Sanders, Iowa y un método de primarias demócratas mejorable. Dossier

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Guido Moltedo, Ben Burgis

Bernie Sanders

Iowa fue una farsa, pero Sanders consiguió más votos que cualquier otro demócrata

Guido Moltedo

Con el 97% del voto de los “caucus” de Iowa, Donald Trump aplastó a sus oponentes, William Weld y Joe Walsh, cada uno de los cuales consiguió solo un 1%. Los republicanos celebraron sus propios “caucus” de Iowa el lunes, algo así como una parodia de los que de veras importaban, los del Partido Demócrata el martes.

Los “caucus” demócratas, sin embargo, acabaron pareciendo una farsa por una razón completamente distinta. Dato importante: el actual presidente se ha anotado una doble victoria política, sin tener que hacer absolutamente nada al tiempo para merecerla, en uno de los días más obscuros de la historia política de los demócratas.

La primera victoria de Trump estuvo en el voto republican: por supuesto, ridículamente simbólico y nada más, pero que marca la confirmación del “estilo de república bananera” de su definitivo dominio sobre un partido del que se ha apoderado gradualmente como un extraño y que está hoy sus pies. La segunda victoria de Trump reside en el espectáculo del partido que se presenta contra él, que parecía como de aficionados sin rumbo y sin organización, mientras se ven forzados a tocar retirada en Washington en la batalla por su destitución [“impeachment”].

Acaso el desastre de Iowa no fuera más que una casualidad, una mala broma que a todos les gastaron los caprichos de la alta tecnología, y quizás vaya todo con fluidez a partir de las próximas primarias en Nueva Hampshire. Es muy probable, y sin embargo, este mal comienzo dejará su señal, y seguirá siendo un factor que pese en el difícil camino que el Partido Demócrata ha de emprender de aquí al verano, la estación de las convenciones, y luego en la batalla final por la Casa Blanca y el Congreso en noviembre.

Por otro lado, contrapunto de esta perspectiva pesimista es el resultado que surge de los datos, muy confusos y contradictorios, del voto en Iowa, voto que parece trazar claramente los contornos de la carrera por la designación de una candidatura, algo que probablemente se confirme en las primarias del jueves en Nueva Hampshire: con la información del 71% de los distritos, Bernie Sanders está casi empatado con Pete Buttigieg en cabeza (Sanders gana en cuestión de votos reales emitidos), mientras que Joe Biden se arrastra bastante por detrás, con un enorme boquete entre él y Sanders. Esto significa que una opción política está en ascenso y muestra señales de prevalecer sobre la otra: a saber, la izquierda socialdemócrata por encima la “centrista” clásica demócrata.

Frente a ese resultado y la perspectiva que abre, si la estructura de poder demócrata, los clintonianos, Obama mismo, John Kerry, Nancy Pelosi y otros notables acabaran decidiendo emplear su tiempo, recursos y energía para contrarrestar este proceso, es evidente quién se beneficiaría de esos esfuerzos: Donald Trump.

Si, por otro lado —a diferencia de lo que sucedió en 2016—, prefieren unirse tras el impulso de Sanders, el Partido Demócrata tendrá una verdadera oportunidad de vencer a Trump y recuperar la mayoría en el Senado.

Tenemos que esperar hasta comienzos de marzo para ver qué rumbo va a seguirse. Después de Nueva Hampshire, febrero traerá los “caucus” de Nevada y las primarias de Carolina del Sur, que llevan al decisive Super Martes del 3 de marzo, que marcará la entrada en la carrera de Michael Bloomberg. En ese momento, el magnate de Nueva York bien pudiera forjar una alianza con la estructura de poder del Partido y sus notables para oponerse a Sanders, en nombre de la búsqueda de un candidato menos “contaminado” por opinions de izquierda.

Entrarán en juego intereses de envergadura y el infinito dineral que Bloomberg ha invertido y está planeando invertir desempeñará un papel importante, así como las maniobras de los mandamases del Partido. Sin embargo, tendrán que contar con la movilización y los votos de un electorado demócrata que está experimentando un cambio demográfico significativo (el otro dato alentador del debate en Iowa), con la participación activa y sólida de los jóvenes y de gente con enorme motivación.

No les motiva solo el deseo de mandar a Trump a casa, sino también el impulso de cambiar el Partido Demócrata mismo, algo que rebasa con mucho las elecciones presidenciales. Quieren cambiar sus medidas políticas y sus programas, pero también su modo de funcionamiento, su organización. Tienen como objetivo convertirlo en un partido verdaderamente “demócrata”, tanto como sea possible, con una perspectiva sólidamente socialdemócrata.

il manifesto global, 6 de febrero de 2020

Bernie obtuvo la mayoría de los votos en Iowa, lo que significa que ganó Iowa

Ben Burgis

No deje que los periodistas centristas y los formadores de opinión le engañen. Bernie Sanders ganó Iowa, simple y llanamente.

El caucus demócrata de Iowa fue un desastre. Los resultados tardaron días en publicarse y, como informa el New York Times, han estado “plagados de errores e inconsistencias”. Los voluntarios que administran algunos sitios de reunión del caucus pueden no haber aplicado las reglas recientemente modificadas y otorgaron la cantidad incorrecta de equivalentes delegados estatales (SDE) a cada candidato La maraña de fallos humanas y tecnológicos que rodean el proceso se ha atribuido a todas las causas posibles, desde la incompetencia hasta la conspiración pasando por una inconsciente tendenciosidad.

