Sobre el Déficit Fiscal

Fernando Berrocal Soto

Fernando Berrocal Soto

Desde el Programa de Gobierno de Oscar Arias, hace más de 12 años, venimos diciendo que hay que atacar las causas para poder resolver los efectos. Ese fue el cambio de concepto que se trató de introducir desde el Partido Liberación Nacional (PLN). El problema estatal, que ya en ese tiempo se veía era de tipo estructural e institucional.

Lamentablemente no se avanzó mucho.

Esa visión tiene aspectos que superan un enfoque de una mejor y mayor eficiencia y desbordan las propuestas de simple administración, aunque por supuesto hay mucho que se debe hacer en ese sentido.

EL Estado Costarricense requiere de reformas constitucionales y legales, así como el enfoque de la política económica del país urge de una nueva visión ideológica, menos estatista y más liberal. No estoy hablando de neoliberalismo y de un enfoque que priorice solo las variables macroeconómicas desde el Banco Central.

Estoy hablando de desarrollo económico sostenible y de impulso al sector privado productivo que es el que genera riqueza nacional, social e individual. Y estoy hablando de un Estado mucho más pequeño y limitado a las funciones que le son esenciales, entre ellas las de control de los posibles excesos del mercado y la tendencia a los monopolios privados, en una economía tan pequeña como la costarricense.

Necesitamos un keynesianismo moderno y adaptado a las realidades de la globalización y la necesidad de insertarnos en la economía mundial y el comercio internacional, potenciando nuestras ventajas comparativas y las fortalezas de nuestro país. Ahí es en donde veo la intervención pro activa del Estado, por medio de alianzas estratégicas con el sector privado productivo, nacional y transnacional. No en estar jodiéndole la vida a todo el mundo, con una mentalidad burocrática y estatista pasada de moda y reaccionaria, como es la actual.

Pero sobre todo, se necesita que dentro de la social democracia costarricense, muchos compañeros de buena fe evolucionen su pensamiento y superen, sin olvidar las raíces éticas y el compromiso social del PLN, la visión estatista que fue muy exitosa en la segunda mitad del siglo XX y que no da en el presente para más. O hay una reforma del Estado de tipo estructural e institucional o el Déficit Fiscal seguirá siendo un problema del país, aunque sus efectos negativos se logren paliar con unos cuantos y buenos parches, como los que sugirió el gobierno de doña Laura Chinchilla y retomó, con mucho menos fuerza, el de Luis Guillermo Solís y ahora …va de nuevo con el gobierno del presidente Carlos Alvarado.

Veremos…tengo confianza en la juventud del presidente y hasta ahora lo ha ido haciendo bien, pero todavía no he leído nada sustantivo sobre reformas constitucionales y legales en la estructura e institucionalidad del Estado costarricense y sus más de 300 instituciones, ni sobre reformas en el concepto de autonomía, tal y como la define la Constitución Política de 1949, ni sobre otros temas. Por ejemplo, acabo de leer un informe de la Contraloría General de la República (CGR) sobre el desastre institucional y las duplicaciones e ineficiencias, que se presentan en el sector de solidaridad social. Invertimos más que ningún otro país de América Latina, en términos propoporcionales, en solidaridad social, para complementar salarios, dar almuerzos en las escuelas y colegios y diferentes ayudas sociales y humanitarias. Eso me parece excelente y eso es social democracia, mientras el país se desarrolla, crece económicamente en relación al PIB y logramos disminuir la pobreza. Ese no es el tema.

El tema es que lo podríamos hacer mucho mejor y lograr que esa solidaridad social, efectívamente, logre sus propósitos y llegue directamente a quien lo necesita y sus familias. No lo podemos hacer porque la visión es estatista y clientelista. Así se transformó en los últimos tiempos, por razones políticas y de dar “chamba” a los partidarios de uno y otro partido político. Pero esa no fue la visión original del PLN. Si el Estado, por medio del Ministerio de Trabajo, que es al que le corresponde y el IMAS (no como ministerio, sino como la institución que fue originalmente concebida por el PLN), se dedicaran a funciones de supervisión y control estricto, dándole participación a ONG laicas y religiosas en la etapa final, bajo estrictos controles estatales, esa solidaridad se multiplicaría y sería mucho más eficiente. Sus resultados
se multiplicarían.


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