Reino Unido: Brexit = caos

Eddie Ford

El gabinete que ‘acordó por unanimidad’ aceptar el ‘golpe político’ de May no durará mucho tiempo.

Tuvimos un dramático comienzo de semana con las dimisiones del ministro para el Brexit, David Davis y posteriormente del ridículo ministro de exteriores, Boris Johnson – junto con un puñado de vice ministros y dos desconocidos vicepresidentes del Partido Conservador. Se rumorea que los “Brexiteers” duros amenazan con un “gota a gota” de dimisiones para debilitar a Theresa May – tal vez incluso agrupar diputados para un voto de no confianza.

Hay que esperar y ver. La mayoría de los conservadores rebeldes ladran mucho y muerden poco, y no parecen tener los apoyos necesarios para derrocar al primer ministro. Ni tampoco quieren provocar por sorpresa unas elecciones generales que podrían llevar a un gobierno Laborista – ya sea dirigido por Jeremy Corbyn u otro laborista. Con semejante estado de caos, los conservadores no tienen exactamente confianza de ser reelegidos.

Era bastante evidente que tarde o temprano habría una crisis. May no puede seguir tendiendo una mano a los Brexiteers duros y los que piensan que es esencial conservar los vínculos más estrechos posibles con la Unión Europea – si no se puede apañar algún tipo de ‘permanencia’. Era demasiado bueno para ser verdad, que todo el gabinete ‘acordase por unanimidad’ el plan de Brexit propuesto por May en Chequers el 6 de julio. Al parecer, ni Davis sabía todos los detalles de antemano.

Sería grosero negar, sin embargo, que Theresa May había preparado su posición extremadamente bien, porque una de sus habilidades es precisamente el cabildeo. Cortejó no sólo a aliados, o a aliados potenciales, en el gabinete, sino también a los diputados conservadores, incluyendo a los Brexiteers ‘leales’. La cobertura del Financial Times del ‘retiro’ de Chequers es instructiva, porque alaba el ‘golpe político cuidadosamente planificado’ de la primera ministra que consiguió ‘poner firmes’ a varios Brexiteers duros y acordar una ‘posición favorable a las empresas’, que mantenga a Gran Bretaña “íntimamente ligada” al mercado único y la unión aduanera de la Unión Europea (7 de julio).

Para el FT, la “confrontación” de mayo con los Brexiteers duros fue el “momento decisivo” en el que finalmente “puso la estabilidad económica en primer lugar”. Y la primera ministro también insistió que a partir de ahora todos los ministros estarían obligados por la responsabilidad colectiva: si no pueden defender esa orientación, pueden dimitir o ser cesados. Greg Clark, el ministro de industrias, también puso de su parte: consiguió levantar una gran polvareda, con Airbus, Jaguar y Land Rover, Nissan, etc., exigiendo “claridad” y acceso al mercado único.

Que es lo que esencialmente consiguieron con el ‘régimen aduanero facilitado’ (FCA) de May- un refrito de su previamente rechazada ‘Nueva Asociación Aduanera’. De ahí, el comentario ampliamente citado de Johnson en Chequers de la necesidad de “pulir el asunto”. De acuerdo con el resumen de tres páginas de la propuesta de acuerdo, tras el Brexit el Reino Unido “mantendrá un código de normas comunes para todos los bienes” con la UE, incluidos los productos agrícolas, pero no para servicios como la banca. Esto significa que Airbus, Jaguar, Siemens, etc., no se verían afectados de manera significativa por el Brexit, mientras que los bancos británicos que operan en Europa seguirían siendo capaces de navegar por el mundo con el indomable espíritu bucanero que una vez hizo a Gran Bretaña poderosa. Mientras tanto, se firmará un tratado comprometiendo al Reino Unido a la “armonización continua” con las normas de la UE y las fronteras entre el Reino Unido y la UE serían tratadas como “territorios aduaneros conjuntos” – evitando así, en teoría, una frontera irlandesa dura y eliminando la necesidad de los infames acuerdos de “retroacción”, manteniendo a Irlanda del Norte en una “alineación reguladora completa” con el mercado único.

Además, el Parlamento británico supervisaría la política comercial del Reino Unido y tendría la capacidad de “optar” divergir de las normas de la UE “reconociendo que esto tendría consecuencias” – y se establecerían “acuerdos de cooperación” entre los reguladores de competencia de la UE y el Reino Unido, con “diferentes arreglos” para los servicios ‘en los que nuestro interés exige flexibilidad reglamentaria’. Se crearía un “marco institucional conjunto” para interpretar los acuerdos entre el Reino Unido y la UE y todas las decisiones de los tribunales del Reino Unido tomarán en cuenta “la debida atención prestada a la jurisprudencia de la UE en áreas en las que el Reino Unido continua aplicando un reglamento común”. Los casos jurídicos seguirán siendo referidos al Tribunal de Justicia Europeo como el intérprete de las reglas de la UE, en caso de que “no se puedan resolver los conflictos bilateralmente”.