Los hechos más importantes, sin embargo, son incuestionables. Los demócratas de Iowa llegaron a sus sitios de caucus y declararon sus preferencias iniciales, es decir, qué candidatos querían apoyar, y estas se registraron como las cifras de “primera alineación”. Los asistentes al caucus cuyo candidato no alcanzó el umbral del 15 por ciento en su lugar de reunión tuvieron la oportunidad de cambiar su apoyo a un candidato diferente para una “alineación final”. Los números de la alineación final se utilizaron para asignar a cada candidato tanto los SDE (para la convención demócrata del estado de Iowa) como los delegados a la convención federal.

Las primeras cifras de alineación indican que 42,672 habitantes de Iowa se presentaron en sus lugares de caucus para respaldar a Bernie Sanders, unos seis mil votos más que a favor de su competidor más cercano entre los ocho candidatos en liza, el ex alcalde de South Bend, Pete Buttigieg. En la alineación final, este margen de voto popular masivo se redujo unos aún importantes 2.500. Otros candidatos, uno de los cuales, recordemos, es el ex vicepresidente de los Estados Unidos, quedaron muy por detrás.

En pocas palabras, Bernie ganó.

Bernie contra los medios

Sería excusable pensar que esta victoria del socialismo democrático en la primera votación de 2020 ocuparía los titulares sobre las primarias demócratas de Iowa. ¿No deberían los expertos estar escribiendo sus columnas de autocrítica preguntándose cómo han podido subestimar tanto al senador Sanders? ¿No deberían los telediarios y editoriales pasar de cuestionar los twitts de los partidarios más fervientes de Bernie a analizar críticamente por qué a tenido tanto éxito su campaña de base llamando a las puertas de las casas?

Sin embargo, de alguna manera, la narrativa dominante de los medios ha sido que la victoria del voto popular a Sanders, que nadie discute, es irrelevante porque podría tener menos SDE. Inicialmente, un artículo de Slate titulado “Cómo ganó Pete” – después matizado “Cómo Pete derrotó a Joe” – dedicó una frase de pasada a la “estrecha” victoria del voto popular a Sanders antes de entusiasmarse en varios párrafos sobre el (posible) liderazgo de Pete en la asignación de SDE.(Buttigieg había declarado su victoria sobre la base de una mayoría no probada de SDEs la noche de las primarias. Desde entonces, a medida que ha habido más información, el margen de SDEs se ha reducido y se ha vuelto menos evidente).

Cuando Sanders celebró una conferencia de prensa el miércoles para declarar que ganó gracias a su ventaja indiscutible en la votación popular, la cobertura de los principales noticieros lo calificó, en el mejor de los casos, como tan presuntuoso como el anuncio anterior de victoria de Buttigieg. Vox , el New York Times y el Washington Post utilizaron el mismo argumento para erosionar la declaración de victoria de Sanders: que la victoria o la derrota en Iowa deben medirse en el número de SDEs, ya que fue lo que se utilizó para declarar a los anteriores ganadores.

La irrelevancia de los SDEs

Este argumento es erróneo por al menos tres razones.

Primera, dado el pequeño número de delegados en juego en Iowa, las primarias son importantes no por su impacto en la eventual votación en la Convención Nacional Democrática, sino porque el mandato democrático de los asistentes al caucus de Iowa impulsa al candidato que elijan.

En segundo lugar, debido a las recientes reformas estatutarias del Partido Demócrata de Iowa, los SDEs ya no son relevantes incluso para la selección de delegados a la convención federal. Como Sanders señaló en su declaración de victoria, solía ser posible que los delegados en la convención del estado (que son seleccionados sobre la base de los SDEs) votaran para asignar más delegados a la convención federal a favor de un candidato que los ganados sobre la base de sus votos de alineación final. Pero esto ya no es así.

Finalmente, la razón por la cual el voto popular no se usó para proclamar al ganador en 2016 y antes es que el Partido Demócrata de Iowa no se molestó en contar el voto popular en el estado y comunicarlo a la prensa. De manera reveladora, los medios de comunicación todavía estaban tan ansiosos por dar al menos la apariencia de informar sobre el voto popular que el New York Times y otros medios recurrieron a multiplicar los SDEs por cien y acompañaron esta cifra con una nota al pie de página que reconocía que estos no eran los “votos reales” emitidos. Este año ya no fue necesario solucionar el problema, ¿por qué no simplemente determinar quién ganó y quién perdió en función de quién obtuvo la mayor cantidad de votos?

Poca importa que los periodistas centristas y los formadores de opinión quieran confundirnos. Los resultados fueron claros. Dígalo conmigo: Bernie ganó.

Guido Moltedo director de la revista digital “ytali” y especialista en política norteamericana, trabajó durante un cuarto de siglo en el diario “il manifesto”, con el que sigue colaborando. Fue director de comunicación del ayuntamiento veneciano y es autor de libros como “Obama, rockstar della politica americana”.

Ben Burgis profesor de filosofía y autor de Give Them An Argument: Logic for the Left. Comentarista de “The Debunk” todas las semanas en The Michael Brooks Show y colaborador de la revista Jacobin.

Fuente: Varias

Traducción:Enrique García Lucas Antón para sinpermio.info


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