Rodrigo Chaves no

Progresemos

Carlos Manuel Echeverría Esquivel

Carlos Manuel Echeverría

He publicado dos artículos sobre la no conveniencia de elegir a José María Villalta y Fabricio Alvarado luego de leer el programa de gobierno 2022-2026 de cada uno y agregar algunos puntos producto de la reflexión propia (“Su voto decide la suerte del país” y “Fabricio no”). En este artículo hago lo propio con Rodrigo Chaves.

El programa de gobierno de Rodrigo Chaves está plasmado en 24 páginas. No tiene índice y recoge en diversos campos ideas muy prácticas, mencionadas -porque no se elaboran- en forma atractiva, sin diagnóstico ni análisis previo. ¿Se buscó ser “efectivista”? Pareciera que don Rodrigo reunió a personas con experiencias, conocimientos o ideas en cada campo y plasmaron algunas que de una forma u otra son atractivas para muchos costarricenses, que no entienden mucho de cómo se juega la política en Costa Rica, que guste o no, no va a cambiar de un día para otro, inclusive por razones estructurales. También podría pensarse que los “chavistas” menosprecian el documentar su propuesta e hicieron lo mínimo para cumplir con el TSE. Eso sería malo e irrespetuoso especialmente para con la ciudadanía.

No existe tratamiento de la política exterior, excepto desde la perspectiva económica, lo que deja mucho que desear. Así mismo los temas de salud, seguridad, educación y producción se tratan a grandes rasgos, somera, superficial y sesgadamente. ¿Qué se va a hacer con toda la gama de funciones y obligaciones del sector público costarricense? Dejar ese campo abierto me parece peligroso.

Cero mención al recurso humano estatal, al aparato estatal en sí, a su forma de organización, a su reforma, que debe ser un ejercicio permanente, a la forma de plantear e implementar políticas: ni una mención a la ley 5525 de planificación nacional y política económica, que da vida al funcionamiento sistémico del estado o la ley 6227 general de la administración pública, cuya correcta aplicación facilita enormemente el gobernar en un país donde ello es un acto complicado. Pareciera que hay un menosprecio del aparato estatal, institucionalidad que en un estado moderno juega un papel central y que la generalidad de los costarricenses con todo y sus problemas lo apreciamos y le otorgamos mérito.

Lo dicho en el párrafo anterior me hace pensar también como y con quienes se armará el equipo de gobierno. Para gestionar en el aparato estatal costarricense no basta con tener gente capaz del sector privado o con un título universitario, que no garantiza excelencia. Se requiere personal con la actitud, formación y experiencia adecuada. Gestionar en el sector público no es “soplar y hacer botellas”.

Se habla del referéndum (página 14) como la herramienta para facilitar la participación popular lo cual es inadecuado, pues el referéndum no es algo de uso cotidiano; hay herramientas más prácticas, por supuesto sin descalificar al referéndum para casos puntuales y de gran importancia . No me gusta el programa de gobierno tipo “árbol de navidad” como el de Fabricio, al que se le guindó de todo, pero tampoco uno como el de Rodrigo Chaves que poco menciona, aunque sean ideas fuerza, dicho sea de paso, de difícil implementación, por más coraje a lo “macho alfa” que se tenga. “Ni tanto que queme al santo ni tan poco que no lo alumbre.”, se dice en Costa Rica.

Habrá costarricenses que por satisfacer la necesidad de “sentir poder” se ven atraídos por un planteamiento basado en ideas-fuerza, que dejan por fuera mucho y cuya implementación, el “cómo”, ni por asomo se plantea. A estos ciudadanos no les gustará el aterrizaje en la realidad si don Rodrigo llegara a ser presidente. Y mal haría el ciudadano dejarse llevar por ideas, que por más interesantes que puedan ser, se las trata tan superficialmente que dejan la sensación de que apenas fueron “medio horneadas”. Es un programa cargado de simplismo.

No me gusta su alta dependencia de doña Pilar Cisneros, lo que no tiene que ver con ella, a quien mucho respeto. Dice ella que es porque él es poco conocido, lo que me hace pensar que Rodrigo Chaves, a pesar de su agradable verbo muy costarricense a la antigua y sus maneras muy propias de nuestro país, no conoce Costa Rica, conocimiento que se logra a través de años de interacción con las comunidades y los grupos de interés, no simplemente por la vía de visitas apresuradas para procurarse votos. Si no lo conocen es porque él no conoce; son dos vías de la misma carretera.