Por otra parte, el Reino Unido aplicaría tarifas nacionales y políticas comerciales a los productos destinados al Reino Unido, pero con los aranceles (más altos) de la UE y sus equivalentes para las mercancías cuyo destino es la UE – aunque esto plantea el problema obvio de contrabando, especialmente a través de una frontera irlandesa ‘blanda’, por no hablar de su viabilidad.

La libertad de movimiento podría llegar a su fin, al parecer, pero se elaboraría un “marco de movilidad” para permitir que los ciudadanos del Reino Unido y de la UE puedan viajar por el territorio de la otra parte. Y May no descarta un tratamiento preferencial para los ciudadanos de la UE.

El documento concluye afirmando que estas propuestas representan un “enfoque preciso y responsable de la etapa final de las negociaciones”, que nos recuerda que esto es sólo la salva de apertura. En realidad, por supuesto, el acuerdo final – asumiendo que haya uno – será muy diferente del descrito en la propuesta de Chequers. Es bastante inconcebible que Michel Barnier y su equipo simplemente estén de acuerdo: ¿qué pasa con las otras libertades, las de personas y servicios? Esa ha sido siempre su posición y es difícil que cambie. Por lo tanto, con toda seguridad, la UE tratará de extraer más concesiones al gobierno británico, haciendo que el Brexit blando de Theresa May sea aún más suave. ¿Cómo reaccionarán los Brexiteers duros?

¿Colonia?

En otras palabras, el resultado hasta ahora es algo más parecido a Noruega, con algunas desventajas, que el acuerdo con ‘Canadá plus, plus, plus’ imaginado al comienzo o soñado. La dura realidad se impone.Y, dos días después del ‘retiro’ de Chequers, Davis renunció a su cartera, después de haber amenazado con hacerlo varias veces antes. En su carta de dimisión, Davis escribió que “la tendencia actual de la política y la táctica” apuntaban a que “fuese cada vez menos probable” que el Reino Unido abandonase la unión aduanera y el mercado único; que estaba “persuadido” de que el enfoque de las negociación del gobierno británico “no sólo darán lugar a nuevas exigencias de concesiones” por parte de Bruselas: la “dirección general” del enfoque de May “nos dejará en el mejor de los casos en una posición negociadora débil, y posiblemente acorralados”.

Davis dijo más tarde a la BBC que se había opuesto al plan de Theresa May desde el principio, diciendo a sus colegas que era “un hombre fuera de lugar”. Que creía que el Reino Unido estaba “haciendo demasiadas concesiones y con demasiada facilidad” a la UE en las negociaciones. Insistió en que no quería hacer caer al gobierno de May, con el argumento – suficientemente razonablemente en algunos aspectos – que el momento adecuado para hacer eso habría sido después de su desastrosa campaña electoral, en la que perdió su mayoría parlamentaria. Sacando la paja más corta, Dominic Raab, un Brexiteer duro incondicional, sustituye a Davis como ministro para el Brexit, manteniendo su política de equilibrios políticos internos en el gabinete.

En cuanto a Johnson, sólo dimitió después de que otro ministro se llevase el granizo de críticas. Johnson escribió en una carta de dimisión esperpéntica que el Gobierno “tiene ahora una canción que cantar”, pero que el problema son las palabras “hueso en la garganta”’ – acusando a May de querer un mero ‘semi-Brexit’. De hecho, Johnson escribió, el “sueño del Brexit está muriendo, sofocado por unas dudas inútiles”. Johnson cree que el plan actual hará que Gran Bretaña se convierta “verdaderamente en una colonia” y que la primera ministra “está enviando a nuestra vanguardia a la batalla con las banderas blancas revoloteando por encima de sus cabezas”. Johnson fue reemplazado rápidamente por Jeremy Hunt, al que despreciaron como ministro de sanidad los trabajadores del NHS. Había hecho campaña para ‘permanecer’ en la UE en el referéndum, pero según sus propias palabras, es un “convertido” a la causa del Brexit.

Naturalmente, Jacob Rees-Mogg y su banda no tan alegre del Grupo Europeo de Investigación no están del todo felices. Han publicado un documento informativo de 18 páginas diciendo que la actual política de May “conducirá directamente al peor de los agujeros negros posibles para el Brexit”, si el Reino Unido tiene que seguir aplicando las leyes de la UE y las resoluciones del TJE, porque Gran Bretaña no sería capaz de desarrollar una “política comercial internacional eficaz”. ¿Cómo se puede ‘retomar el control’ así? De hecho, Rees-Mogg declaró a la BBC que el plan propuesto podría ser aun peor que salir de la UE sin un acuerdo.

