Riesgo aceptado

Freddy Miranda Castro

Freddy Miranda

Con la muerte de los tres asaltantes, algunas personas expresan pena por su muerte. Me parece una posición formulada desde una visión ética que no es la que guía a quienes deciden vivir en el mundo de la criminalidad, pues saben que la muerte es uno de sus riesgos y lo aceptan a plenitud por eso van armados.

Hay personas, familias y grupos que hacen de la delincuencia y el crimen su modo de vida con las implicaciones y riesgos que tal actividad conlleva. Como hay personas en los negocios y en la política que hacen de la ilegalidad y la corrupción su modo de vida.

De tal forma que los tres criminales de Coronado, tenían plena consciencia de los riesgos de su actividad. No eran niños haciendo travesuras. De hecho estaban armados por los riesgos implicados. El papá que era un criminal profesional, sabía bien que lo podía matar la policía o un vigilante privado. Que podía morir por la reacción defensiva de alguna de sus víctimas. O que lo podía matar otro criminal, que en ese mundo una de las reglas es que si alguien la debe, lo paga con su vida, a menos que él mate primero. El mundo del crimen es despiadado y sin lugar para los débiles. El tema aquí es que el vigilante tenía más entrenamiento, más velocidad mental y supo reaccionar y defenderse, si no él sería la victima por la que estaría llorando su familia. Si te metes de vigilante también debes aceptar los riesgos que ello implica y estar preparado en caso de necesidad y éste lo estaba. Bien por él porque si no ahora sería un cadáver.

Un amigo cartaginés, me contó que estando de visita donde una señora conocida, cuyos hijos se dedican a asaltar parroquianos en la ciudad de las brumas. Vio como sus dos muchachos se alistaban para irse a “trabajar”. La mamá les dio la bendición y les dijo que tuvieran cuidado porque la calle estaba cada vez más peligrosa. Era una familia que había aceptado el crimen como modo de vida y con plena consciencia de sus riesgos, para lo que entre otras cosas se encomendaban a Dios.

Todo el mundo necesita una justificación moral para lo que hace, incluidos los criminales de todo tipo. Recuerdo una noche que regresaba de la Universidad eran casi las diez y al doblar por el cementerio de Heredia rumbo a mi casa de entonces, me salió un tipo fuerte dispuesto a asaltarme. En eso me dijo, Freddy pero si sos vos. Me conocía muy bien porque habíamos militado juntos en el PVP. Me explicó con absoluta crudeza que él estaba dispuesto a apretarle el pescuezo a cualquiera con tal de llenar el plato de comida en la mesa que se sentaban sus hijos. No tenía trabajo y según él no le quedaba otra alternativa que esa.

Muchas de nuestras autoridades sobre todo las judiciales aceptan la justificación de mi casi asaltante; de que quienes delinquen lo hacen porque son pobres. Juzgan a todos los transgresores desde esa perspectiva que no es correcta, porque si no tendríamos en nuestro país más de un millón delincuentes y eso no es así, la mayoría de la gente pobre es honrada. Igual ocurre con los ricos, no todos son honrados y allí también hay delincuentes. Los narcotraficantes nadan en la abundancia y continúan delinquiendo porque es un negocio super rentable sobre todo si la posibilidad de quedar impunes es alta. La familia de los Kennedy no eran ningunos pobres, pero se dedicaron al negocio criminal del contrabando de licor, se enriquecieron, se “normalizaron” y llegaron a tener hasta un Presidente y varios senadores. Ese era el modelo del narcotraficante colombiano Pablo Escobar.

Por eso nuestro sistema de justicia falla cuando juzga con lentes ideológicos el comportamiento delictivo de todas las personas. No es lo mismo la persona que comete un crimen fortuitamente y en un estado de cierta enajenación mental. Que el delincuente que ha sido pasado por los tribunales muchas veces por diferentes delitos hasta que llega a matar. Sin embargo el sistema generaliza y no trata las cosas, caso por caso. No es conveniente convertir la justicia en un instrumento de venganza social, pero tampoco en un medio de impunidad que manipulan los criminales profesionales. La violencia social se puede prevenir y resolver. Los ejecutores de delitos circunstanciales se pueden rehabilitar. Pero quiénes han hecho del delito y el crimen su modo de vida, deben sufrir a plenitud los riesgos que su actividad conlleva, la cárcel en proporción al delito cometido y la respuesta armada cuando actúan de esa manera. Eso lo sabía bien el papá que llevó a sus hijos al asalto en Coronado, así como el riesgo de terminar como terminó, muerto él y sus retoños.

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