Protejamos Corcovado

COMPARTIR:

Bazar digital

Carlos Revilla M.

Carlos Revilla

Leía en estos días los reportajes sobre la nueva “fiebre de oro” que hay en la Península de Osa, especialmente en el Parque Nacional de Corcovado. La importancia ecológica y ambiental de este territorio es de la mayor importancia, no solo nacional si no mundial. No en balde la afamada revista National Geographic llamó a Corcovado “El punto de mayor intensidad biológica de la tierra”.

Es importante poner en perspectiva lo que está pasando en Corcovado, y para esto en necesario hacer un poco de historia. Hable de “fiebre de oro” actual, porque no es la primera que se da. A principios de los años 80s del siglo pasado, el parque fue invadido por oreros que lo pusieron en riesgo. Hubo en aquel entonces una intervención directa del gobierno -la administración Monge- y estas personas fueron desalojadas del parque, mediante una acción rápida y efectiva de las autoridades.

Como en ese entonces los oreros eran personas necesitadas y que no tenían otra opción de trabajo, a la par del desalojo se dio una acción también rápida y efectiva para ayudarlos a paliar sus necesidades, mientras se encontraba alguna solución más definitiva, básicamente se trataba de darles las oportunidades que se les había negado. Especialmente se les prometió -entre otras cosas- un techo digno donde vivir con sus familias.

Como sucede siempre con el Estado, esa solución se retrasó, y se vivió el triste espectáculo de ver a los oreros y sus familias acampar por varios meses frente a la casa presidencial en Zapote, pidiendo el cumplimiento de las promesas al gobierno, pues no tenían adonde ir. Bueno, esto no es lo importante, en la perspectiva de la problemática actual, si no más bien contrastar que la motivación de esa invasión primera es muy diferente a la de ahora.

La actual en su gran mayoría es por codicia, es decir, los que se han metido a extraer oro a Corcovado, lo hacen por plata, y los menos por necesidad. Les importa un comino el gran daño que le están haciendo al parque.

Curiosamente Corcovado lo conocen —y aprecian— mas los extranjeros que el propio tico. Esto puede obedecer a que Corcovado es uno de los lugares más remotos de Costa Rica. Llegar ahí no es fácil, para empezar no hay carretera, El punto más cercano donde se puede llegar (en 4×4) es a Carate en el extremo sur de la península de Osa o a Bahía Drake en el norte, de ahí solo en lancha (Drake) o caminando (Carate) y al sector Sirena solo en bote o avioneta. Si se hace el viaje en carro desde San José son unas ocho horas de viaje hasta Puerto Jiménez y todavía falta como una hora más hasta Carate por camino malo.

Les cuento que no me quedé con la ganas de conocer Corcovado y hace unos años después de varias reuniones preparatorias, cuatro excompañeros de colegio, con más de 35 años de conocernos, decidimos hacer un viaje a la Península de Osa. Con el correr del tiempo, los cuatro siempre mantuvimos la amistad y a raíz de la fiesta de reunión para celebrar los 30 años de haber salido del Colegio, nació la idea de hacer algo juntos, como lo habíamos hecho años atrás, en la época de estudiantes, cuando nos íbamos de paseo a las playas.

El planeamiento no fue sencillo, tomó cerca de un mes y varias reuniones. Una vez decidido el lugar, hubo que encontrar la fecha adecuada y que fuera antes del mes de marzo o abril, que es cuando inicia la época lluviosa, porque si no el viaje se haría imposible. Después tuvimos que decidir si se hacia en avión o en carro. El “plan de viaje” se había decidido de previo en una de las reuniones.

En fin muchas decisiones, al final quedamos en irnos en el jueves 12 de abril entrada la tarde, en un carro 4×4-Terracan y dormir ese mismo día en Palmar Norte, para salir temprano al día siguiente hacia Bahía Drake. La salida de San José estaba planeada para las 3 p.m., pero por cuestiones de trabajo uno de los compañeros pudo llegar hasta las 4:30 p.m. Otro de los viajeros no pudo salir con nosotros ese día, pero llegó a Bahía Drake por avión al siguiente.

Como dije, la idea era llegar a dormir a Palmar Norte para el día siguiente temprano salir hacia Bahía Drake. Cuando llegamos al hotel, ya nuestro compañero que no había podido salir con nosotros había llegado, esto me recordó aquel famoso anuncio que había en la interamericana entrando a Liberia que decía “En Lacsa Ud. ya hubiera llegado”. Por si lo quieren saber el hotel era “Pirate Cove”, algo así como la casa de Tarzán en la jungla, solo hicieron falta Jane, y Chita…

El lugar lindísimo, ese mismo día hicimos un tour a “Isla del Caño”, que es un Refugio de Vida Silvestre, y aprovechamos para hacer un poco de snorkeling y buceo es aguas totalmente cristalinas. Pasamos en frente una playa bellísima y casi virgen que se llama San Jocesito.