Inevitablemente, abundan los rumores de que Rees-Mogg y otros Brexiteers duros están tratando de reunir las firmas de los 48 parlamentarios necesarios para forzar una moción de censura contra la primera ministro May. Pero les costará mucho más reunir los 159 votos necesarios para sacar a May, que a todas luces ha declarado que va “a por todas”, confiada en que puede ganar, sobre todo porque no hay un candidato alternativo viable (¿Michael Gove? ¿Sajid Javid?). Los Brexiteers, como Rees-Mogg, seguramente deben saber que no sería prudente moverse ahora, teniendo en cuenta que los estatutos del partido estipulan que se puede forzar una moción de censura interna solo una vez cada 12 meses; que tácticamente es mejor, podrían pensar, dejar que los acontecimientos sigan su curso y elegir un momento más oportuno para atacar. Después de todo, la UE podría rechazar el Brexit suave de May, calculan los Brexiteers duros, así que mejor aguantar y esperar la oportunidad.

De la misma manera, Theresa May, sabe que tendrá que luchar para conseguir que su plan de FCA sea aprobado por el parlamento. Tal vez esto explica por qué fueron informados los parlamentarios laboristas del plan de Brexit suave del gobierno por el principal asesor de la primera ministra, David Lidington, en una posible señal de que Downing Street está comenzando a aceptar que tendrá que recurrir al apoyo de todos los partidos si quiere la aprobación del Parlamento. Por supuesto, esto enfureció aún más a Rees-Mogg, que se quejó amargamente de que May dependa de los “votos socialistas” para hacer aprobar su plan de Chequers por el parlamento.

Habiendo dicho esto, la primera ministra también debe saber que Laboristas, Liberales Demócratas y el Partido Nacional Escocés votarán casi seguro en contra de cualquier acuerdo de Brexit que se les ponga delante. Sir Keir Starmer, secretario laborista en la sombra para Brexit, ha indicado que los Laboristas van a votar en contra de cualquier plan que no cumpla con sus seis condiciones, que esencialmente requiere que cualquier plan debe implicar los “exactamente los mismos beneficios” de los que Gran Bretaña goza actualmente como miembro del mercado único y la unión aduanera. Fuentes laboristas han declarado que no creen que la derrota de un acuerdo final de Brexit suponga que el Reino Unido sale de la UE sin un acuerdo previo.

Sin mayoría parlamentaria para un Brexit duro, todo parece que estamos entrando en una parálisis del Brexit. Puede que a May no le quede otra opción que aplicar la extensión del artículo 50 de salida de la UE, celebrar elecciones generales, e intentar romper este punto muerto: entonces cualquier cosa podría suceder. Pero una victoria laborista está lejos de ser segura, y mucho menos que el primer ministro sea Corbyn. Sin embargo, lo más probable es que una nueva configuración parlamentaria, sin duda un gobierno de coalición nacional de algún tipo, podría salvar los intereses del gran capital e ir a por el más suave de los Brexits suaves, un Brexit que sitúe a Gran Bretaña en la posición de Noruega o Suiza. En otras palabras salir de la UE, pero permaneciendo en la UE. Inevitablemente, eso provocaría un alud de acusaciones de traición y manipulación. Una mezcla embriagadora y peligrosa.

Regla-tomador

Jacob Rees-Mogg a menudo se ha quejado de que un Brexit blando o semi podría dejar a Gran Bretaña como un “estado vasallo”: obligado a aceptar unas reglas que no elabora. Este no es el tipo de lenguaje que los comunistas usarían, pero sería estúpido negar que lo que dice Rees-Mogg no contiene un núcleo de verdad. Objetivamente hablando, parece absurdo ‘salir’ de la unión aduanera, pero al mismo tiempo quedarse en ella, obligados a aceptar las resoluciones del TJE y las normas y reglamentos de la UE en general, pero sin poder participar directamente o votar en la elaboración e implementación de unas y otros. Una Noruega o Suiza, sin ventajas, contribuyendo al presupuesto de la UE, aceptando la libre circulación (lo siento, “marco de movilidad”), y así sucesivamente.

En cuyo caso, ¿cuál es el sentido de todo esto? Debido a que, se nos dice, hubo un referéndum y hay que respetar ‘la voluntad del pueblo’ – que, curiosamente, nunca importaba antes y probablemente nunca volverá a importar. Brexit significa Brexit, excepto que no parece significar lo mismo para todos. Si por alguna casualidad el Reino Unido termina con un Brexit duro o ‘no hay acuerdo’, es dudoso que Airbus y similares inmediatamente cierren y se vayan a otra parte. Sin embargo, con toda probabilidad, cualquier futura decisión de inversión no será en el Reino Unido, y a largo plazo, van a transferir físicamente las operaciones de producción a otros lugares. Por lo que se refiere a los Brexiteers duros, es un golpe para el que están preparados y creen que los beneficios de la banca lo compensarán. Como bien dijo Boris Johnson, “que se jodan las empresas”, refiriéndose sin duda al capital industrial.

Eddie Ford Estudió Relaciones Internacionales y Estudios Estratégicos en la Universidad de Aberystwyth. Redactor del semanario británico Weekly Worker.

Fuente: https://weeklyworker

Traducción: Enrique García para sinpermiso.info


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