Postpandemia: ¿Habrá cambios o seguirá la fiesta para unos pocos?

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El sereno

Álvaro Campos Solís
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Alvaro Campos

Luego de confinamiento y distanciamiento social, el cual se ha prolongado por más de cien días, tiempo en que los besos y los abrazos se convirtieron en una forma de agresión a la familia y a los amigos, todo parece indicar que estamos ingresando a la “nueva normalidad”. El gobierno ha empezado a levantar algunas restricciones. A partir de este momento, con una simple mascarilla y una nueva actitud por parte de trabajadores, empresarios y gobierno, habremos de hacerle frente a los retos que imponga las era post covid 19.

¿Qué lecciones nos habrá dejado esa pandemia? ¿O todo el sufrimiento, sacrificios y esfuerzos resultarán nulos? La duda que nos asalta es cómo será el día a día a partir de ahora que comenzamos a abandonar el confort de nuestros hogares. ¿Habrá echado raíces la solidaridad con el vecino o apenas fue un gesto puramente circunstancial?

Uno espera que haya cambios en beneficio del pueblo y que esos cambios vengan en serio. Es decir que el nadadito de perro de los centros del poder no sea más que un mal recuerdo. Entre esos cambios cabe mencionar el surgimiento de un estado más eficiente, no solo en la prestación de servicios públicos, sino también en su capacidad de fortalecer el aparato tributario de tal manera que la evasión sea un delito. Que se castigue como lo que es: un robo al pueblo.

Urge que haya controles y castigo para quienes adjudican y construyen infraestructura pública (puentes, carreteras, escuelas y hospitales, etc.) ya que actualmente allí el único principio que se aplica es el que dice que “el pueblo paga’, lo cual significa que una obra puede costar tres y hasta cuatro veces más de su valor original. Lo peor de todo es que no pasa nada.

También resulta grosero observar cómo el presidente de la Republica y diputados del PLN, PUSC y Restauración Nacional tiran al canasto de la basura los esfuerzos hechos para la aprobación de la reforma tributaria, mientras sigue creciendo la lista de favorecidos con las exoneraciones. No hay seriedad y el cálculo electoral jamás puede estar por encima de los intereses del pueblo. Asimismo, resulta vital que los diputados ignoren las presiones de los grupos poderosos ya sean sindicales, empresariales o municipales. Los cambios que requiere el aparato estatal son múltiples, para implementarlos se requiere valor y visión política.

El regreso a la normalidad comienza en el momento en que cada uno de nosotros, bajo nuestra cuenta y riesgo, salga de su casa, aplicando el principio del científico social Charles Darwin, de que solo sobrevive el que mejor se adapte, no necesariamente el más fuerte. Una mascarilla y la actitud de cada uno de nosotros hará la diferencia. Lavarse las manos y mantener la distancia son actos que debemos asumirlos como una herencia. Juntos pero no revueltos.

En el instante en que salgamos de nuestras casas y volvamos a hacer vida social, podremos ir midiendo si el peligro acecha a la vuelta a de la esquina. En caso de que confirmemos que el peligro sigue latente, tendremos que devolvernos al seno de nuestros hogares, donde hemos pasado los últimos cuatro meses. En tal caso tendremos que aceptar que la naturaleza nos ha ganado la partida y nos tendrá de rodillas…hasta que cambiemos de actitud. Mientras tanto, los candados en la industria y el comercio se convertirán en un símbolo del desempleo y el surgimiento de nuevos y muy graves problemas sociales que “papa-estado- por sí solo no podrá resolver.

Para algunos el confinamiento ha sido un regalo de Dios, un descanso sabático; para otros un infierno, por cuanto les quebró la rutina y los obligó, incluso, a incursionar en el campo de las labores doméstica. Hombres y mujeres comprobaron que el delantal no se ajusta a sus preferencias. Los niños sufrieron la ausencia de la escuela y el contacto con las maestras, las carreras por los pasillos y un rato de esparcimiento en el parque, la plaza y el play. A muchos pequeños lo que más les hizo falta fue la merienda.

La pandemia del covid 19 ha sido como una pesadilla. Pero no hay mal que dure cien años. Se supone que la experiencia que hemos vivido en todos los rincones del planeta, presagia un cambio positivo para disfrutar de un mundo más agradable y más solidario. Hemos sobrevivido a una crisis de dimensiones planetarias. Un diminuto virus vinos a demostrarnos que la naturaleza exige respeto y consideración.

Así, podríamos empezar por preguntarnos: Cuanto habrá aprendido hombres y mujeres que desde la academia, la ciencia, la política, y la empresa pública y privada establecen la pauta y ordenan lo que hay que hacer? Conservarán los mismos moldes. Uno en particular: trabaja tú, para cobrar yo. ¿Habrá más justicia social, más equidad en la distribución de la riqueza? ¿Se percatarán los políticos de que el mundo cambió y que ya no está hecho a su medida? Que, para participar en política, entre muchas cosas, conviene tener ideas e ideales y además de ética y carácter, única forma de convencer y ganarse el respeto tanto del admirador cómo del adversario.

Vivimos en un mundo globalizado, por lo que la pregunta tiene sentido: seguirán los pueblos latinoamericanos financiando ejércitos con un costo altísimo, pues miles de hombres a lo único que se dedican es a hacer ejercicios físicos y limpiar armas y volverlas a limpiar, cuando lo cierto es que las guerras convencionales son cosa del pasado. Ahora el dueño del poder o el acreedor cobra las deudas y clausura los préstamos. Asunto resuelto.

¿Dejaran los países ricos de botar la comida, con tal de mantener precios artificiales a los productos que genera la tierra o vomitan sus fábricas?.

El pesimismo también es comprensible: resulta difícil aceptar que habrá cambios profundos y positivos, toda vez que la experiencia vivida o contada en periódicos, revistas y documentales nos muestran lo contrario. Cuando terminan las guerras, los adversarios no se abrazan. Prefieren que el tiempo se encargue de sanar las heridas. Pero en este caso el enemigo no es un hombre o un país armado, es la naturaleza que ha dado muestras de cansancio y ha demostrado la pequeñez del ser humano.

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Periodista


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