Sin desperdicios, personas con hambre comerían cuatro veces

Por Thalif Deen

Polonia desperdicia por lo menos 8.9 millones de toneladas de alimentos al año. Crédito: Claudia Ciobanu / IPS

Polonia desperdicia por lo menos 8.9 millones de toneladas de alimentos al año. Crédito: Claudia Ciobanu / IPS

ESTOCOLMO, 29 may 2018 (IPS) – La crisis alimentaria se agrava en un contexto de crecientes conflictos militares, y la Organización de las Naciones Unidas (ONU) redobla esfuerzos para erradicar el hambre extrema para 2030, con la colaboración de la sociedad civil.

Incluso se llamó al Consejo de Seguridad de la ONU en abril a esforzarse más para “romper el vínculo entre hambre y conflictos”.

“Casi las dos terceras partes de las personas con hambre viven en países con conflictos”, dijo el secretario general adjunto de Asuntos Humanitarios y coordinador de Asistencia de Emergencia, Mark Lowcock, al Consejo de Seguridad.

IPS conversó al respecto con Alessandro Demaio, director ejecutivo de la organización internacional EAT, con sede en Noruega, dedicada a luchar contra el hambre mediante “la transformación del sistema alimentario global para alimentar a la creciente población mundial con alimentos más saludables procedentes de un planeta saludable, sin dejar a nadie atrás”.

IPS: El segundo de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) se propone erradicar el hambre para 2030. ¿Cree que es factible?

ALESSANDRO DEMAIO: La alimentación se relaciona de una manera u otra con los 17 ODS.

Como médico me preocupa enormemente que más de 800 millones de personas pasen hambre y que más de 2.000 millones tengan sobrepeso, a lo que se suma el aumento exponencial de enfermedades evitables y relacionadas con el tipo de dieta como diabetes, problemas de corazón y distintos tipos de cáncer.

Trabajando en Mongolia, Sri Lanka y Camboya vi cómo el hambre adopta distintas formas.

La malnutrición se manifiesta en los niños de dos maneras clave: dejándolos peligrosamente flacos para su altura o impidiendo su crecimiento de forma permanente. En el otro extremo, poblaciones con dietas excedidas en calorías, pero bajas en nutrientes es responsable del sobrepeso y la obesidad.

Una tercera parte de los alimentos producidos se pierden o se desperdician, lo que alcanzaría para alimentar hasta cuatro veces a todas las personas que pasan hambre.

Pero la lentitud con que se responde a las crecientes presiones que implica el cambio climático y el aumento de las desigualdades sociales hace que no todo el mundo tenga acceso a los alimentos adecuados. De hecho, la ONU declaró en 2017 que después de una década de disminuir, el hambre aumenta otra vez.

Creo que podemos alcanzar el hambre cero para 2030. Tenemos muchas soluciones, como conectar a los pequeños agricultores con los mercados, eliminar las barreras al comercio e impulsar la producción sostenible de alimentos.

Pero necesitamos voluntad política, y que los actores de distintos sectores, fronteras y disciplinas trabajen juntos.

No solo producimos lo que nos enferma y que destruye al planeta, sino que seguimos subsidiándolo con miles de millones de dólares al año. Los más pobres son los menos responsables de ello y los más afectados por esa tendencia.

IPS: ¿Cuál es su agenda para ayudar al sistema de alimentación?

AD: En nuestro trabajo para reformar el sistema de alimentación mundial en EAT conectamos y asociamos la ciencia, los políticos, el sector privado y la sociedad civil para lograr cinco transformaciones radicales y urgentes para 2050.

1. Cambiar las dietas para que sean saludables, gustosas y sostenibles;

2. Realinear las prioridades del sistema de alimentación priorizando a las personas y al planeta;

3. Producir más alimentos adecuados, con menos;

4. Salvaguardar nuestra tierra y nuestros océanos;

5. Reducir radicalmente las pérdidas y el desperdicio de alimentos.

Alrededor de 1.300 millones de toneladas de alimentos se pierden cada año.

En las naciones más pobres, ese desperdicio generalmente ocurre antes de que llegue al mercado, lo que, en parte, se puede resolver mediante tecnologías simples en la cadena de suministro, como transporte, empaquetado y refrigeración.

