Reino Unido: Corbynismo desde abajo

Tom Blackburn

Jeremy Corbyn

Jeremy Corbyn llíder laborista

El partido laborista de Jeremy Corbyn ha tenido unos justos resultados por las encomiables y radicales campaña electoral y su programa, junto con un enorme esfuerzo de base en las actividades puerta a puerta. Con casi 13 millones de votos y 30 diputados más, el grupo parlamentario asciende a 262 escaños. Como afirma nuestro editorial sobre las elecciones, esta potente actuación —particularmente notable si tenemos en cuenta que tiene lugar tras dos años de guerra fraccional interna en el partido— deja ahora a Corbyn en una posición inexpugnable como líder.

Sería ingenuo, sin embargo, pensar que esos diputados que se han opuesto a Corbyn, se alinearán ahora con él, como resultado. No deberíamos permitir tampoco que una gran actuación en unas elecciones generares nos hicieran olvidar la necesidad de reconstruir la base social del laborismo, que en muchos casos sigue en un estado lamentable. Corbyn tiene ahora la oportunidad de avanzar con la transformación radical del partido laborista, pero esta no es sólo una cuestión de tomar el control del aparato existente al servicio la izquierda. El laborismo ha de dirigir urgentemente su atención a cómo aprovechar las capacidades de la militancia del partido, alentadas por su reciente éxito.

Renovando solidaridades

En un artículo en The Guardian, la militante de Momentum Deborah Hermanns traza un posible camino para avanzar. Teniendo en cuenta las luchas del partido en sus antiguos núcleos post-industriales —una crisis multifacética de la que se responsabilizaba habitualmente a Corbyn a pesar de llevar muchos años gestándose— hace un llamamiento a un proceso de “renovación cultural de arriba abajo” llevado a cabo por las bases del partido laborista.

Citan a la red griega Solidarity4All como un posible modelo para el laborismo, sugiere que este proceso puede implicar la formación de “espacios sociales, clubs de cine, bancos de alimentos y centros deportivos”, a lo que se podría añadir campañas de sindicación, clubs de desayuno y proyectos de educación política. Otro antecedente es el Partido de las Panteras Negras que organizó un conjunto de programas sociales —desde clubes de desayuno a clínicas sanitarias— en ciudades de todo Estados Unidos a finales de los 60 y principios de los 70. Quizá no haya sido ésta una omisión consciente, aunque citar este ejemplo no hubiera sentado demasiado bien a los afectados lectores del Guardian.

Este tipo de trabajo solidario no debe considerarse como otro mero medio para conseguir votos ni como un intento de calmar algún impulso caritativo, ni de crear una “Gran Sociedad” de la izquierda. Debería, más bien, ser visto como parte de un proceso de construcción del “mundo del trabajo” de nuestros días, de renovar la cultura del movimiento obrero para el siglo XXI y de reconstruir los puentes entre el partido laborista y aquellas comunidades obreras que han sido abandonadas durante tanto tiempo.

Aunque Corbyn necesita asegurarse de que cuenta con un aparato de partido a su disposición —y al haber recibido en dos ocasiones un mandato claro por el cambio en la lucha por el liderazgo del partido, tiene derecho a hacerlo—, las estructuras existentes del partido laborista son inadecuadas en muchos sentidos. Por tanto, la tarea que afronta Corbyn es reorientar la forma en la que el partido se organiza y hace campañas, convertir las secciones del partido en centros de discusión continuada, de educación y cultura con un ethos democrático y participativo. Para tener éxito, el corbynismo debe empezar el proceso vital de reconstruir una auto-confianza popular y la capacidad del pueblo trabajador de tomar un control colectivo real en su vida cotidiana.

Un trabajo de solidaridad de las comunidades de este tipo será vital para combatir los profundos sentimiento de aislamiento, frustración, alienación e impotencia política tan extendidos en muchos pueblos y ciudades británicas, incluyendo Middlesbrough, donde el laborismo perdió por poco un escaño local frente a los conservadores en las elecciones. Sin embargo, este trabajo y la construcción de nuevas instituciones del movimiento obrero no deben ser un fin en sí mismo. Más bien, debería aspirar a formar las bases de un movimiento de masas que pueda dar poder a un futuro gobierno laborista, no sólo para acceder al gobierno, sino para ejercer el poder con el objetivo de llevar a cabo una transformación social de largo alcance.

