Psicocardiología: ¿Por qué el estrés duradero afecta al corazón?

Por Ricarda Dieckmann (dpa)

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El corazón y la psiquis están interrelacionados. La psicocardiología se dedica al estudio y tratamiento de las afecciones derivadas de este vínculo. Foto: dpa-infografik GmbH/dpa

De corazón y de alma es una frase que bien puede aplicarse a la salud. «Si alguna de las dos partes no está bien, suele suceder que la otra sufre», comenta el médico y profesor Volker Köllner.

Por eso, explica el médico jefe de Medicina Psicosomática en el Centro de Rehabilitación Seehof en Teltow, en las inmediaciones de Berlín, a veces no alcanza si el tratamiento contempla únicamente uno de estos dos lados.

Entonces resulta de utilidad tomar en cuenta estas interacciones, para lo cual existe incluso una disciplina específica en medicina, la psicocardiología.

Un gran número de estudios demuestra que la salud del corazón y la psiquis están estrechamente relacionadas. La depresión, por ejemplo, aumenta el riesgo de infarto casi tanto como el tabaquismo.

«También sabemos que el estrés que experimentan las personas en una etapa muy temprana de su historia vital es un factor de enfermedad», dice Köllner.

Asimismo, la violencia y los abusos sexuales en la infancia aumentan el riesgo de padecer enfermedades cardíacas, aunque posiblemente estas no se manifiesten hasta décadas después.

Cuando el corazón se siente partido

El síndrome «broken-heart» demuestra que el enorme estrés, ya sea por la noticia de una muerte o la pérdida de un trabajo, por ejemplo, puede afectar directamente al corazón.

Se trata de una insuficiencia cardíaca aguda, en la que disminuye la capacidad de bombeo del órgano. Muchos enfermos tienen que ser tratados en la unidad de cuidados intensivos, donde el corazón -a diferencia de otras enfermedades- se recupera nuevamente.

Sin embargo, el estrés se convierte en un problema para el corazón mucho más frecuentemente cuando se vuelve crónico. Son las propias reacciones físicas al estrés las que dañan el corazón a largo plazo, aunque se inscriban en nuestro cuerpo por una razón inteligente.

«El estrés es parte de la estrategia humana de supervivencia», apunta el profesor Christoph Herrmann-Lingen, director de la Clínica de Medicina Psicosomática y Psicoterapia de la Universidad de Medicina de Gotinga. «Cuando el peligro es inminente, la respuesta al estrés garantiza que estemos preparados para luchar o huir».

El sistema nervioso vegetativo ocupa un lugar central, ya que dirige funciones vitales como el latido cardíaco. Bajo estrés, nuestro corazón no solamente late más rápido, para que el cuerpo esté preparado para el rendimiento máximo, sino que también se adhieren en mayor medida las plaquetas sanguíneas, para poder detener mejor las hemorragias.

«El cuerpo se prepara para que se le inflija una herida», manifiesta Herrmann-Lingen, quien también es miembro del Consejo Asesor Científico de la Fundación Alemana del Corazón. La consecuencia indeseable: se fomenta así el desarrollo de vasos coronarios estrechos.

El aumento permanente del sistema cardiovascular también puede provocar una presión arterial alta, que puede dañar los vasos sanguíneos del corazón. El riesgo de infarto o de insuficiencia cardíaca aumenta.

El sistema de estrés sigue en modo primitivo

Hoy en día resulta infrecuente cruzarse con un animal salvaje… y es mucho más común una elevada carga de trabajo que desata el estrés. «Nuestro sistema de estrés es en alguna medida la versión 1.0, que no recibe una actualización desde hace tres millones de años», comenta Volker Köllner.

Dado que los desencadenantes del estrés han cambiado, frecuentemente se omite hoy en día la reacción corporal. «Por lo tanto, el ejercicio es la forma natural de aliviar el estrés», dice el especialista en medicina psicosomática y psicoterapia.

A esto se suma que, en tiempos de estrés, frecuentemente sufre el comportamiento vinculado con la salud. Hay quien tacha su curso semanal de deporte y enciende más seguido un cigarrillo, el que se decide por el «fast food» a diario.

Y, lo que tienen en común ambas formas de comportamiento: se trata de factores de riesgo para enfermedades cardiacas. Por eso, la llave para la prevención es apegarse a rutinas sanas incluso en fases de estrés.

Pero esto suena mucho más sencillo de lo que es. «Muchas personas no aprendieron a prestarse atención», indica Köllner. Sin embargo, en materia de la propia salud, bien vale la pena proceder de esta manera.

A la inversa, frecuentemente la psique también se ve afectada cuando la gente experimenta que su corazón falla. «Una enfermedad cardíaca como el infarto no es un simple esguince de tobillo», dice Christoph Herrmann-Lingen. «Una experiencia así puede hacer tambalear la confianza básica en el propio cuerpo».

La devastadora constatación es que somos vulnerables. ¿Y si esto vuelve a ocurrir y me muero? A muchos de los afectados los rondan estos pensamientos.

Sin embargo, los temores y la preocupación, especialmente en los primeros tiempos, son una reacción psicológica normal a un acontecimiento de este tipo.

«En la mayoría de los pacientes se normaliza nuevamente la psique tras un tiempo», asevera Volker Köllner, aunque aclara que no en todos. «Existen pacientes que prestan atención excesiva al propio cuerpo, para reconocer señales de un nuevo infarto cardiaco», asevera el director de la clínica Herrmann-Lingen.

Y esto no solamente genera un elevado nivel de estrés, sino también que las personas afectadas apenas desafíen su cuerpo. «En este contexto es muy importante la actividad física regular. En definitiva, el deporte reduce el riesgo de nuevas enfermedades cardiacas y también de depresiones».

Inicialmente tiene sentido mantener una conversación con el médico o la médica para intentar cotejar los temores con la realidad. «Otra propuesta útil son los numerosos grupos de deporte para cardíacos», comenta Volker Köllner. Estos son ofrecidos por clubes, clínicas de rehabilitación y otras instituciones.

Y, cuando el movimiento está en un primer plano, el intercambio con otros enfermos del corazón también hace bien al alma.

Asimismo, una psicoterapia puede ayudar a restablecer la confianza en el propio corazón y a entrenar la conciencia corporal del paciente.

dpa

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