¿Por quién doblan las campanas en Kiev?

Eduardo Gutiérrez

Las armas de la Santa Iglesia son la paciencia, el amor y la oración

San Maximiliano Kolbe

¿Por quién doblan las campanas en Kiev?

Las armas de la política, sin embargo, en distintas circunstancias se han demostrado paradojales a estas expresiones descritas por Kolbe. Paramentados de alevosía, muchos dirigentes políticos han instrumentalizado iglesias, espinando y crucificando el segundo mandamiento cristiano por lo cual el nombre de Dios no debiera ser evocado en vano, sacrilegio mayor por tratarse de fines venales.

No son pocos los ejemplos en Latinoamérica de golpes cívico-militares que anclaron sus actos en una narrativa alegórica de defensa de la religión y la familia, utilizándose de escuadrones de la muerte, tratamientos degradantes, secuestros y todo lo más inhumano, y consecuentemente, anti-cristiano, para imponer el calvario a sus opositores.

En los 17 años del régimen de Augusto Pinochet, en Chile, más de 40 mil personas fueron víctimas de crímenes de lesa-humanidad, como torturas, ejecuciones y desapariciones, al que lo General dijo: “todo lo que hice se lo dedico a Dios”. En Brasil, hoy día está en la presidencia Jair Bolsonaro, declarado admirador de Pinochet y sus métodos. “Brasil arriba de todo. Dios arriba de todos”, fue el slogan de su campaña y contó con significativo apoyo de iglesias neo pentecostales y de sus templos televisivos.

El movimiento ecuménico en todo el mundo ha logrado importantes avances en la promoción de una cultura de paz, en fomentar la cooperación y mirada fraterna hacia los diferentes pueblos, compadeciéndose de sus sufrimientos motivados por múltiples injusticias y opresiones, y dedicándose a la propagación del mensaje de Jesús de Nazaret, que es fuente de vida, amor, alegría y esperanza.

Cuando apologistas de la segregación y del odio hacen referencia a Dios para justificar sus actos, están difamando toda la cristiandad y, por lo tanto, la respuesta también urge que sea profesada de manera ecuménica. Otra forma de reafirmar la identidad cristiana, es denunciar con vehemencia, lo que es su desfiguración, ningún rincón donde eso se perpetre se nos debiera quedar indiferente. La omisión contribuye para que el manto de ignominias permanezca siempre planchado y sin manchas a la hora que el próximo detractor quiera usar.

Y es así que, como católico apostólico romano, sentí el más reciente golpe contra nuestra communitas fidelium (comunidad de los que tienen fe), en el oriente de nuestra Madre Tierra, Ucrania. En un acto cismático, marcado por irregularidades canónicas y campañas millonarias, se proclamó el rompimiento del histórico lazo, de más de 330 años entre la Iglesia Ortodoxa de Ucrania y la Iglesia Ortodoxa de Rusia, aunque sin el apoyo de esta última.

Esa separación surge en un contexto de aliñamiento político-económico-militar de Ucrania con EEUU, después del Golpe de 2014. Desde entonces, el ingreso a la Unión Europea y a la OTAN, han sido proferidos por representantes del Estado como objetivos principales del país. A esta disputa mundana, quisieron encadenar la dimensión de lo sagrado. El actual mandatario, Petró Poroshenko, dueño del principal canal de TV nacional, y que está en la lista de los más ricos de Ucrania, financió con supuestos más de medio millón de euros anuncios y movimientos pro independencia de la Iglesia Ortodoxa Ucraniana.

Además, su gobierno ordenó el Servicio de Seguridad de Ucrania (CBU) que registrara e interrogara a los curas de las parroquias vinculadas al Patriarcado de Moscú, por medio de ese procedimiento intimidatorio, los acusaron de “alta traición” y “amenaza contra la seguridad nacional” sin ninguna fundamentación, caracterizando así una estigmatización y persecución religiosa. Medios internacionales también refirieron denuncias de clérigos y fieles que están siendo presionados a adherir a la nueva formación religiosa.

Otro hecho espantoso en ese proceso es que los dos obispos (exarcas) nombrados por Constantinopla para conducir la “autocefalia” ucraniana, fueron los que actúan en América del Norte. De esta ‘casualidad’, ojalá no resulte Trumpcéfala o Petrocéfala, que daría igual. Es, por lo mínimo, curioso que la autocefalia de una iglesia, haya merecido la atención del Secretario de Estado de EEUU Mike Pompeo, conocido por sus declaraciones islamofóbicas y por su defensa de la tortura, expresó: “Instamos a la iglesia y las autoridades del país a avanzar hacia la creación de una iglesia ortodoxa ucraniana autocéfala”.