A contrapelo

Dadas las circunstancias es sorprendente que el partido laborista se quedara tan cerca de acceder al gobierno en estas elecciones. Como tan convincentemente plantea Leo Panitch en su ensayo seminal The Impasse of Social Democratic Politics, cualquier intento de hacer girar significativamente al partido laborista hacia la izquierda, provocará inevitablemente el tipo de guerra fraccional que hemos visto desde 2015. Esta inevitabilidad afecta a las previsiones en las encuestas del partido. Lo que el laborismo de Corbyn ha demostrado es que puede compensar en gran medida en este terreno en un corto espacio de tiempo. Pero habrá más batallas fraccionales en los próximos meses y años y es claro que vendrán más turbulencias si el proyecto de Corbyn hace lo que hay que hacer.

El corbynismo representa una tentativa, un intento embrionario de romper con cuatro décadas de hegemonía ideológica neoliberal. Realizar con éxito esta ruptura requeriría por tanto una escalada significativa en el nivel de organización popular, movilización y auto-afirmación política. De hecho, este tipo de actividad es seguramente un requisito para conseguir incluso el tipo de concesiones socialdemócratas que planteaba el programa del laborismo en las recientes elecciones. Incluso el programa de 1980 del Consejo del Gran Londres ponía un gran énfasis en la participación de masas. Hilary Wainwright observa en su Labour: A Tale of Two Parties 1/que este despliegue de recursos y de intervención en las comunidades era lo que distinguía a la nueva izquierda del CGL del llamado “socialismo de gas y agua”, que había sido habitual en los consejos laboristas.

Todo esto representaría también abandonar la práctica política del laborismo ortodoxo. Como Panitch afirma en su ensayo, mencionado más arriba, el modo de operar tradicional del laborismo ha tendido a ser de arriba abajo, parternalista y tecnocrático. Panitch observa que esto ha servido muy a menudo para aplacar el radicalismo de la clase obrera, para truncar expectativas y reforzar la pasividad. Aunque el laborismo ha ganado 12.8 millones de votos en estas elecciones —demostrando ciertamente que una gran capa de votantes están dispuestos a escuchar y responder positivamente a propuestas políticas abiertamente de izquierda—, sería un error interpretar este resultado como 12.8 millones de votos para el socialismo. La nueva izquierda del partido debe recordar que tiene que cultivar activamente un apoyo popular para una alternativa política radical, antes que asumir que exista ya suficiente apoyo latente a la espera de ser recogido.

El funcionamiento de la democracia parlamentaria misma —desempeñada generalmente por diputados, periodistas y por una selecta colección de parásitos— tiende también a transmitir una profunda sensación subordinación, deferencia y pasividad. Pero el mensaje laborista de esperanza, solidaridad y renovación nacional —y su campaña potenciada por los determinados esfuerzos de miles de militantes de base— tuvo eco en un electorado cada vez más insatisfecho con la austeridad y tecnocracia neoliberal. Sólo fortaleciendo más la creatividad de base y creando nuevas instituciones de participación popular puede el corbynismo triunfar en el largo plazo.

Wainwright, en su libro ya mencionado, describía el laborismo como “esencialmente una ideología de la subordinación decente y digna” 2/El corbynismo ofrece una oportunidad histórica para construir una política del movimiento laborista totalmente nueva, abandonando esta inveterada tendencia al paternalismo y la tecnocracia por el compromiso popular, la creatividad y el empoderamiento. Su capacidad para alcanzar esto es, al final, la piedra de toque del proyecto de Corbyn.

Desafíos inminentes

El trabajo de solidaridad en las comunidades es vital para re-insertar al partido laborista en las comunidades y preparar el camino para un gobierno radical laborista. Pero esto es algo ajeno a la ortodoxia política dominante. Habitualmente, las demandas de los medios de noticias impactantes diarias le harían extremadamente difícil a la dirección laborista articular este tipo de estrategia sin ser objeto de mofa.

