Potencias gastaron $73 mil millones en armas nucleares en 2019

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EL Sereno

Álvaro Campos Solís
Campos.solis.alvaro@gmail.com

Alvaro Campos

Las relaciones entre las grandes potencias mundiales parecen asentarse sobre la base del miedo. Un miedo tan grande que ninguno de ellos lo puede ocultar. En realidad, en sus relaciones diplomáticas y comerciales, el pánico ocupa un lugar de privilegio. La amenaza, el chantaje y la provocación se han convertido en parte esencial de sus relaciones, no importa que sus dirigentes se den la mano, se abracen y hasta aparezcan sonrientes en la foto, luego de participar en una “reunión-cumbre”. La creación de tensiones de alcance mundial es como un pasatiempo y de esa manera desviar la atención de graves problemas domésticos y buscar algún provecho electoral.

Los máximos dirigentes de Estados Unidos, La República Popular China, Rusia y Francia, integrantes del poderoso y exclusivo club nuclear, no logran esconder ese enorme temor que sienten uno hacia el otro, al punto que el año anterior gastaron 73 mil millones de dólares en armas nucleares. Una suma fabulosa que superó en 10 por ciento los gastos del 2018, según reveló el pasado 21 de este mes la Campaña Internacional para la Abolición de las Armas Nucleares, Premio Nobel 2017, con sede en Ginebra, Suiza.

¿Para qué? Todo parece indicar que de esa manera un país le advierte al otro: conmigo no te metas, pues estoy armado hasta los dientes, sabiendo que al otro si algo le sobra es poder de fuego. De esa manera los lideres de esas potencias lideran sus respectivas zonas de influencia actuando como comisarios o terratenientes. Para algunos líderes estadounidenses, América Latina es su patio trasero. En el caso de Francia, su brazo político alcanza hasta algunas naciones africanas.

La posibilidad de que Donald Trump, Xi Jinping, Vladimir Putin y Emmanuel Macron lleguen a usar esas armas es poco menos que imposible. Difícilmente esos “genios” querrán que desaparezca de nuestro planeta toda manifestación de vida animal y vegetal. En primer lugar, porque ellos mismos son los primeros en no querer desaparecer de este mundo y en segundo lugar porque el cargo que ostentan es tan relevante que fácilmente llena sus egos y da contenido a sus existencias. Se supone que estos hombres con poderes altamente discrecionales están sometidos a rigurosos protocolos y estrictas normas de seguridad para evitar que, ante una eventual pérdida de cordura, ordenen disparar contra el mundo. Esta posibilidad tiene su lógica si se toma en cuenta que en este barco viajamos 7.500 millones de personas. El mismo miedo los podría impulsar a cometer una locura. Además, la condición de gobernante no garantiza su cordura, lo dejaron establecido los emperadores Nerón y Calígula.

La investigación de Ican demostró que solo el dinero invertido por Estados Unidos en armas nucleares pudo servir para adquirir 300 mil camas de unidad de cuidados intensivos, contratar 150 mil enfermeras y 75 mil médicos, además de adquirir 35 mil respiradores mecánicos para enfrenar la pandemia del covid 19.

Para esa organización, en la que participan más de cien naciones, resulta absurdo gastar 138 mil dólares cada minuto en armas que causan daños humanos catastróficos, en lugar de invertirlo en la salud de sus pueblos, afirmo Beatriz Fihn, Directora Ejecutiva de ICAN.

73 mil millones de dólares. Cuánto dolor y hambre no se podría mitigar, incluso dotar de un techo digno a millones de personas que viven en los basureros y descansan en covachas o ranchos construidos a base de viejas latas de cinc y cajas de cartón, desde su nacimiento hasta que la muerte los sorprenda. Total que uno llega a confundirse: cual es el miserable: el que produce las armas de destrucción masiva o miles de niños que mueren cada minuto, atacados por el hambre o una enfermedad que en otras latitudes ha sido erradicada.

La suma resulta más escandalosa aún si por un instante volteamos la mirada hacia los barrios miserables que se han convertido en parte del paisaje de la inmensa mayoría de las naciones del mundo, incluidas aquellas que hacen ostentación de su riqueza. Y es que, aunque parezca increíble, en todos esos países, además de la India, Paquistán y Korea del Norte, los barrios-miseria ocupan un espacio importante, mientras que resulta escasa o nula alguna preocupación de sus gobernantes por sus pueblos.

En la India la pobreza extrema supera el 30 por ciento de la población, en números absolutos unos 400 millones de hambrientos. En Rusia unos 20 millones de personas viven bajo el umbral de la pobreza. Es un hecho que esos números no sonrojan a ninguno de sus dirigentes. Tampoco a Estados Unidos ni a Francia. Por su parte, el atraso en las zonas rurales de China es terrible, mientras que la pobreza sienta sus reales en la India, Paquistán, Corea del Norte e incluso en Israel, país que ni admite ni rechaza estar en posesión de ojivas nucleares.

Uno de los aspectos más graves de esta insensata carrera es el daño al medio ambiente. Informes en las redes sociales dan cuenta que Norilsk, ciudad a 2.800 kilómetros de Moscú, referente de belleza arquitectónica en el pasado, ahora la nieve es de color negra y el azufre es el olor que persiste en el ambiente. Ese territorio se usa para la producción de metales pesados como el cobre, níquel, plomo, selenio, zinc y paladio. Es la ciudad más contaminada de Rusia por lo que es conocida como la “Ciudad muerta”.

No esta demás una breve referencia sobre el caso de América Latina. Algunas de las naciones de esta región están endeudados hasta la coronilla, mientras que el desempleo y la miseria no paran de crecer. Esos países han sustituido el arado y el tractor por sofisticadas armas de guerra. Un monumento a la estupidez humana.

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Periodista


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