Sahel: Una guerra por la gracia de Dios

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Guadi Calvo

Sahel

Diferentes informes están alertando que, desde hace varias semanas, en el marco de la guerra que fuerzas militares occidentales, fundamentalmente de Francia, Estados Unidos y Reino Unido, junto a ejércitos de la región del Sahel, mantienen contra diferentes khatibas que responden tanto al Daesh como al-Qaeda, estas dos organizaciones están teniendo enfrentamientos armados entre ellas.

En una de las últimas ediciones del boletín informativo semanal al-Naba, órgano semi oficial del Daesh, este denuncia que al-Qaeda no pierde oportunidad para golpear arteramente a los “hombres del califato”. Señalan que la organización fundada en 1988 por Osama bin Laden, ha declarado la “guerra” en contra de sus muyahidines, mientras estos luchan contra los “cruzados occidentales”.

En el extenso territorio que las potencias occidentales libran la guerra contra el terrorismo en África Occidental que ocupa amplias regiones de Mali, Burkina Faso, Chad, Níger y que con diferentes características también incluyen el oeste de Mauritania, norte de Nigeria, norte de Camerún y sur de Argelia, la guerra intra takfirista ha comenzado a producir bajas a ambas organizaciones.

Tanto la banda signataria de al-Qaeda, conformada en 2017 por media docena de organizaciones independientes conocida como Jamāʿat nuṣrat al-islām wal-muslimīn, (Frente de Apoyo para el Islam y los Musulmanes) o JNIM, como la organización Estado Islámico en el Gran Sáhara (ISGS) repiten ahora en el corazón del Sahel, el mismo cuadro que ya se jugó en Siria, y actualmente también se desarrolla en Afganistán.

En 2012, en plena guerra contra el gobierno del presidente sirio Bashar al-Assad, una multitud de organizaciones terroristas y mercenarios alentados y financiados por las monarquías del golfo, con la anuencia de los Estados Unidos , Francia y Reino Unido, llegaron a Siria, entre las que se encontraba una organización conocida como Estado Islámico de Irak y el Levante, o EIIL, la sucursal de al-Qaeda en Irak, lo que produjo la inmediata reacción del Frente al-Nusra, el capítulo sirio de al-Qaeda global.

No fueron pocas las batallas entre las khatibas “hermanas”, que produjeron decenas de bajas, con un derroche inútil de recursos, que no eran utilizados contra las fuerzas del presidente al-Assad, por lo que la orden del sucesor de bin Laden, el emir de la organización, el médico egipcio, Aymán al-Zawahirí, fue taxativa: los iraquíes deberían retornar a su país. Dicho edicto provocó la insubordinación de un emir conocido como Abu Bakr al-Bagdadí, quien después de auto proclamarse como el Califa Ibrahim, fundaría en Mosul en junio de 2014, el Daesh, la organización que escribiría las páginas más sangrientas de terrorismo wahabita.

De alguna manera este espectro se ha reproducido en Afganistán, donde, desde el 2015-2016, han desembarcado numerosos milicianos del Califato, para conformar lo que se conoce como el Daesh Khorasan, provocado la reacción de los talibanes, que junto a sus viejo aliados de al-Qaeda, están disputando algunas áreas en distintas provincias afganas. El talibán nunca ha tolerado la presencia de ninguna organización terrorista extranjera en Afganistán, más allá de al-Qaeda. Desde los acuerdos de Doha firmados el 29 de febrero último con los Estados Unidos, los talibanes están obligados a impedir y combatir a cualquier organización terrorista que pretenda operar en sus territorios.

También en Yemen ambas organizaciones han tenido sus enfrentamientos: el Daesh de la Willat (provincia) de Yemen, en un video publicado a fines del pasado abril, acusa a al-Qaeda en la Península Arábiga (AQAP) junto a al-Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI) de trabajar con los apostatas.

Es claro entonces que este fenómeno hoy se está reproduciendo en el Sahel, por lo que en diferentes editoriales al-Naba acusa al JNIM de trabajar con diferentes bloques armados de todo tipo, en el norte de Malí, incluidos los que se oponen al gobierno “apóstata” (por el gobierno con sede en Bamako) y los que son leales a él, para alcanzar una alianza suficientemente poderosa como para armar una base política que le permita su extensión territorial. Incluso se acusa a al-Qaeda de estar trabajado con los movimientos tribales, a los que el Daesh, cataloga de “idólatras”, ya que mixturan el islam con creencias animistas.

El odio sin fronteras

En uno de sus últimos editoriales atribuye una mayor responsabilidad a los dos emires principales y fundadores del JNIM, Iyad Ag Ghaly y Amadou Kouffa, a quienes cataloga de apostatas y de pergeñar esta guerra hace mucho tiempo.