Sin embargo, los éxitos del laborismo en la última campaña electoral —y su naturaleza de base— le han dado a Corbyn el derecho a fomentar ciertos experimentos. Pero aquí está también el riesgo de que, tras un resultado electoral tan bueno, algunos en la izquierda corbynista subestimen el trabajo fundamental necesario antes de ser capaces de gobernar efectivamente como izquierda radical. Esto sería peligroso, puesto que no tenemos mucho tiempo para hacerlo.

Cualquier intento de adoptar este enfoque afrontaría no sólo la burla de gente de fuera del partido, sino una seria oposición interna. El control de la dirección sobre el aparato del partido es aún débil y una burocracia poco colaboradora podría sencillamente retener los recursos y el apoyo logístico necesaria para convertir la organización de la comunidad radical en una realidad en todo el país. Los miembros que traten de abrir las secciones locales del partidos y experimentar con nuevos métodos de organización no encontrarán gran apoyo en unas estructuras sin reformar del partido.

Nada de esto sugiere que la izquierda laborista de base debe quedarse sentada esperando la ayuda de algún organismo desde arriba antes de organizar sus comunidades. Ciertamente, hay experiencias muy útiles y relevantes de organización de base entre los laboristas: la experiencia hands-on de los activistas anti-recortes y de militantes sindicalistas son importantes. Pero para que este tipo de enfoque arraigue a nivel nacional, un aparato central de partido atento y colaborador será de inestimable ayuda.

El laborismo de Corbyn ha conseguido ya desarrollar una impresionante operación para atraer el voto, como ha mostrado la última campaña. Legiones de militantes post-Corbyn se unieron a miembros veteranos recorriendo las calles por todo el país con la esperanza de una victoria laborista. Pero antes, había habido momentos en los que la dirección no tenía claro qué hacer con estos nuevos militantes, más allá de movilizarlos para defender el liderazgo de Corbyn el verano pasado. Dadas las improbables circunstancias en las que Corbyn llegó a la dirección esto era inevitable, pero la dirección debe ahora empezar a proporcionar a sus bases una orientación clara y ánimos si este proyecto ha de avanzar.

Lo que se necesita es también claridad y honestidad sobre la altura de la tarea que afronta la nueva izquierda laborista y también sobre la naturaleza de esa tarea: restablecer al partido laborista como una fuerza movilizadora en las comunidades obreras, democratizar sus estructuras de toma de decisiones y legar a la siguiente generación del laborismo cuadros, candidatos y militantes de izquierda. De nuevo, articular esto de manera efectiva en la atmósfera política actual es difícil. Pero Corbyn tiene que encontrar caminos que conduzcan a los que le apoyan a este trabajo. Su posición recientemente fortalecida como líder le da potencialmente más margen de maniobra en este sentido.

Limitaciones y potencial

Hermanns dice también que los militantes laboristas podrían llenar el vacío que han dejado los recortes en servicios públicos. Deberíamos tener cuidado en no exagerar la capacidad de los programas de organización de la comunidad radical. A pesar del potencial real que tienen, la organización de base y las campañas no pueden hacer más que mejorar parcialmente el daño producido por la austeridad. Su intención principal es demostrar la solidaridad práctica con gente trabajadora, oprimida y marginada, para reconquistar su confianza tras muchos años de abandono de sus preocupaciones y necesidades.

Ciertamente, la izquierda laborista —cuya representación en los consejos es aún débil— tiene que empezar a pensar seriamente en el gobierno local. Los tiempos de los enfrentamientos tipo Liverpool de los 80 han terminado, pero para los socialistas en el partido laborista es vital que empiecen a diseñar una estrategia nacional de izquierda para los consejos. Este es un debate que aún hay que tener seriamente; la dirección del laborismo se ha mostrado reacia a sacar el tema. Pero tiene poco sentido conseguir consejeros de izquierda sin una idea clara de cómo pueden usar sus competencias. Un esfuerzo de construcción de la comunidad socialista podría dar formar e influenciar esa estrategia de izquierda de gobierno local, dando a los militantes laboristas la experiencia y conocimiento necesarios para reorganizar drásticamente los consejos dirigidos por le laborismo.

