Reino Unido: No sobreestimar a Boris Johnson

John Rees

Primer Ministro Británico Boris Johnson en la Cámara de los Comunes. Crédito: House Of Commons vis PA Wire/dpa

Los votantes de la clase trabajadora castigarán cualquier retraso laborista a la hora de derribar a los conservadores.

Se podría pensar que un primer ministro que, en su primera votación en los Comunes, se estrella y sale derrotado sería considerado débil.

Se podría pensar que un primer ministro que pierde su mayoría en los Comunes en el primer día de una nueva sesión parlamentaria sería visto como débil.

Se podría pensar que un primer ministro que luego expulsa a unos 20 diputados de su propio partido sería ampliamente proclamado como débil y estúpido.

Si ese primer ministro fuera el tercero de su partido en tres años se podría pensar que es políticamente vulnerable.

Si, además de todo esto, el primer ministro se enfrenta al colapso de su gobierno y unas elecciones generales a continuación, se podría esperar que la oposición estaría encantada, impaciente, nerviosa, saboreando la oportunidad de acabar con el gobierno más de derechas que hayamos tenido nunca.

Pero se equivocaría.

Tony Blair, por ejemplo, piensa que todo es una trampa. Y no una trampa humana normal. No, se trata de una ‘trampa para elefantes’.

En la mente de Blair, Boris Johnson y su organillero Dominic Cummings tienen un astuto plan magistral. No se han visto forzados a unas elecciones tras evaporarse su mayoría en la Cámara de los Comunes y su total incapacidad para incluso ganar una votación en el pleno de la Cámara.

Lo que quieren en realidad Johnson y Cummings son unas elecciones con un partido conservador desastrosamente dividido, porque de alguna manera pueden colar un Brexit sin acuerdo en la confusión.

En realidad no pueden y ni siquiera están intentándolo.

Se ha hablado de los planes de Cummings para convocar elecciones antes del Brexit previsto el 31 de octubre y mantenerlo después de esa fecha. Pero son rumores sin sentido y Johnson no lo ha propuesto. Como era de esperar, ya que habría dado lugar al caos y habría forzado a Johnson a hacer su campaña electoral inmediatamente después del Brexit sin acuerdo.

Lo que está en realidad sobre la mesa es que las elecciones se convoquen antes del Brexit y de hecho antes de la próxima cumbre de la Unión Europea, de ahí la inusual fecha del lunes 14 de octubre. Eso significaría que el debate sobre el Brexit está resuelto, tal vez, mediante el resultado electoral.

¿Por qué no están agarrando la oportunidad los laboristas de sacar al gobierno conservador de las espaldas de los trabajadores?

La reticencia de Tony Blair, se explica fácilmente. Cree que el Brexit es más importante que deshacerse de Johnson y no le gusta la idea de un gobierno Corbyn de todos modos. Su opción preferida es permanecer en la UE y conseguir más tiempo para que la derecha laborista se deshaga de Corbyn antes de unas elecciones.

Sin embargo, la reticencia a unas elecciones inmediatas va más allá de los sospechosos habituales blairistas. ¿Por qué, después de años de exigir unas elecciones, están nerviosos algunos de los principales dirigentes laboristas?

Algunos, como John McDonnell, parecen haberse convertido en uno de esos fervientes conversos a la UE que piensan que el Brexit es más importante que derrotar a los conservadores. Es un error.

La austeridad de los conservadores ha hecho muchísimo más daño a las vidas de los trabajadores que lo que el Brexit posiblemente pudiera. Y en todo caso con el calendario propuesto, que sin duda debe ser bloqueado en cualquier votación para disolver el parlamento, una victoria electoral laborista (o incluso la perdida de la mayoría absoluta de los conservadores) les permitiría bloquear un Brexit sin acuerdo.

Y luego está el miedo de la izquierda que es real: que Johnson y Cummings tienen de hecho la intención de hacer campaña en unas elecciones sobre la base de que son los defensores de la votación democrática de salir de la UE y que sus oponentes son títeres del sistema que quieren frustrar ese voto.

Esto es un problema real, y obra de la dirección laborista. Si no se hubieran ligado tan completamente al carro de los que quieren permanecer en la UE podrían haber hecho un llamamiento convincente a los votantes pro-Brexit y socavar a Johnson, sobre todo a raíz de la crisis sobre el recorte de las sesiones del parlamento que ha acabado triturando las credenciales democráticas de Johnson gracias a su malogrado y maquiavélico plan.