Al día siguiente salimos temprano hacia Carate el último punto de civilización antes de llegar a Corcovado. Carate es un pueblito muy especial, pues solo tiene una casa, que a su vez es pulpería, el dueño es un canadiense. Hasta ahí llega la carretera, y la recomendación es que solo en 4×4 o como decíamos antes con doble tracción y metiéndole la chancha. Para llegar a Carate se pasa por Puerto Jiménez, hasta aquí la carretera está en un estado aceptable para cualquier clase de vehículo. Como pueden ver en el mapa la ruta 245 termina exactamente en Carate.

cargando el mapa, espere por favor ...
 
El carro hay que dejarlo en Carate, ¿y adivinen adónde? en el único parqueo que hay, que por supuesto el dueño es el canadiense. De ahí hay que “volar trole” (caminar) por la playa unos tres kilómetros. Si tienen suerte —como nosotros— de “La Leona Ecolodge” donde nos hospedamos, mandan un jamelgo con un carretillo para que jale el “equipaje”, y es que hace falta, porque la arena de las playas Carate y Madrigal es suelta y fina, por lo que caminar se dificulta mucho, y después de un rato de chancletear, vieran como empieza a hacerse difícil caminar.

El lugar donde nos hospedamos es sencillamente increíble. Los “cuartos” son unas tiendas de campaña —muy cómodas por cierto— sobre un planché de madera. Y de vecinos, a la izquierda, a unos pocos metros, la jungla tupida y a la derecha, el océano Pacífico. No hay palabras, espectacular. Por la tarde exploramos los alrededores. El almuerzo y la cena fueron en el hotel. Por la comida no hay que preocuparse, tienen un chef buenísimo.

El ecolodge estaba totalmente lleno de parejas y familias extranjeras, recuerdo familias suecas, noruegas, inglesas y gringas por supuesto. Ese día que llegamos descansamos, con la advertencia que la planta de electricidad la apagan a las siete de la noche, así que hay que dormir temprano. Eso si, algunas historias, como por ejemplo, que un par de días atrás algunos huéspedes oyeron y vieron un jaguar cerca del lodge.

Al día siguiente desayunamos y salimos hacia la entrada al parque, que se hace en el llamado sector La Leona, que está a cinco minutos de caminata por la playa. Dependiendo del tiempo, nos la jugaríamos para ir al sector de Sirena, pero eso dependería de las mareas, pues hay que pasar por un sector que se llama “salsipuedes” y ya se imaginarán por el nombre de lo que estoy hablando…

Bueno, no nos dio tiempo para ir hasta Sirena, pero la caminata fue como de seis horas, tres de ida y tres de vuelta, por un sendero que recorre la playa y parte del bosque, que lo dejan a uno sin aliento. En el trayecto vimos Guacamayas, zarigüeyas, pizotes, y otros.

Cuando salimos de vuelta a Carate y recogimos el carro, el canadiense no nos cobró la tarifa de los dos días de parqueo, y nos dijo que lo hacia en honor de ser los primeros ticos que veía en tres meses ir al parque. Esto para que vean que no es mentira, como dije, que pareciera que los extranjeros conocen y aprecian más Corcovado que nosotros.

La verdad es que Corcovado es un tesoro, ni todo el oro del mundo vale lo que es y representa. Tenemos que hacer lo que sea por defenderlo. Espero que estas líneas ayuden a esto.

Les incluyo una galería de algunas de las fotos que tome en el viaje para que se den una idea de lo que estoy hablando.

Evalúe esta columna: 1 Estrella2 Estrellas3 Estrellas4 Estrellas5 Estrellas (4 votos, promedio: 4,25 de 5)
Cargando…

COMPARTIR:

Revise también

Yayo Vicente

Gestión de la crisis sanitaria

Pandemia Yayo Vicente Una crisis sanitaria, que puede ser una epidemia o pandemia, es en …

2 comentarios

  1. Mauricio Castro

    Sin duda hay que defender Corcovado, una de las formas es esta: escribir y contar sobre sus bellezas. motivar a que lo conozcan. Aqui se da la contradicción pobreza-riqueza natural. Creo que solo dos distritos de todo el país que tienen en su territorio un parque nacional no están bajo la línea de pobreza. Con urgencia hay que reparar eso so pena de no poder garantizar la integridad de los recursos naturales

  2. Jose Antonio Calvo

    Magnífico artículo Carlos. Definitivamente se debe hacer lo mejor para defender Corcovado. De paso me hiciste recordar ese lindo paseo,digno de repetir

Responder a Jose Antonio Calvo Cancelar respuesta

Do NOT follow this link or you will be banned from the site!