¿Por qué Rusia, con las mayores riquezas del mundo, no es el país más próspero?

¿Por qué Rusia, con las mayores riquezas del mundo, no es el país más próspero?

MOSCÚ, 28 jul 2018 (Uypress/Sputnik) – El vice primer ministro ruso Alexéi Gordéyev hizo unas fuertes declaraciones: “en Rusia hay pocas personas y una enorme cantidad de recursos, por lo que en el país florecen el despilfarro y el descuido”.

¿Por qué Rusia, con las mayores riquezas del mundo, no es el país más próspero?

Las declaraciones del alto funcionario causaron alboroto entre las élites y los expertos del país.

La desproporción de recursos y personas se ha convertido en una verdadera maldición para el país más grande del mundo, opina este alto cargo del Gobierno. Los rusos “no calculamos nada y no escatimamos en nada”, afirmó el vice primer ministro ante el Consejo de la Federación -Cámara Alta del Parlamento de Rusia-, citado por el medio RNS.

“Sí, lo cierto es que la abundancia de recursos genera algo de despilfarro y descuido. Tenemos que aprender a valorar esos recursos, nuestro espacio y nuestra gente. Eso requiere de un cambio de mentalidad”, resumió al periódico digital Vzglyad el director del Instituto de Estudios Políticos, Serguéi Márkov.

Según el analista, los rusos deberían aprender a administrar de manera más efectiva los recursos “que Dios y el destino nos han entregado”. “A menudo utilizamos de manera ineficiente nuestro espacio, nuestro potencial agrícola. Creo que Gordéyev se refería a eso”.

El segundo problema -la baja densidad poblacional- golpeó a los rusos más que a nadie. Márkov recuerda que solo en el siglo XX el país sufrió dos cambios radicales de poder -la caída del Imperio y de la URSS-, una guerra civil, dos invasiones procedentes de Europa -la intervención de la Entente y de los nazis-. El hambre y la falta de asistencia médica en esos períodos no hicieron más que agravar la situación. “Es algo de lo que nadie está a salvo”, enfatizó el especialista.

“China cuenta con una gran cantidad de personas, y las personas de alguna manera son también un recurso”, agrega el sociólogo Borís Kagarlitski. El especialista recuerda que en la primera mitad del siglo XX los chinos tenían su propia maldición: la inmensa cantidad de mano de obra barata frenaba la implementación tecnologías más costosas pero eficientes. Con la llegada de los comunistas al poder se logró cambiar ese paradigma y ahora los chinos producen todo tipo de tecnología punta.

No obstante, la docente de la cátedra de Administración Pública de la Academia de Economía Nacional de Rusia, Ekaterina Shulman, considera que al hablar del exceso de recursos el vice primer ministro ha tocado dos problemas distintos.

El primero radica propiamente en lo que llaman la ‘maldición de los recursos’ o ‘paradoja de la abundancia’. Según esta teoría económica, los países con abundantes recursos naturales tienden a vivir de su exportación y no de la elaboración de bienes, lo que evita la industrialización, aprovecharse del valor agregado y un mayor acceso al mercado de trabajo. En otras palabras, estos países venden sus recursos a otros por un bajo precio para luego comprarles productos elaborados por un valor superior.

“El trabajo humano deja de valorarse. Se valora más la materia prima, lo que no favorece al desarrollo de la industria”, resume la docente.

Este mal afecta a países ricos en recursos como Arabia Saudí, Venezuela, Brasil y varias naciones del continente africano, al tiempo que favorece a países con escasos recursos naturales pero puramente productores como Alemania, Japón o Corea del Sur.

Pero esto no siempre es necesariamente así, advierte Shulman. Y es aquí donde entra en juego el segundo factor: cuán eficientemente saben las élites administrar los recursos del país. La docente pone como ejemplo a Noruega, Canadá o Chile, países que, al igual que Rusia, disponen de grandes reservas de recursos y poca población pero cuyas élites políticas y económicas han sabido manejar bien sus recursos, priorizando la producción interna.

El analista se refiere a la revolución de 1917 y a la posterior caída de la URSS en 1991. En sus palabras, los recursos naturales se convierten en riquezas solo para aquellos que entienden cómo y para qué emplearlos. Rémizov considera que el problema actual de Rusia es que sus relativamente nuevas élites aún están aprendiendo cómo “convertir las riquezas en un recurso efectivo”.


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