Sí a la vida y Sí a la familia

Desde La Mina 2.0
Mauricio Castro Salazar
mauricio.castro@costarricense.cr

Mauricio Castro

Rompieron los nortes y eso nos marca que ya la Navidad se acerca. El país se pone de locura, las tiendas, las calles y ni se diga el aeropuerto, todo se pone de locura. Pero también inicia el tiempo para compartir con amigos y en familia.

El domingo pasado se celebró una gran marcha por la vida y la familia, una marcha de locura (por lo grande y por el enfoque), en algunos medios de prensa se pudo leer esto: “ Vestidos de blanco y con mensajes de “Sí a la vida y sí a la familia” adultos, niños, mujeres y ancianos caminan por el centro de la capital.”

Yo soy de los que dicen Sí a la vida y Sí a la familia. Creo en los derechos humanos y en el respeto a las personas, de todas las personas. Posiblemente mi defensa la hago de una forma distinta a la que hacen algunos participantes de la marcha.

La figura de abajo muestra familias, dígame cuál de todas NO es familia:

Sí a la vida y Sí a la familia

Póngale rostro y dígale a alguno de los grupos que no es una familia (véase usted diciéndoles que no son familia).

Siendo diciembre el mes por excelencia para la unión familiar y para compartir con los amigos. ¿A cuál excluye?¿A cuál de todos esos grupos no invita usted a su casa porque no tiene el derecho a compartir la Navidad con su familia porque no es familia?

Yo quiero un país inclusivo, en el que se respete a todos por su simple condición de ser una persona, de ser humano, ¿o es qué existe alguna condición que nos permite decirle a alguien que ya no es miembro del club de los seres humanos?

Nací católico, crecí y me eduqué en un colegio católico, me siento católico y moriré católico, y estoy un toque viejo como para que vengan a decirme que llego el momento de discriminar y ser parte del grupo (grande o pequeño) de los que quitan la calidad de ser humano a alguien o de decirle a un grupo de personas que se siente familia, que vive como familia, que actúa como familia, que no es familia.

Desde mi casa en La Mina, en Santa Ana, grito con fuerza: ¡yo no soy del grupo de discriminadores, aunque estos sean o se consideren la mayoría!

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