¿Por qué algunos abrazan las teorías de la conspiración?

Por Dora Mekouar

VOA
Miembros de QAnon protestan durante un acto para lograr la reapertura de California tras las medidas de confinamiento por el coronavirus, el 1 de mayo de 2020. VOA

Las autoridades aún están trabajando para determinar las identidades de las personas que atacaron el Capitolio de Estados Undios el 6 de enero, muchos de los cuales aparentemente fueron motivados por falsas teorías de la conspiración, entre ellas que el expresidente Donald Trump ganó las elecciones de 2020, pero un supuesto fraude le habría arrebatado la victoria.

Las teorías de la conspiración a menudo se basan en ver las cosas claramente en términos del bien y del mal, y eso puede llevar a las personas a hacer cosas que nunca antes habían contemplado, explicó Peter Ditto, profesor de ciencia psicológica en la Universidad de California, Irvine.

“Moralizar las cosas moviliza a la gente a la acción”, dice. “Si creyera que las elecciones estadounidenses le han sido robadas al legítimo ganador, probablemente también asaltaría el Capitolio. Tiene mucho sentido si eso realmente sucedió. El problema es que eso no sucedió”, agregó.

Las personas más propensas a abrazar las teorías de la conspiración son menos inquisitivas y, a menudo, exhiben tendencias narcisistas, como un sentido exagerado de auto-importancia, una profunda necesidad de atención y admiración, relaciones conflictivas, falta de empatía por los demás y una autoestima frágil, según determinó una investigación de la Universidad de Emory, publicada en el Journal of Personality.

Nika Kabiri, experta en toma de decisiones humanas afiliada a la Universidad de Washington en Seattle, dice que todos se sienten potencialmente atraídos por las teorías de la conspiración, aunque algunos más que otros.

“Todos nos sentimos potencialmente atraídos por ellos porque todos odiamos la incertidumbre. A ninguno nos gusta la idea de no saber por qué suceden las cosas. Nos hace sentir que no tenemos el control del mundo. Queremos cerrar (los temas)”, dice Kabiri. “Es una tendencia natural del cerebro humano buscar esas explicaciones”, agrega.

Una teoría de la conspiración consiste en culpar o explicar un evento importante o un conjunto de circunstancias como parte de un complot secreto que generalmente es planeado por personas poderosas. El pensamiento conspirativo también puede abrazar la idea de que se está ocultando un gran secreto al público.

Cuando una persona prominente, ya sea un director de cine o un presidente, transmite una teoría de la conspiración, dice Kabiri, es como un evento de gran difusión y la teoría de la conspiración recibe mucha exposición.

“La gente se adhiere a estas creencias porque ya está insatisfecha”, dice. “Ya están descontentos. Hay algo que quieren, quizás, explicar algo que no les sienta bien, y la historia les da una respuesta”.

Los tiempos de incertidumbre, como una pandemia, pueden ayudar a alimentar la propagación de teorías de conspiración.

“Las personas, en particular, que son susceptibles al pensamiento conspirativo, son susceptibles a ellas cuando se sienten amenazadas y ansiosas, como mucha gente en este momento”, dice Ditto. “Cuando el mundo parece confuso e incomprensible, como es ahora mismo. Cuando las personas se sienten solas y buscan conectarse con los demás”.

Las personas a menudo se aferran a las historias de conspiración porque no pueden aceptar explicaciones simples de eventos que alteran la vida, según Ditto.

Una conspiración importante sobre los ataques terroristas del 11 de septiembre sostiene que las torres gemelas en Nueva York cayeron en una demolición controlada, en lugar de porque los aviones se estrellaron contra ellas.

La especulación no probada sobre la pandemia de COVID-19 sostiene que el virus escapó de un laboratorio chino y posiblemente fue un arma biológica diseñada.

A muchos estadounidenses les cuesta creer que el presidente John F. Kennedy, una figura política, fuera asesinado por un pistolero solitario, un tipo normal, por lo que abrazan la idea no probada de que debe haber habido una conspiración más grande para asesinarlo.

Los investigadores de Emory encontraron que las personas más propensas a abrazar el pensamiento conspirativo suelen ser menos agradables y menos conscientes, mientras que se asocian con un sentido de derecho, grandiosidad, depresión y ansiedad.

“Si estás en una comunidad unida, ya sea en las redes sociales o en la vida real, con personas que se adhieren a la misma creencia, existe un compromiso con esa creencia que es incluso más intenso que si lo mantuvieras solo”, sostiene Kabiri.

Ditto explica que un millón de años de evolución empuja a las personas a dividirse en grupos con personas de ideas afines.

“Somos muy tribales. Estamos muy apegados a personas que son como nosotros. Es muy, muy inusual tener un lugar donde se supone que debes hacer amistad, conectarte y cooperar con personas que no se parecen a ti y que no tienen los mismos valores. Tal vez tengan una religión diferente”, argumenta Ditto.

“El experimento estadounidense, esencialmente, es un intento de trabajar contra todas esas fuerzas evolutivas y mover a las personas de esta manera positiva a cooperar. Es mucho más fácil dividir a la gente”, expone.

Voz de América


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