantes para la guerra europea, a Moscú, donde contribuyeron a bloquear el avance alemán”.

Error. El ataque a Pearl Harbor fue el 7 de diciembre, el 7 de noviembre en la celebración de la revolución de octubre en la Plaza Roja, desfilaron las divisiones siberianas, traídas de la frontera del Manchukuo (el estado títere japonés) y que tuvieron – incluso por su equipamiento especial para la guerra en condiciones extremas – un papel fundamental en la derrota nazi en las cercanías de Moscú.

¿Cómo hicieron los soviéticos a darse cuenta por lo menos dos meses antes del ataque a Pearl Harbor, considerando el traslado de decenas de miles de soldados desde Siberia y mantenerlos en reserva desde el otoño si el ataque a la base en Hawai fue en diciembre? Esa afirmación no se compadece ni de la historia, ni de la verdad ni de Ricard Sorge, el gran espía soviético que informó a la GRU, la inteligencia militar soviética que los alemanes no atacarían a la URSS y que con el enorme prestigio que se había ganado por su información acertada del inminente ataque nazi del 22 de junio de 1941, que fue ignorado por Stalin, en esta oportunidad le permitió a la STAVKA (el Estado Mayor soviético) desplazar a las divisiones siberianas al frente central.

Esa incongruencia en las afirmaciones de Friedman derrumban un poco más su equivocado andamiaje argumentativo.

La descripción de la batalla de Stalingrado del autor, está llena de esos girones de episodios forzados y sin pruebas de los manoseadores de la historia, siempre envasados en hechos verdaderos. La operación Urano existió, fue un modelo de cerco en gran escala, el mayor que se haya ejecutado en la historia militar, con la participación en toda la batalla de 1.240.000 soldados del Eje en el momento de la ofensiva soviética y de 2.500.000 soldados soviéticos en toda el área de la batalla de los cuales 1.143.000 solo en Stalingrado.

En esa batalla murieron 1.150.000 soldados soviéticos y 841.000 del Eje, más los cientos de miles de prisioneros nazis, del 6to ejército de Von Paulus, húngaros, rumanos e italianos

Fue una batalla que comenzó en el verano boreal (agosto) y culminó con la rendición nazi en invierno (febrero de 1943). Nunca más los alemanes recuperaron la iniciativa estratégica porque perdieron además de mucho terreno conquistado una enorme cantidad de hombres y equipos, la imagen de invencibles a un nivel muy superior de lo que había sucedido en las puertas de Moscú.

Stalin tuvo sin duda una gran responsabilidad, en las purgas de miles de calificados oficiales soviéticos, comenzando por Mijaíl Tujachevski el gran comandante de las unidades blindadas y otros destacados militares y en general en su dominio feroz y represivo y su desconocimiento de las informaciones de inteligencia de Richard Sorge impidieron una alerta máxima y la preparación más adecuada de las tropas soviéticas antes del inicio de la Operación Barbarroja en junio de 1941.

Pero la historia no es una colección de lecciones de moral y derechos humanos, es algo un poco más complejo.

No sería justo desconocer el enorme papel de Stalin y su capacidad de convocar a todo el pueblo ruso y de las diferentes nacionalidades soviéticas a defender la patria, la madre patria, amenazada por la barbarie nazi.

Un ejemplo de esa capacidad se puede apreciar en el discurso pronunciado el 7 de noviembre de 1941 en la Plaza Roja frente a las tropas que iban al frente de Moscú. Se puede ver en Youtube: https://www.youtube.com/watch?v=yCERn98tDlQ

A 75 años de la batalla de Stalingrado vale la pena tratar de reconstruir la historia de la manera lo más prolija y seria posible, se lo merecen en primer lugar los millones de soldados y civiles que dieron su vida para frenar y derrotar a los nazis.

(*) Escritor y periodista, director de la Agencia Uruguaya de Noticias UYPRESS y de BITÁCORA. Coordinador General de IPS entre 1979 y 1984.


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