Epifanio, el elegido Primaz de esta nueva iglesia ortodoxa, al discursar en la entrega del tomos de autocefalia, se dirigó a Poroshenko: “Su nombre, señor presidente, permanecerá para siempre en la historia del pueblo ucraniano y en la iglesia al lado de los nombres de nuestros príncipes Vladimir, El Grande, Jaroslau I, El Sábio, Kostiantyn Ostrozky y el Hetman Ivan Mazepa”.

¿Olvidará, Epifanio, que una de las razones del citado Príncipe Vladimir (1147), ser conocido como el Grande, fue por haber invitado a la Unidad y advertir los hermanos ortodoxos contra las divisiones internas, y así superar las maniobras de invasores? Con la subestimación de su alerta, Gengis Khan atacó y dominó la antigua Kiev. La fórmula del divide et impera, más una vez es rescatada, ahora dentro del espectro de una geopolítica religiosa. Así, pues ¿Por quién doblan las campanas en la recién creada iglesia ortodoxa, en Kiev?

Para una reflexión más allá de los dogmas violados durante el proceso de reconocimiento de la Iglesia Ortodoxa de Ucrania (IOU), más allá de la cuestionable jurisdicción que la concibió, pasando por encima de la ortodoxia canónica, aunque haya quienes insistan en fiarle credibilidad legal a la creación de esta iglesia, ¿soportarán la carga de validarla moralmente? Este es un tema para todo el mundo cristiano posicionarse, es la gesta de una nueva iglesia, pero que ya nace con el alma abortada, comprometida con intereses políticos mezquinos, bajo la sombra e inversiones codiciosas de un gobierno que alienta en su seno grupos que abogan los asesinos de San Maximiliano Kolbe.

En diciembre pasado, mientras ocurría el cuestionable ‘Concilio de Unificación’ que estableció la IOU, también fue decretado por el parlamento de este mismo país la celebración del aniversario de Stepan Bandera como feriado nacional. Bandera fue notable colaborador nazista, destacado líder del Ejercito Insurgente Ucraniano, responsable por la limpieza étnica de decenas de miles de polacos, y organización de campos de concentración.

Este año se cumplió el 125º aniversario del sacerdote polaco Maximiliano Kolbe (canonizado en 1982), que sufrió los martirios del campo de concentración nazista de Auschwitz, y que después de escuchar el desespero de un padre de familia que iba ser ejecutado, entregó su vida para que el otro siguiera viviendo. Antes que lo mataran con una inyección letal, dijo a sus verdugos – el “odio de nada sirve, sólo el amor crea”.

Petró Poroshenko, el nombre que la Iglesia Ortodoxa Ucraniana quiere eternizar, ¿estará más cerca de los Caminos de Jesús o de Herodes, al admitir en su gobierno persecución a minorías, ataque a gitanos y otras etnias, censura a partidos políticos progresistas y prohibición de determinados libros como los que hacen crítica a la incorporación del país a la OTAN (a ejemplo de: “Suicidio anunciado. ¿Por qué Ucrania necesita de la Otan?”). En su gobierno grupos neonazistas como el Batallón Azov fueron incorporados a la Guardia Nacional y estuvieron involucrados, junto con extremistas del partido Svoboda y la facción paramilitar S14 en el secuestro del brasileño Rafael Lusvarghi de dentro de un Monasterio, en la periferia de Kiev.

Lusvarghi, católico ortodoxo, que estaba en libertad después de haber sido juzgado por su participación solidaria en las brigadas del pueblo de Donetski (etnia perseguida, que tuvo derechos cancelados y se independizó de Ucrania) fue arrastrado, golpeado, escrachado en las calles de Kiev. Esos grupos de extrema derecha lo entregaron en la sed del Servicio Secreto de Ucrania y, desde entonces, volvió a pasar por nuevos controvertidos procesos. El gobierno de Brasil lo ignora, y ya explicitó su afinidad con el gobierno de Ucrania.

Semana Santa se acerca, y las elecciones en Ucrania también: Poroshenko pleitea reelección, en el próximo 31 de marzo. El Sábado Santo de Resurrección de Lázaro también es llamado en los textos litúrgicos de “Preludio de la Cruz”. Que la voz de Dios en la consciencia de los ucranianos, les ilumine el discernimiento en este sufragio, para que los resultados no sean más una pesada cruz para su pueblo.

Como nuestro querido Papa Francisco, soy un “peregrino en busca de unidad y de paz”, por esa misma razón no reconozco autoridad en iglesias que pregonan el divisionismo y hacen uso de coerción, con apoyo del Estado, con los feligreses de otras iglesias. Ser neutral delante esa cuestión, es seguir el camino de Poncio Pilato, no de Jesús Cristo. Omitirse es asumir la posición de lavarse las manos, y más una vez, con la sangre de hijos de Dios.

ALAI, América Latina en Movimiento


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