Pero cuando se produzco el giro hacia una inequívoca política de permanecer en la UE hace un tiempo, nos dijeron que desbloquearía enormes reservas de apoyo a los laboristas. Si las encuestas son de creer, simplemente no ha sido así.

Los laboristas no pueden hacer frente a este problema sin que aparezcan dispuestos a sacar a los conservadores del poder a la primera oportunidad. Ningún trabajador que sufre la rutina diaria de tratar de sobrevivir en la Gran Bretaña conservadora puede sentir más que desprecio por tan miserable cobardía.

En relación al Brexit, los laboristas deben subrayar que negociarán un Brexit del Pueblo, su política inicial imprudentemente abandonada, y plantearla como una alternativa realista a permanecer en la UE. Eso cortaría la hierba bajo la apelación de Johnson a los votantes de clase trabajadora pro-Brexit.

Sin duda, después del resultado del referéndum y los resultados en las elecciones europeas del Partido del Brexit, el Partido Laborista no puede pensar que hacer caso omiso de la indignación que expresan es una buena idea.

Los laboristas también pueden erosionar la base de Johnson girando bruscamente a la izquierda con un programa de nacionalizaciones, de reconstrucción del estado de bienestar, de reconstrucción del sistema educativo, y contra las corporaciones.

Johnson es vulnerable ahí. Ha tenido que fingir que acababa con la austeridad con el fin de tratar de neutralizar las credenciales anti-austeridad de los laboristas. Algunos activistas laboristas parecen confundidos por ello, casi aceptando que se trata de otra sibilina e inteligente maniobra etoniana que les deja a contrapié.

Pero si incluso los conservadores tienen que girar hacia la izquierda es porque las políticas de izquierda son muy populares. Así que hacen falta más y más a la izquierda. Esa es la manera de volcar el debate político nacional a favor de los laboristas.

Nunca hay que subestimar al oponente. Pero también es un desastre sobreestimarlo.

Los Bullingdon Boys lo han conseguido todo siempre de farol y con bravatas. Dependen de la falta de confianza en si mismos de los trabajadores para que el farol sea creíble. Pero, en este momento, son débiles. A por ellos.

La clase dominante huele una solución a su crisis emergente. La crisis se ha caracterizado siempre por el hecho de que la inmensa mayoría de las empresas de Gran Bretaña quieren permanecer en la UE, pero su herramienta política habitual, el Partido Conservador, ha sido secuestrado por los Brexiteers de la derecha dura.

Por lo general, este problema se habría resuelto haciendo uso de una dirección socialdemócrata de derechas del Partido Laborista entregada a las grandes empresas. El liderazgo de Corbyn ha bloqueada esta vía.

Así, a pesar de que había una mayoría de parlamentarios contra el Brexit, la lealtad de partido les impedía expresar la opinión del establishment de manera efectiva en los Comunes. De ahí la gravedad de la crisis.

Pero cuando los laboristas se han convertido en un partido pro-UE, y con un pacto de ‘gobierno nacional’ con la oposición en el horizonte, el establishment siente que hay una vía.

Así están las cosas: consiguen lo que quieren, quedarse en la UE, y retrasan lo que no quieren, unas elecciones que puede dar como resultado un gobierno Corbyn. Van a alargar la demora, si pueden, y tratar de manipular los acontecimientos para producir un gobierno nacional real, si tienen que hacerlo.

Y al mismo tiempo la historia que algunos en la izquierda se tragan es que esta es una táctica genial, cuando realmente sólo se está jugando al juego del establishment. Por eso la prensa de repente se ha vuelto más amable … porque la dirección laborista sigue hablando de actuar en nombre del ‘interés nacional’, tras haber olvidado al parecer que eso siempre significa realmente en interés del capital.

John Rees veterano dirigente de la corriente Internacional Socialist hasta la crisis del SWP, actualmente es editor de la revista británica Counterfire y organizador de la Asamblea Popular. Entre sus libros ‘The Algebra of Revolution’, ‘Imperialism and Resistance’, ‘Timelines, A Political History of the Modern World’, ‘The People Demand, A Short History of the Arab Revolutions’ (con Joseph Daher), ‘A People’s History of London’ (con Lindsey German) y The Leveller Revolution.

Fuente: https://www.counterfire.org
Traducción:Enrique García para sinpermiso.info


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