¡Por favor, no discuta!

El Sereno

Álvaro Campos Solís
Campos.solis.alvaro@gmail.com

Alvaro Campos

La salud y el trabajo nunca han sido excluyentes; por el contrario, siempre han sido complementarios. Sin embargo, la pandemia del coronavirus la ha trastornado todo, incluso las relaciones humanas.

¿Por qué vos no usás cubre bocas?, le pregunta un amigo a otro.

El interpelado contesta: “Solamente la uso para ingresar a lugares públicos. Lo hago porque me obligan. En la calle no la uso porque ese es un invento para tontos”. Así comienza la discusión entre dos amigos que conforme avanza se va tornando cada vez más agria, toda vez que uno de ellos le ha endilgado al otro el calificativo de idiota. A partir de ese momento la situación se tensa y surge un diálogo de sordos.

Evitar las discusiones sobre si conviene o no el uso del cubre bocas y acatar otras recomendaciones para evitar el contagio de la covid 19 puede resultar la mejor opción, pues en algunas oportunidades se corre el riesgo de perder amistades más o menos valiosas.
Las discusiones sobre temas tan complejos como la política, la religión, el sexo y la pandemia algunas veces se convierten en una forma de perder el tiempo, particularmente cuando cada una de las partes cree que le asiste la razón, que es dueño de la verdad y todo lo que diga es santa palabra.

En ese contexto, ahora la madre de todas las discusiones gira en torno al uso o el rechazo del cubre bocas y mascarilla. Los defensores del cubre bocas, confinamiento y distanciamiento físico afirman que esos elementos son determinantes para evitar el contagio y conservar la salud.

Quienes se oponen privilegian el trabajo como fuente de ingresos para llevar alimentos a la mesa, condición indispensable para preservar la salud y hasta la vida. También defienden el derecho al entretenimiento en grupos y lugares cerrados. Este debate puede resultar muy grato, según la argumentación de los protagonistas. En otras oportunidades es fuente de enojo hasta llegar a la descalificación del adversario. En tal caso, la discusión se torna inútil y hasta tóxica.

Al respecto, cabe destacar que los científicos investigan y formulan las recomendaciones pertinentes, en tanto que empresarios y trabajadores exigen que no se apaguen los motores de la economía. Afirman que “con pandemia o sin pandemia, el mundo debe seguir su curso”.

El debate podría adquirir nuevas y dramáticas dimensiones, en caso de que surja una segunda ola de la pandemia. Entonces, la situación sería peor, en opinión de los expertos.

Algunas personas consideran primordial el uso del cubre bocas o la mascarilla, así como el confinamiento y el distanciamiento físico, para evitar la posibilidad de contagiarse del citado coronavirus que hasta el momento ha matado a más de un millón 300 mil personas en todo el mundo. El número de contagios supera ya los 60 millones de personas.

Otros la catalogan como “una invención de los científicos para asustar al mundo”. Es la misma gente que le atribuye a esas medidas un “recurso inventado por los gobiernos para limitar las libertades de los ciudadanos”.

Los mayores críticos a las medidas recomendadas por científicos e implementadas por los gobiernos son los empresarios. Muchos de ellos ven la aplicación de ciertas normas como una amenaza para el funcionamiento de sus empresas y la salud de su economía.

En el mundo del poder político, dos de los más célebres críticos contra las medidas sanitarias y en particular contra el uso del cubre bocas son los presidentes de Estados Unidos y Brasil, Donald Trump y Jair Bolsonaro, respectivamente. Ambos contrajeron la covid-19. Sobrevivieron. Los dos presidentes han despedido a ministros de estado y funcionarios altamente calificados en salud pública por el hecho de haberlos contradicho.

Trump ha negado repetidamente el poder contagioso de la covid 19, al punto de convertirse en la persona que a nivel mundial más ha difundido desinformación sobre la pandemia. En el curso de la campaña electoral que concluyó el pasado 3 de noviembre no usaba el cubre bocas como para servir de ejemplo a sus millones de seguidores. Como consecuencia, el numero de contagios se disparó.

Bolsonaro ha llamado “maricas” a los defensores de las medidas sanitarias. En cierta ocasión recordó que su segundo nombre es Mesías, pero aclaró que él no puede hacer milagros.

Esos dos países son lo que acumulan el mayor número de muertos y contagios de todo el continente americano. En Estados Unidos el número de fallecidos se aproxima al cuarto de millón de personas, mientras que el número de contagiados supera los 9 millones.

En Brasil la situación no es menos dramática. Mas de 150 mil muertos, mientras que el número de contagios supera los cinco millones de personas.

Sin duda, el gran dilema que emana de la pandemia y los esfuerzos por ejercer algún control sobre ella radica en establecer qué es más importante: la salud o el trabajo versus el trabajo o la salud.

Lo más sano es no discutir sobre el tema. Lo mejor es respetar las recomendaciones de los científicos, tomando en cuenta que cada persona es dueña de su vida y que su mayor contribución es respetar el derecho a la salud de sus amigos, vecinos y conocidos. ¡Por favor, no discuta! Es perder el tiempo y la paciencia.

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Periodista


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