Intervenciones tecnológicas como la agricultura de precisión o inversiones en procesos posteriores a la cosecha marcarán una gran diferencia.

En los países más ricos, la mayor parte del desperdicio ocurre cuando deja el mercado, en los supermercados o en los hogares.

Comprar menos, pero más seguido, evitar las compras impulsivas y tomar medidas para reducir promociones como “compre uno y lleve otro gratis” son medidas clave.

IPS: El mundo necesita producir por lo menos 50 por ciento más de alimentos para alimentar a las 9.000 millones de personas que habitarán el planeta para 2050. ¿Es un objetivo alcanzable, teniendo en cuenta, además, el impacto del cambio climático en los cultivos?

AD: La mala noticia es que la agricultura moderna no nos alimenta a todos ni nos alimenta bien. La buena noticia es que nunca tuvimos una oportunidad como esta ni tanto conocimiento o ingenio ni capacidades para solucionarlo.

Aumentar las inversiones en infraestructura para la etapa de cosecha, combinado con un mejor acceso a mercados y tecnología permitirá minimizar las pérdidas en el campo en países de bajos y medianos ingresos.

Y en los países de mayores ingresos, las empresas y los consumidores deben cumplir un papel transformador para reducir el desperdicio.

Promover mejores hábitos de consumo, análisis del tamaño de las porciones y mejorar las técnicas de preparación de alimentos permitirán a los consumidores pueden lanzarse de cabeza a la economía de alimentos circular. Cada gramo de comida que no se pierde ni se desperdicia generará una ganancia económica, de salud y ambiental.

He visto cómo diversificando lo que plantamos podemos cubrir las necesidades nutricionales globales y locales. En cambio, la manipulación genética ofrece elevar la productividad, la nutrición y la tolerancia a incertidumbres ambientales.

Básicamente, el futuro de la agricultura no depende solo de la expansión de métodos intensivos, sino de aprovechar métodos holísticos, precisos y apoyados en la tecnología, que mejoran la producción de alimentos más nutritivos y resistentes al clima.

IPS: ¿Cómo afectan los conflictos bélicos, en particular en Asia y África, el suministro de alimentos?

AD: Los grandes conflictos nacionales o regionales suelen originarse a partir de la competencia por el control de los instrumentos de producción de alimentos, como la tierra y el agua.

Una población creciente, menor productividad y menor contenido nutritivo de algunos cultivos debido al cambio climático genera un mayor estrés, elevando el malestar de la población o la incidencia de conflictos bélicos.

Los contextos son importantes y ya sea el cambio climático, la escasez de alimentos, las crisis hídricas, la sostenibilidad de los océanos o los conflictos geopolíticos, muchos o la mayoría de ellos, están relacionados entre sí.

Un ejemplo es cómo la acidificación de los océanos y el recalentamiento planetario tienen consecuencias en la pesca y en la redistribución de la sobrepesca, suponen un estrés para las poblaciones de peces, lo que puede derivar en nuevas tensiones geopolíticas. Dado que muchos de esos desafíos están interrelacionados, también presentan oportunidades para una mitigación conjunta.

IPS: ¿Cuál es el principal objetivo y la agenda del foro de EAT, que se realizará en Estocolmo del 11 al 12 de junio?

AD: Lograr una dieta saludable y sostenible para una población que casi llegará a los 10.000 millones de habitantes es un desafío monumental, pero está a nuestro alcance. El Foro Alimentario de Estocolmo es un aporte a la resolución de ese desafío.

El objetivo es reunir innovadores, dirigentes y pensadores creativos, quienes rara vez se juntan, y hacerlos trabajar juntos en desafíos globales interrelacionados como: sistemas alimentarios, cambio climático, seguridad alimentaria, salud global y desarrollo sostenible.

Este año organizamos el 5 Foro Alimentario de Estocolmo, junto con el gobierno de Suecia.

Tenemos oradores increíbles como la directora general del Banco Mundial, Kristalina Georgieva; una de las arquitectas del Acuerdo de París sobre cambio climático, Christiana Figueres; el chef y exjefe de alimentación del gobierno de Barack Obama, Sam Kass; además de otros héroes del sector en representación de 29 países y seis continentes.

Traducción: Verónica Firme


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