Reajustando la fiebre del sábado noche (y del resto de las noches)

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Jorge Laborda Fernández, Universidad de Castilla-La Mancha

Era solo un niño cuando aprendí cuál era la temperatura normal del cuerpo humano. Esta, me dijeron entonces, era 37℃. Como le sucede a casi todos los niños, acepté el dato sin mucha resistencia, ya que provenía de un adulto. No obstante, pensé, para conformarme, que seguramente alguien la habría medido en muchas personas y habría llegado a esa conclusión.

En efecto, como he averiguado mucho después, ese alguien no fue otro que el médico alemán Carl Reinhold August Wunderlich, quien en 1851 obtuvo millones de mediciones de temperatura corporal en las axilas de 25 000 personas. El análisis de los datos le permitió concluir que la temperatura media normal del cuerpo humano eran esos 37℃.

¿37℃ o 36,6℃?

Este valor fue aceptado durante más de un siglo. Sin embargo, los datos obtenidos en estudios más modernos, y analizados en 2002, indicaron que la temperatura media corporal es menor. Un estudio aún más reciente, realizado en 2016 en el Reino Unido con 35 000 personas, determinó que la temperatura corporal media era de 36,6℃.

Para explicar estas diferencias existen dos posibilidades. O bien las medidas iniciales de Wunderlich eran incorrectas, o bien la temperatura media del cuerpo humano ha disminuido desde aquellos tiempos hasta hoy.

A primera vista, parece probable es que Wunderlich se equivocara. Sin embargo, es también posible que los datos que obtuvo fueran los correctos para aquella época. Tengamos en cuenta que la esperanza de vida por aquel entonces era de solo 38 años y la población sufría con mayor frecuencia de infecciones crónicas que podían causar febrículas (fiebre baja).

Nos hemos enfriado

Era necesario realizar estudios adicionales para zanjar esta cuestión. Y de ello se ha ocupado un grupo de científicos de la Universidad de Stanford, en California (EE UU). Los investigadores analizaron tres conjuntos de datos recolectados en Estados Unidos en tres momentos de su historia.

El primero de ellos recoge 83 900 medidas de temperatura corporal tomadas entre 1862 y 1930 a soldados veteranos de la Guerra Civil estadounidense. El segundo consiste en 15 301 mediciones de temperatura recogidas en un estudio clínico entre 1971 y 1975. Por último, el tercer conjunto de datos incluye 578 222 medidas realizadas entre 2007 y 2017.

El análisis de estos datos ha revelado el sorprendente dato de que la temperatura media del cuerpo humano ha disminuido progresivamente desde 1851 a 2017. Esta pasmosa conclusión se ve avalada por el hecho de que los datos recogidos entre 1971 y 1975 y también los recogidos entre 2007 y 2017 muestran que la temperatura media corporal disminuye de año en año.

Tasa metabólica, longevidad e infecciones

La temperatura corporal se relaciona con la tasa metabólica, la cual aumenta con las infecciones crónicas y reduce la longevidad. En general, a mayor tasa metabólica, menor es la longevidad. Por ello, los autores del estudio sugieren que la disminución paulatina de la temperatura corporal es importante, y está directamente relacionada con el aumento de la esperanza de vida y la longevidad humanas en el último siglo.

Esta relación directa podría tener varias explicaciones. La primera es que, gracias a los avances en salud pública, las infecciones crónicas han disminuido gradualmente. Esto ha conseguido también disminuir la tasa metabólica media. Es necesario dedicar energía metabólica para defenderse de los microorganismos infecciosos. Por esta razón, las infecciones crónicas causan hasta un 10% de incremento en la tasa metabólica. Este hecho ha sido revelado gracias a estudios realizados a poblaciones aborígenes que sufren hoy un nivel elevado de infecciones crónicas.

Otra posible explicación es que, en el último siglo, cada vez son más las personas que viven y trabajan en entornos de temperatura controlada y constante. Esto hace innecesario modular el metabolismo para luchar contra el frío o contra el exceso de calor.

El cambio también podría deberse a la reciente y paulatina disminución de la actividad física cotidiana, asociada a trabajos más sedentarios. No hay que olvidar que la actividad física provoca un aumento de temperatura corporal que puede durar hasta unas horas tras terminar de realizarla.

La era del enfriamiento corporal

Sea como fuere, parece indiscutible que nuestra temperatura corporal ha bajado a lo largo de las últimas décadas. Es una buena noticia, porque implica un aumento de la esperanza de vida. Lo confirmaba otro estudio británico reciente, liderado por la Universidad de Liverpool, en el que se proponía que una menor temperatura corporal enlentece las reacciones bioquímicas de nuestro organismo, lo que retrasa los procesos que conducen al envejecimiento.

Otra buena noticia es que los cambios que los seres humanos hemos provocado en nuestro entorno en el último siglo no solo han tenido consecuencias negativas. Hemos causado un periodo de calentamiento global, pero también un periodo de enfriamiento corporal. ¡Quién lo hubiera sospechado! La fiebre del sábado noche ya no es lo que era…The Conversation

Jorge Laborda Fernández, Catedrático de Bioquímica y Biología Molecular, Universidad de Castilla-La Mancha

This article is republished from The Conversation under a Creative Commons license. Read the original article.


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