Par ser realmente transformador y racial, el activismo de las comunidades debe ir acompañado con un programa político ambicioso, coherente y riguroso que aspire a la transformación social y económica. Por primera vez en muchas décadas, la izquierda socialista británica tiene la responsabilidad de elaborar ese programa. Tenemos que ofrecer a la gente con la que tratamos de organizarnos y a la que tratamos de servir un visión de futuro alternativa definida y socialista. Joshua Bloom y Waldo E. Martin plantean correctamente en Black Against Empire, su historia de las Panteras Negras 3/que sin esto, la organización de la comunidad corre el riesgo de ser poco más que un servicio social.

Hay, sin embargo, un gran peligro potencial. La izquierda laborista cuenta con organizadores capaces, pensadores y militantes, pero la base corbynista como tal sigue siendo de algún modo inexperta. Cuando Syriza llegó al gobierno en enero de 2015, sus cuadros más competentes fueron pronto absorbidos por el parlamento, lo que significó que los intentos de mantener el movimiento social que inicialmente lo habían sostenido, quedaron inevitablemente marginados. Existe el peligro de que algo similar le ocurra al laborismo de Corbyn, especialmente si ganara las elecciones en un futuro próximo.

Dada la debilidad de los Tories en el parlamento, existe una posibilidad muy real de que un gobierno de la izquierda laborista llegue al gobierno más pronto que tarde. Podemos darnos cuenta de que tenemos menos tiempo del que habíamos pensado en el que desarrollar un programa sociales a la altura de la tarea. La izquierda debe desarrollar una infraestructura intelectual adecuada. Hay que animar a los militantes de base a desarrollar y aportar sus propias ideas y no esperar a que les caigan de arriba. Aparte de aplicar nuevos métodos de movilización de las comunidades, los procesos de toma de decisiones en el laborismo debe ser radicalmente reformada para facilitar mayores aportaciones desde la base.

Hay informes que indican que el número de miembros del partido laborista vuelve a crecer con rapidez tras las elecciones generales. Aunque no se ha confirmado oficialmente, la afiliación que, potencialmente, se dirige potencialmente al millón tiene una gran fuerza, aunque la dirección laborista debería organizar una campaña activa de afiliación para asegurarse de que alcanza este objetivo. No solo podemos esperar que el laborismo despliegue una campaña aún más impresionante cuando se convoquen las siguientes elecciones, con miles de militantes trabajando por conseguir un gobierno laborista desde el principio, sino que abre también la posibilidad de situar al partido laborista en el corazón de los centros de trabajo y de las comunidades de una manera poco vista antes en el Reino Unido. El laborismo podría ser tan central en muchas comunidades, como lo fue el Partido Comunista de Italia en la posguerra mundial. Evidentemente esta es una perspectiva muy emocionante. Por eso, cae sobre la dirección la responsabilidad de enganchar con estos recién llegados, y darles autonomía para organizarse y para hacer campañas de forma que sirvan a su gente.

La impresionante actuación del laborismo en las elecciones nos indica hasta dónde ha llegado el corbynismo en un espacio de tiempo tan corto. Deberíamos recordar que hace dos años ninguno nos veíamos en esta posición. Sin embargo, la promesa real del corbynismo está menos en sus demandas políticas existentes que en aquello a lo que conduce. Una participación activa en las luchas de las comunidades y centros de trabajos será crucial si la nueva izquierda laborista ha de lograr la renovación política y social a la que aspira.

https://newsocialist.org.uk/corbynism-from-below/

Traducción: viento sur

Notas:

1/ Hilary Wainwright, A Tale of Two Parties, London, Hogarth, 1987, p. 28.

2/ Wainwright, A Tale of Two Parties, p. 294.

3/ Joshua Bloom and Waldo E. Martin, Black Against Empire: The History and Politics of the Black Panther Party, Berkley, University of California Press, p. 385.


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