Reflexiones en torno al Bienvivir

Mauricio Ramírez Núñez

Mauricio Ramírez

Bien-vivir tiene una raíz europea muy antigua, pues se le atribuye a Aristóteles. Bien Vivir es “eudaimonía”, es una palabra compuesta, eu: bien, daimon: los otros, es decir, estar bien con los otros. Bien-vivir es estar contentos, dichosos, llevar una vida agradable, una vida digna y mesurada.

Pero por otra parte el Bien-vivir también tiene profundas raíces en diversos pueblos originarios de nuestro continente que aspiraban a un bienestar más allá de lo económico, ellos lo llaman Buen Vivir. Los pueblos Aymara aspiraban a ser qamiris (personas que viven bien). Los Quechuas anhelaban ser un qhapaj (gente que vive bien).Los Guaraníes buscaban ser personas en armonía con la naturaleza, es decir que espera algún día ser iyambae. Al respecto, la experta en Estudios Latinoamericanos de la Universidad Nacional Autónoma de México, Dania López Córdova, explica lo siguiente:

“Respecto al Buen Vivir, cabe mencionar que se trata de una propuesta que emerge de las prácticas y la cosmovisión de los pueblos originarios, principalmente de la región andina; no obstante su denominación de origen, el aspecto central del mismo puede ser planteado en términos de la necesidad universal de establecer relaciones de solidaridad, complementariedad y reciprocidad entre las personas y con la naturaleza. Esta propuesta implica dejar de ver a la naturaleza como algo externo y como un objeto, y cuestionar la idea misma de crecimiento y desarrollo”.

Bien-vivir es una condición dónde las personas en comunidades se proponen apoyarse y alcanzar el bienestar colectivo en un sentido amplio, que incluye las condiciones básicas materiales, pero que busca un horizonte mucho más integral: busca la felicidad humana en armonía con los demás y la naturaleza a lo largo del tiempo. Esta es la inspiración de la Vía Costarricense. Para avanzar hacia la sociedad del Bien-Vivir es indispensable que los y las costarricenses nos unamos. El cambio empieza por nosotros y nosotras. Habrá una mejor Costa Rica siempre y cuando haya mejores costarricenses.

Los objetivos de una estrategia basada en el Bien-vivir son cuatro, fundamentalmente:

  • Reforzar las identidades: cultivando los valores y virtudes que caracterizan lo mejor de la nacionalidad costarricense, e introduciendo aquellos que nos complementan y nos preparan mejor para enfrentar los desafíos del mundo que vendrá.
  • Lograr la inclusión: estableciendo las condiciones para que todas las personas tengan oportunidad de participar plenamente en la vida económica, social, cultural y política del país.
  • Potenciar la innovación: estimulando la capacidad de las personas para producir, asimilar y explotar con éxito la novedad, para hallar soluciones creativas a los desafíos en los ámbitos económico, social, político y cultural.
  • Garantizar la sostenibilidad: llenando las necesidades de la población actual sin comprometer la capacidad de generaciones futuras de satisfacer sus necesidades.

El Bien-vivir apuesta por el ser sensibles hacia la diversidad, es por ello que uno de sus ejes fundamentales es la inclusión, mismo que da con un punto fundamental para la construcción de nuevas democracias en el mundo; el respeto y cumplimiento de los derechos humanos de todas las personas que habiten una nación. Como es bien conocido, el hecho de que en la democracia sean las mayorías las que mandan, eso no quiere decir en ningún momento que existe algún tipo de derecho para pisotear o pasar por encima a los derechos de los grupos “minoritarios”, por el contrario, es menester respetárselos, ser tolerantes y comprender que como seres humanos que son, el Estado debe velar por su bienestar.

La inclusión en el Bien-vivir implica también abrirse al hacer comunidad, a lo diferente, sin cerrarse o ponerse en una actitud de defensa que nos impida poder compartir, dialogar, aprender, intercambiar experiencias, saberes y construir nuevos conocimientos que nos enriquezcan. Implica no excluir a las personas por su condición social, económica, ideológica, religiosa o cultural, esta inclusión debe ser tangible también en lo político, que vaya más allá de las leyes y que trascienda a la praxis de una forma evidente y clara, que muestre precisamente una actitud democrática, humanista, que el imperativo categórico que rija sea el del respeto por la vida humana, de cada vida que exista. Carlos Manuel Castillo lo planteó de forma contundente en un discurso que dio el 14 de marzo de 1989, en la asamblea general ordinaria del Centro de Estudios Democráticos para América Latina (CEDAL):

“Precisamente porque creemos en la libertad y porque creemos en la justicia es que admitimos la diversidad”.

No puede haber Bien-vivir si realmente no somos inclusivos y respetuosos de la diversidad, sino la comprendemos como parte constitutiva de nosotros mismos y necesaria para la construcción de comunidad, sociedad y sana convivencia. Para el fortalecimiento de los valores y espíritu democrático con que debe contar la sociedad del Bien-vivir.

El Bien-vivir busca poner como eje central de nuevo modelo de desarrollo al ser humano y la naturaleza, entendiendo que el conflicto articulado en torno al eje explotación de recursos naturales escasos vs producción ad infinitum es simplemente insostenible y antropocéntrico, lo que quiere decir, es que el modelo tradicional de desarrollo que hemos conocido, por lo menos aquí en América Latina, es uno que separa y emancipa al ser humano de su entorno y que ve al planeta y la naturaleza simplemente como materias primas y un medio para explotar y producir sin necesariamente distribuir de forma equitativa la riqueza generada.

Esto ha llegado a tener tal nivel de impacto, que hemos perdido el mismo sentido de pertenencia a nuestro medio y lo suplantamos por grandes selvas de cemento. Una lógica de crecimiento infinito con un planeta finito en recursos, es, como lo plantean autores como Franz Hinkelammert, un verdadero suicidio colectivo.
El Bien-vivir es la aspiración suprema, el nuevo modelo para dar contenido a esa palabra que tantas vidas ha costado a los pueblos de nuestra América: el desarrollo. De manera que cada pueblo, región y provincia debe de darle su propio contenido a partir de sus experiencias, conocimientos y saberes propios, sin dejar de lado sus necesidades reales, no ficticias. Siempre tomando en cuenta y con un conocimiento serio sobre la realidad del país y del planeta, con conciencia de todos sus retos y dificultades, para que de esta manera, las soluciones avancen en esa dirección de las identidades, la sostenibilidad, la inclusión y la innovación, en armonía con nosotros mismos, con los demás y con la naturaleza.

Académico


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