Recorrido de ensueño por el norte de Tailandia

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Desde el templo Wat Phra That Doi Kong Mu se tiene la mejor vista sobre Mae Hong Son, con las montañas envueltas en nubes. Foto: Martin Lewicki/dpa

Para muchos viajeros Tailandia consiste en islas como Ko Samui, Ko Pah Ngan y Phuket. Los mochileros a menudo visitan las vecinas Myanmar, Laos y Camboya. ¡Una lástima!

El norte de Tailandia tiene mucho que ofrecer en términos de paisaje y cultura. Y todavía no está saturado de turistas. Aquellos con ganas de aventuras pueden hacer un viaje recorriendo el denominado Mae Hong Son Loop en moto.

Todo empieza en Chiang Mai

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Los motociclistas suelen desplazarse por el arcén de las rutas tailandesas. Foto: Martin Lewicki/dpa

El punto de partida óptimo para un viaje por el norte de Tailandia es Chiang Mai, la mayor ciudad de la región.

Basta con subir a la terraza del Bar Oasis (uno de los escasos locales de la urbe), ubicada en el tercer y último piso, para disfrutar de una vista panorámica de Chiang Mai.

Mientras uno disfruta de la cerveza local puede admirar la ubicación de la ciudad: las montañas se elevan a escasos kilómetros. Incluso desde el casco antiguo se puede llegar a la naturaleza en apenas quince minutos.

Una de las mejores formas de sumergirse en ella es realizar la ruta circular de Mae Hong Son Loop: un total de 1.200 kilómetros a realizar en un mínimo de siete días, que comienza y termina en Chiang Mai.

Traqueteando por los arcenes

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Migrantes birmanos trabajan en un arrozal en Mae Sot. Foto: Martin Lewicki/dpa

Hay quienes se encuentran en óptima forma física y deciden realizar el trayecto en bicicleta. Los que prefieren hacerlo de forma cómoda y climatizada alquilan un coche. Muchos otros optan por hacerlo en moto o scooter. Este último ofrece la gran ventaja de permitir guardar el equipaje bajo el asiento, protegido de las lluvias tropicales.

Es recomendable hacer el recorrido en el sentido de las agujas del reloj, pues el trayecto es más hermoso. Para ello hay que dejar Chiang Mai tomando la nacional 106.

Los motocicletas suelen utilizar el arcén para evitar el tráfico lento o para facilitar el adelantamiento a los coches.

Al atravesar áreas pobladas hay que estar bien atento pues pueden surgir imprevistos. A menudo los perros, acostumbrados al tráfico, cruzan la carretera.  La falta de atención puede tener un mal desenlace, y no solo para los cuadrúpedos.

Visitando a Mister William

Una vez sobrepasado el monumento al monje budista Khruba Siwichai -gigantesca figura dorada- la nacional 106 da paso a numerosas curvas y pendientes rodeadas de arrozales y naturaleza.

En unos 200 kilómetros se llega a Thoen, un lugar ideal para pasar la noche, sobre todo porque allí se encuentra un alojamiento (guest house) con un anfitrión muy especial.

El propietario, quien se hace llamar Mister William, ha hecho construir una casa completamente de madera de teca. Junto a ella, este botánico jubilado erigió un jardín tropical que quita la respiración. Un oasis de paz desde el que puede escucharse regularmente el canto de los monjes del templo vecino.

Mister William, de 69 años, vive solo y se alegra cuando puede ofrecer una de sus dos habitaciones de huéspedes a los viajeros, momento que aprovecha para mostrar orgulloso su pequeña escuela privada en el jardín de la parte delantera donde él y otros maestros imparten clases de refuerzo de inglés y matemáticas.

Además, gusta de mostrar la zona en coche a sus huéspedes. “Tenemos muchos templos hermosos por aquí. Eso es porque cada distrito quiere tener el más impresionante”, comenta.

Minoría Karen

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Un templo en Thoen exhibe la riqueza de su ornamentación en oro. Foto: Martin Lewicki/dpa

Con la nacional 1102 uno deja atrás Thoen y sus templos y se dirige a Tak. Utilizando otras pequeñas carreteras alternativas puede disfrutarse plenamente del paisaje con poco tráfico.

Exuberantes y verdes campos de arroz se alinean uno tras otro, mientras que en el horizonte se divisan los contornos de las montañas de los parques nacionales.

Desde Tak se toma la autopista número 12 que conduce a través de las montañas hasta Mae Sot, ciudad fronteriza con Myanmar, donde viven miles de refugiados birmanos y en la que confluyen una mezcla única de culturas.

Muchos birmanos, en su mayor parte pertenecientes a la minoría Karen, trabajan en el campo y en los mercados, talleres o restaurantes. Se les reconoce por la tradicional pintura de thanaka en sus rostros.

La amarillenta pasta hecha a base de corteza de árbol de thanaka finamente rallada no solo les sirve como protector solar sino que lo usan como maquillaje con atractivos diseños étnicos.

En el Puente de la Amistad entre Myanmar y Tailandia se hace evidente lo que llevó a los Karen a Mae Sot: la pobreza y las enfermedades que azotan su país.

