Soledad y años

Parehara

Oscar B. LLanes Torres

Oscar B. Llanes

Todas las mañanas tengo el hábito de caminar una hora en un parque cerca de casa, el viernes último después de completar el tiempo ocupo un lugar apropiado para descansar en un cómodo banco de madera y un entorno de árboles y plantas con coloridas flores que desconozco sus nombres, solo sé que deben inspirar a poetas y alegrar el corazón, en cuanto disciplino mis pensamientos se acerca un señor de también a la vera de los setenta años, y se presenta, soy Félix Rejala, funcionario público jubilado del Puerto de Asunción, vivo cercanamente a este hermoso parque, tengo una linda familia compuesta de un par de hijos casados y sus respectivas familias, soy muy bien casado hace más de cuarenta años, una residencia amplia y cómoda donde compartimos soledades, cada quien en su mundo, disfruto de los días de la semana, pues, todos trabajan y estudian, la enorme vivienda en esos días solo está poblada de ecos y voces infantiles que van dejando huellas en nuestras mentes, la enorme mesa vacía, en el jardín de la casa en un bien moldeado césped juegan el perro inventando travesuras, el gato parsimoniosamente se extiende en el amplio corredor, un elegante lapacho(tajy en guaraní) dando sombra y señorío al espacio, una nutrida y florida Santa Riata y sus cintilantes flores rojas cubriendo el muro frontal de la residencia, dando un encanto especial, así también un jazmín Paraguay queriendo un lugar para subir por la pared y dejar su inigualable perfume, aroma que encanta a pajarillos y visitantes.

En todo ese escenario de esplendor y magia dentro de la casa reina el silencio y los muebles geométricamente ubicados dan elegancia al ambiente, cuando siento que el silencio aturde, dice don Félix, recurro a la vieja radio y escucho música nativa, dando otro sentido al espacio compartido, ahora, aroma de sabores y música por toda la casa.

Disculpe Señor, la molestia con estos temas tan personales, no tiene porque, es interesante e ilustrativo, respondo, lo que llama la atención es que nadie habla con nadie en la casa, creo que el celular y la computadora apartaron a sus miembros, estamos creando una sociedad aislada, taciturna y muy mediocre, ya no se debate en el hogar las noticias del día laboral, del colegio y los asuntos políticos del momento, cada uno a su aposento en silencio y rostro cansado, llega la oscuridad y parece un teatro en desuso, las luces externas dicen que se tiene gente en la casa, la mesa continua vacía y cada quien en su mundo, ruego Señor, me diga que pasa, cual es la solución, pues, los niños en su corta edad manejan la informática y se burlan de nosotros, creo, afirma, que pasamos de moda, los vocabularios cambiaron, mezclan expresiones extranjeras con las nuestras, hablan de personajes de ficción como si fueran reales y sentimos que las nuevas generaciones cada vez más están distanciando a sus predecesores, porque sus temas son aburridos y sus repetitivas historias ya están muy gastadas.

En ese instante tengo que retirarme despidiéndome con una expresiva manifestación de agrado, el de haber compartido un tiempo de información y enseñanza, prometiendo un próximo encuentro, dejo a don Félix contento por haber tenido la oportunidad de expresar sus vivencias y compartir experiencia, flotando en el aire el enigma de que modelo de mundo nos espera, un siglo XXI de una sociedad enmudecida, de voces sin ecos, de gritos sordos, por favor, quiero dejar un mundo mejor.

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Diplomático (J) y Profesor Universitario Paraguayo.

Parehara es una palabra en Guaraní, lengua oficial en Paraguay junto al español, que significa mensajero


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