Por su parte , los integrantes del JNIM, tratan de kharijitas (extremistas) a los hombres del Estado Islámico en el Gran Sahara. El malí Iyad Ag Ghal antiguo líder Ansar Dine, organización que se incorporaría a JNIM, al asumir como líder de este último grupo no solo hizo su bayat, (juramento de lealtad) al emir de AQMI (al-Qaeda para Magreb Islámico) al argelino Abdelmalek Droukel y a Aymán al-Zawahiri, sino también al Príncipe de los Creyentes o Amīr al-muʾminīn, título honorifico que lleva el líder de los talibanes desde 2016, el mullah Hibatullah Akhundzada, lo que perfila perfectamente las diferencia ideológicas que dividen las dos organizaciones sahelianas.

Se conoció que a principios de año hubo deserciones de algunas brigadas del JNIN, que habrían jurado lealtad al sucesor de al-Baghdadi, tras la muerte del emir Abu al-Qurashi. También se informó que, en el centro del país, un importante grupo perteneciente a la tribu Fulani históricamente leales a Khatiba Macina de al-Qaeda también desertó.

Una de las principales críticas del Daesh a el JNIM, es que esta organización se ha mostrado dispuesta a negociar con Bamako, con la condición de que las fuerzas francesas de la operación Barkhane, unos 5mil efectivos, que están operando en el norte del país desde 2014, que es la principal barrera de contención de la actividad takfirista, abandonen Malí, coincidiendo con las políticas del Talibán a la hora de negociaciones con los Estados Unidos, con vista a la pacificación del país centroasiático, que exigía la retirada de todas las tropas norteamericanas. De abandonar Mali las fuerzas francesas, esa sería una jugada de alto riesgo para la subsistencia de Bamako.

En las últimas semanas ambas organizaciones se han atribuido diferentes acciones: Daesh asevera que, en el norte y centro de Mali, y también en el norte de Burkina Faso, ha realizado diferentes operaciones contra blancos de al-Qaeda al tiempo que informa haber rechazado dos incursiones de al-Qaeda cerca de Nampala, un área próxima a la frontera con Mauritania, y al este de Macina en la región de Segou.

En esta primavera se están repitiendo las acciones militares que se produjeron en el último otoño, pero de mayor envergadura. Según lo han reportado medios locales a principio de abril, se produjeron fuertes enfrentamientos entre ambas organizaciones en las localidades de Dialloube, Koubi, Djantakai y Nigua, en la región de Mopti. Y en marzo, hubo combates cerca de la ciudad mauritana de Fassala, en la frontera con Malí.

Después de los presuntos ataques rechazados en Nampala, se produjeron choques al sur de Boulikessi, que habrían provocado 35 muertos y más de una docena de heridos a los hombres al-Qaeda.

El 20 de abril, se registraron enfrentamientos en Pobe y Keraboule, localidades de la provincia Soum, en Burkina Faso, y batallas de mayor intensidad en las localidades burkinesa de Arbinda y Nassoumbou, donde se produjeron más de sesenta muertes de ambos bandos.

El 18 de abril se libró en el área de Ndaki (Mali) una dura batalla cuando un contingente del JNIM (al-Qaeda) atacó cuatro grandes pueblos de la zona fronteriza de entre Mali y Burkina Faso, que estaban bajo el control del Daesh. En dichos enfrentamientos participaron columnas de más de 40 vehículos blindados y docenas de motocicletas, lo que da una dimensión de la disponibilidad de recursos con que cuentan los fundamentalistas en esas regiones. Según el Daesh, esas acciones se habrían producido una semanas antes y señala que sus hombres pudieron sostener los embates de los al-qadianos después que utilizaron un coche suicida que produjo importantes bajas y destrucción en las filas enemigas.

Según el Daesh, en esa batalla habría capturado 40 motocicletas y tres vehículos, una afirmación que no ha podido ser verificada por ningún medio, una maniobra usual en estos casos, donde la información es brindada por los bandos en disputa, aunque, según medios locales, dada la diferencia de fechas, no se sabe si la información se refiere al mismo hecho, o en realidad hubo dos batalla de magnitud con una semana de diferencia. Al-Naba, también consigna, en su última entrega, un tiroteo en la región de Gao, norte de Malí, en cercanías de las aldeas nigerinas de In-Tillit y Aghay, en la región de Tillaberi el pasado 16 de abril. En éste, Daesh habría matado a cuatro miembros de JNIM y capturado a otros tres.

Esta guerra entre Daesh y al-Qaeda, como todo lo que se produce en África, está condenada a profundizase y seguirá matando gente, en este caso, por la gracia de Dios

Guadi Calvo es escritor y periodista argentino. Analista Internacional especializado en África, Medio Oriente y Asia Central. En Facebook: https://www.facebook.com/lineainternacionalGC


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