Socialdemocracia sin apellidos

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Carlos Revilla

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Carlos Revilla M.
crevilla@cambiopolitico.com

Revisando documentos me encontré con una vieja publicación de la Juventud Liberacionistas llamada “El Socialdemócrata”, que se publicaba por allá de finales de los años 60s y principios de los 70s del siglo pasado.

Pues bien, me llamó la atención uno de los editoriales del periódico, que me sorprendió gratamente dado el planteamiento tan llano, pero directo de un tema tan complejo como lo es hablar del socialismo.

Fuera de cosas obvias, como que ya no existe el bloque soviético y se acabó la guerra fría, el editorial tiene —en mi concepto— algunas ideas muy importantes que siguen estando vigentes todavía y que vale la pena rescatar.

El tema del editorial es el socialismo o si se quiere —lo cual me parece válido— la socialdemocracia o el socialismo democrático. Los tres son parecidos, pero que no son los mismo (en otra oportunidad prodríamos ver cuáles son esas diferencias).

Ya el mismo título se las trae “Socialismo sin apellidos”, y esto porque últimamente les ha dado por estar poniéndole adjetivos al socialismo o la socialdemocracia. Por ahí tenemos el famoso “Socialismo del siglo XXI” o la tan cacareada “Socialdemocracia moderna” o “Socialdemocracia remozada” como la llaman otros.

Y de eso se trata precisamente, que el socialismo y por extensión la socialdemocracia, son profundamente democráticos y humanistas. Llevando esto al tiempo actual, lo que significa es que otros quieren apropiarse de la socialdemocracia, pero que en el fondo se trata solo de tener su nombre, porque en en el sustrato son otra cosa.

Poderosa marca es la socialdemocracia, que muchos tratan de usarla para su beneficio, pero que en el fondo es nada más que un vil engaño. Y entonces los usurpadores utilizan adjetivos para hacer creer que se trata de lo mismo, solo que “actualizado” o “remozado”, todo esto con la intención de atraer a los incautos.

En esa supuesta modernidad o remozamiento es donde está el engaño. La socialdemocracia no tiene apellidos, no los necesita.

Editorial Periódico “El Socialdemócrata”, No. 5

Socialismo sin apellidos

La idea socialista surge como el marco teórico de una vigorosa lucha por la libertad del hombre. El propósito fundamental del socialismo, su vocación medular —lo hemos señalado en otras oportunidades en estas mismas páginas— es la libertad integral y real del ser humano, la posibilidad de que el hombre desarrolle sus potencialidades y se realice plenamente.

Esta inspiración ética fundamental origina una relación necesaria e indispensable entre el socialismo como forma de organización económica y social, y la democracia como forma organización política de la sociedad, y lleva directamente a la tesis que ha sostenido en forma permanente la socialdemocracia de todos los tiempos: no hay socialismo sin democracia ni democracia sin socialismo; son las dos caras de una misma aspiración ética, los dos afluentes de una misma corriente literaria; su interrelación es dialécticamente necesaria, y su existencia misma está mutuamente condicionada.

Haciendo referencia a este tema, y enfocando en forma específica, el problema de la transición del capitalismo al socialismo, decia Federico Engels, en su “Crítica del Programa de Erfurt” (1891):

La república democrática … es … la forma específica para la dictadura del proletariado”.

Y a través de todos sus escritos y actuaciones, Marx, Engels, Bernstein, Rosa Luxemburgo, y todos los grandes pensadores y militantes socialistas del siglo pasado, reiteran la inspiración democrática que es esencial en el socialismo. Con toda razón el eminente pensador costarricense Rodrigo Facio, al comentar este tema, señala que:

Hasta la segunda revolución rusa (febrero de 1917) los marxistas de todos los países partían del criterio de que la república democrática parlamentaria era la forma de organización política más conveniente para el periodo de transición del capitalismo al socialismo”.

(Planificación económica en régimen democrático, 1959).

Sin embargo esta raíz humanista del pensamiento y la acción socialistas, médula y sustancia fundamental de la corriente doctrinaria, ha sido olvidada, pospuesta, violentada o traicionada por corrientes de pensamiento y sectores políticos que se autodenominan socialistas sin serlo, aprovechando así la inmensa tradición ideológica y usufructuando el prestigio intelectual y moral de socialismo.

Estas corrientes y estos partidos y estos partidos han dado origen a concepciones ideológicas y procesos políticos totalmente a alejados de la original vertiente espiritual del socialismo, y que contradicen en forma vertebral la inspiración ética y la definición filosófica básica del pensamiento socialista: la lucha por la libertad del hombre.

Así con el advenimiento de la experiencia revolucionaria rusa, y con la posterior imposición dogmática mecánica y acrítica de ese modeló político a los procesos revolucionarios de los países que ingresan o son ingresados en la órbita Soviética, el ideal socialista es desplazado aceleradamente por el surgimiento de nuevos dogmas, nuevas formas de opresión, nuevos mitos, y nuevos métodos de explotación popular. Se abandona y se rechaza el gobierno del pueblo, para enquistar en el aparato estatal totalitario una nueva clase ávida de privilegios, y se constituye una oligarquía monopólica y excluyentemente el poder poíltíco.

Con este proceso, se rompen para siempre los ya debilitados vínculos entre estos grupos y estas corrientes ideológicas, por una parte, y el ideal socialista, por la otra. A pesar de ello, y en una de las más grandes tergiversaciones de la historia, la nueva clase explotadora y sus acó1itos en todo el mundo, asumen el monopolio absoluto y excluyente de la tradición socialista.

Ocultan esos sectores, no perciben algunos pueblos, que el socialismo es uno solo, poseedor de una raíz filosófica y ética esencíalmente humanista, libertaria y democrática. Se tergiversa la historia y la filosofía, y no se reconoce que los regímenes político-económicos nacidos bajo la acción de ese socialismo mentiroso, en Europa del Este, Asia y América Latina, no son socialistas ni tienen ya ningún punto real del contacto con la aspiración democrática y humanista del socialismo.

A estos regímenes y a estas corrientes ideológicas podemos darles cualquier denominación, considerando que representan en realidad formulacíones político-económicas nuevas y originales en la historia del pensamiento. Esa ideología y ese modelo de organización política pueden ser denominados sovietismo, capitalismo de Estado, neozarismo, socialfacismo, socialtotalitarismo, o dársele cualquier otro nombre, menos el de socialismo.

Estos regímenes no son socialistas, porque el socialismo es otra cosa. El socialismo tiene una esencia democrática impostergable, y una raíz humanista que no puede olvidarse. El socialismo es uno solo, y no acepta apellidos.

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