Construido sobre el río Moei, el puente une la última ciudad tailandesa, Mae Sot, con la primera birmana, Myawaddy, reconocible por sus casas en ruinas. Parece imposible que la gente siga viviendo en semejantes condiciones. Pero es la amarga realidad.

En la frontera con Myanmar

Para seguir hacia el norte, desde Mae Sot hay que tomar la nacional 105 que conduce a lo largo del río Moei en lo que sin duda es una de las carreteras más impresionantes de Tailandia. La 105 pasa por Mae La.

Allí viven unos 50.000 refugiados Karen. A primera vista, en medio de un macizo montañoso las cabañas de bambú densamente pobladas parecen un pueblo idílico, pero en realidad se trata de un campo de refugiados, como delata el cercado de alambre que lo rodea.

Desde la 105 sale la 108 que lleva a Mae Hong Son. Poco antes de llegar puede intuirse por qué la localidad da nombre a la ruta circular. En el camino, las montañas y valles forman un espectacular conjunto escénico.

Mae Hong Son se encuentra en un valle de ensueño. La mejor vista se contempla desde el templo Wat Phra That Doi Kong Mu, ubicado en una colina. Allí, entre dos estatuas de leones pueden admirarse los tejados de la ciudad, el aeropuerto y, por supuesto, la cordillera, donde a menudo se forman nubes de niebla.

El templo, blanco por fuera, es una atracción en sí mismo. Especialmente cuando la cálida luz del atardecer crea a su alrededor una atmósfera mágica.

Experiencia espiritual en monasterio budista

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Los visitantes extranjeros son admitidos en el monasterio Wat Pa Tam Wua para una experiencia de meditación budista. Foto: Martin Lewicki/dpa

Quien quiera tener una experiencia espiritual solo tiene que viajar un poco más al norte. A unos 40 kilómetros de Mae Hong Son se encuentra Wat Pa Tam Wua, uno de los más bellos monasterios budistas tailandeses.

En el templo las visitas son durante todo el año bienvenidas. Alojamiento, ropa y comida son gratuitos. El monasterio se financia también a través de donaciones por lo que se da por hecho que al final de su estancia el visitante contribuya con una.

Para acceder a las enseñanzas budistas de meditación uno debe aportar adaptabilidad, apertura y humildad.

La rutina diaria en el monasterio comienza a las cinco de la mañana y está estrictamente regulada. Ello incluye tiempos fijos para la meditación y rituales, además de tareas como distribuir comida a los monjes y realizar servicios comunitarios. La recompensa es una mente más libre y más pura.

Gastronomía en Pai

La última parada del tour es gastronómica. A unos 70 kilómetros de Wat Pa Tam Wua se encuentra el pequeño pueblo de Pai que se ha convertido en los últimos años en un paraíso para mochileros. Pai cuenta con una increíble variedad de restaurantes, bares, estudios de yoga, hostales y gest houses.

La población rezuma un estilo de vida alternativo influido por el movimiento hippie, creando una joya cultural que ya no solo atrae a los mochileros.

Además ofrece una increíble experiencia culinaria. En Bom Bowl uno puede tomar los mejores batidos y panqueques de matcha, y a la vuelta de la esquina, en Dos Hermanas pueden degustarse delicias birmanas como la ensalada con hojas de té.

El encanto de Pai es tal que muchos viajeros cuentan que quedaron ”atrapados” en la localidad varias semanas o incluso meses.

Como motociclista uno puede alegrarse de la partida pues las carreteras 1095 y 1096 que llevan de regreso a Chiang Mai se encuentran entre las más sinuosas y emocionantes de Tailandia. Sin embargo hay que prestar atención a la pista, sobre todo cuando está mojada.

De regreso a Chiang Mai, las experiencias e impresiones vividas son tan abrumadoras que suelen necesitarse unos días para procesarlas. Para ello, hay quienes optan por visitar una de las hermosas islas tailandesas.

Información práctica

Cuándo viajar: El clima en el norte de Tailandia es tropical. De febrero a abril tiene lugar la denominada temporada de quema -para preparar los campos para su próximo cultivo-. Debido a la gran cantidad de humo la calidad del aire es muy mala así que no es aconsejable viajar allí durante dichos meses.

De junio a septiembre es temporada de lluvias. Los caminos se vuelven peligrosos o completamente intransitables.

El período ideal es de octubre a enero que cuenta con temperaturas agradables y escasas precipitaciones.

Cómo llegar: Chiang Mai cuenta con un aeropuerto internacional que en apenas una hora enlaza también con Bangkok (varios vuelos diarios).

Requisitos sanitarios: No es obligatorio vacunarse previamente aunque es recomendable hacerlo contra la hepatitis A. Existe riesgo de contraer la malaria.

Situación relativa al coronavirus: Tailandia ha sobrellevado la pandemia relativamente bien. Se permite la entrada a extranjeros con fines turísticos. Además de contar con un visado de turista vigente es obligatorio realizar una cuarentena de dos semanas en un hotel previamente asignado y aportar una prueba de PCR negativa.

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