Rodrigo Chaves es sin duda un costarricense de méritos en lo profesional. No lo conozco como persona. Hoy un señor, fue un muchacho que surgió por sus habilidades y esfuerzo, posiblemente con una formación en cuanto a filosofía económica de tendencia liberal manchesteriana.

Su experiencia en Indonesia, no me parece tan relevante para Costa Rica. Ese es un país asiático enorme y muy distinto al nuestro, no solo por su tamaño, pero por su ancestro cultural y religioso, así como el papel que en él juega la instancia militar.

Por mi trabajo y las relaciones establecidas con funcionarios del Banco Mundial, algunas que todavía afortunadamente conservo hasta hoy en día porque son personas excelentes, he podido delinear algunas características fundamentales del perfil del funcionario de esa entidad, del que Rodrigo no escapa, más después de tantos años de impregnación de la cultura corporativa del BM. Son en general gente muy capaz, de buen trato y que por sus labores en diversas latitudes van adquiriendo un valioso perfil internacional. Sin embargo y para efectos más que todo aplicables a lo que aquí nos ocupa, el llegar a la primera magistratura de Costa Rica presenta un gran problema: respecto al desarrollo son irreductibles en sus posiciones, generalmente no adaptadas al contexto en que se aplicarían; son en general propuestas puntuales que dejan muchos factores y aspectos por fuera, incluyendo el del diálogo con quienes en la democracia de tantas opiniones que vivimos en Costa Rica, no piensan de la misma forma o tienen sus intereses particulares, legítimos o no. Desprecian lo que no entienden o no les interesa, entre lo que se incluye en muchos casos al sector público. Funcionan muy bien en países de escaso desarrollo, donde son pocos “los gallitos” que se les enfrenten.

En Costa Rica el pretender imponer posiciones como las que se manejan en el Banco Mundial, el llegar del exterior comunicando superioridad sobre los nativos, implicando que todo lo sabe y tiene solución para todo, no es algo que lo haga a uno llegar lejos. Además, Costa Rica es un país de leyes, más de la cuenta ciertamente, pero allí están y se convertirán en barreras muy difíciles de franquear. Somos una república y como tal tenemos pesos y contrapesos, lo que no se valora en el documento que nos ocupa.

Costa Rica es un país donde abunda la gente bien formada con inclinaciones de participar en la vida pública; le gusta participar, como le gusta también a gente mal formada. El ejercicio del poder en Costa Rica está sistémicamente limitado. De entrada hay que establecer vasos comunicantes con todos los sectores, en el marco de una democracia excepcionalmente viva, con todo y sus defectos. Todo es sujeto de negociación, lo cual me parece bueno y toma tiempo el avanzar, lo cual no siempre me gusta, pero lo acepto. Francamente lo que he visto hasta ahora en don Rodrigo me hace pensar que se pondría a pelear y no a concertar, con quien se le oponga. Fijémonos que sin tener aún el poder presidencial, ha demostrado ser propenso al pleito, lo que puede ser justificado en causas justas que tocan intereses, a veces hay que “comprarse las broncas”, pero no es el camino adecuado como práctica cotidiana.

Costa Rica necesita un liderazgo presidencial si bien firme por supuesto, así como de convicciones éticas y morales consecuentes con las que han caracterizado por siglos a la sociedad costarricense, conciliador además, que se maneje más como un pastor de ovejas que como un general. Sin renegar de las responsabilidades inherentes al majestuoso cargo, el camino para gobernar es por la vía del enriquecedor diálogo y debate -nadie es dueño de la verdad absoluta- que conduzca a los entendimientos necesarios. A don Rodrigo, quien sería sin duda un excelente asesor, como gobernante lo veo efectivo en un estado corporativista y no en uno con los ribetes democráticos y genta tan sensible como el nuestro, lo que afirmo sin poner en duda que Costa Rica necesita impostergables y urgentes cambios profundos.

Termino citando a don Claudio Alpízar Otoya en su libro El elefante, el liderazgo y la política con “P” mayúscula, capítulo 6, página 89: “Ahora, el líder lo es porque genera sinergias con otros dirigentes que tienen las capacidades específicas en áreas determinadas y en las habilidades políticas, las cuales son esenciales para gobernar.” El riesgo que como sociedad nos tomamos si no me equivoco, es muy grande.

Exprofesor de ciencias políticas-UCR, ex vice ministro de planificación, exdiplomático.

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