Sigue tuerto el cubero y la economía como el cangrejo

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Reflexiones

Leiner Vargas
lvargas@una.ac.cr

Leiner Vargas

En política monetaria existen dos formas distintas de ver la realidad, la primera la versión es la monetarista, que asume que todo aumento en la cantidad de dinero que supere la tasa de crecimiento de la economía debería esterilizarse o de lo contrario produciría inflación y la versión keynesiana, que establece que, en momentos de alto desempleo, es posible incrementar la producción a partir de la expansión de la oferta monetaria. Es simple, quienes profesan la escuela monetarista han sido obsesionados con la idea de control monetario, lo que ha dado lugar al famoso y ya bastante pasado de moda, modelito de metas de inflación que sustenta el actual programa monetario que reciben los oficiales novatos y economistas en los cursitos rápidos de macroeconomía del Fondo Monetario Internacional.

El primero, el enfoque monetarista, se trata de un modelo simple dónde el crecimiento económico es exógeno y las variables que se ajustan son los precios y los agregados monetarios. Es un modelo para equilibrar la balanza de pagos en condiciones de pleno empleo. Ante lo anterior, no es poco común mirar a estos seguidores de la escuela de Friedman, el sustentar todo un programa de ajuste asociado con la creciente y obsesiva idea de la inflación. La inflación se convierte en la meta del programa y aunque las expectativas digan que tendremos deflación en el horizonte, los “fridmaniáticos” siguen la receta al pie de la letra, no importando lo alto sea el desempleo, no importando que tan alto sea el deterioro de la producción y por supuesto, no importa que tan alta sea la crítica social, el credo religioso apocalíptico de la inflación por venir será su gran batalla.

Por el contrario, la versión “neo-estructuralista” basada en los últimos avances del trabajo económico de Shumpeter y de las críticas keynesianas, asumen que las crisis de oferta requieren de un estímulo especial de demanda. Es decir, se prevé entonces la posibilidad de usar las letras del tesoro y la expansión de la demanda agregada como formas de combatir una depresión económica y el aumento del desempleo más allá de lo acostumbrado. Si bien esto podría reflejarse también en algunos precios, tal como la depreciación del tipo de cambio y el crecimiento de algunos precios de bienes no comerciables, producto del aumento en la cantidad de dinero en la economía, el efecto de mayor demanda si resulta adecuadamente invertido en capital emprendedor y en gasto que impulse el empleo podría ser la medicina correcta en momentos de alto desempleo y cuando la depresión económica apura. Autores recientes en esta disciplina tales como, Mazzucato plantean que es vital actuar sobre el componente innovador y emprendedor del Estado, es decir, que el financiamiento de la innovación y del desarrollo emprendedor es esencial en momentos de alta recesión económica. Esto nos indica claramente que no se estimula nada más a los demandantes como en los viejos tiempos de la depresión de 1929, sino que se requiere una intervención selectiva de la oferta, buscando ampliar la base productiva y aumentando la productividad social.

Se trata entonces de los macroeconomistas de la moneda versus los macroeconomistas de la producción, los del obispado Fridmaniano y los nuevos estructuralistas. Se trata de un discurso viejo del debate económico, pero prudente y deseable de tener en el país, dado que ahorita mismo, los monetaristas dominan el equipo económico del gobierno Alvarado y claramente, su barco está haciendo aguas. El PIB decrecerá en cerca de 5 por ciento en el 2020, el desempleo supera el 25% de la PEA y los pronósticos del segundo semestre van a la baja. Así las cosas, Costa Rica debe relevar a este obsesionado equipo que no está dando resultados y poner en el timón a un nuevo equipo de economistas que podrían salvar el hundimiento de nuestro barco.

El Banco Central, no atiende ni entiende las críticas de quienes vemos cómo actúan destrozando el ecosistema productivo, dado que su mundo cerrado del modelito de metas de inflación no le da para más. Así de claro señor presidente de la república, si necesita resultados diferentes atienda y entienda que con los mismo y con los mismos, tendrá los mismos resultados.

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Economista, catedrático de la Universidad Nacional.


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