Periodistas exigentes y no bufones

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Lafitte Fernández

Lafitte Fernández

No hay que citar sus nombres. No se trata de una batalla que se gana a punta de mencionar nombres.Lo más importante es que todos podamos reconocer, o a debatir, los errores del oficio del periodismo, para evitar que se repitan.

Hace poco tiempo escuché decir al director de un importante programa deportivo de la radio y televisión, más o menos lo siguiente: si en los clubes de fútbol aparece un narcotraficante, el problema lo debe investigar la policía. No el periodista deportivo ni el periodismo.

Ese espectacular error parte del problema de que el periodismo deportivo costarricense embargó la seriedad que le debemos a lo que hacemos. Muchos han cambiado y confunden el periodismo general, y deportivo, por el entretenimiento.

Ese canje ha sido nefasto. Algunos han estropeado el periodismo con la locura de transformar a los periodistas en comediantes.

Tal vez por eso hemos visto, y seguimos mirando y escuchando, a periodistas deportivos que sólo les falta que los pongan a jugar jackses en programas de televisión.

Y nacen, de esa manera, “periodistas” que se perciben como estrellas sin conocer el abc del método periodístico.

También sobran, en la radio, aquellos que sin ser periodistas asumen el papel de estos como verdaderos comediantes y bufones del entretenimiento.

Honestamente yo creí que el periodismo podía morir por ataques a las economías de las empresas, por la escasez de talento, la cirrosis o porque la gente no quiere leer ni estar informados a causa de esos trastoques del periodismo.

Este año el periodismo deportivo ha tenido todo para tener su mayor graduación en muchas décadas. Pero se pierden por las majaderías de los constructores de tonteras.

En enero pasado, el presidente o gerente del equipo Universidad fue acribillado a balazos en un centro comercial de Cartago. Lo mataron cuando acababa de abandonar el estadio.

Cuando eso sucedió, creí que el periodismo deportivo enviaría sus mejores comandos periodísticos a investigar un hecho tan grave como ese. ¡El crimen organizado estaba dentro del fútbol!

Creí que el periodismo deportivo se graduaría, sobre todo cuando las autoridades locales, mediante un escueto comunicado, que sólo publicó CRHoy, confirmó que el dirigente deportivo era cabeza de una organización de narcotraficantes.

Las fallas del periodismo fueron tan aparatosas que nadie publicó ni siquiera un perfil sobre el hombre asesinado. Nadie, nadie, nadie profundizó en el primer caso que mostraba la introducción del narcotráfico en el fútbol de primera división.

A las pocas semanas escuché aquella prédica de un director que, o la corrige la academia, o hay que darle sepultura al periodismo deportivo: es la policía la que debe investigar los narcos que entran en el fútbol y no los periodistas.

Esa posición significa tantas tonteras juntas que, a sus precursores, se les olvidó que la misión del periodismo es un compromiso social y que eso significa investigar, buscar la verdad y, sobre todo, informar.

Pensar lo contrario es tener poca entereza. ¿Por qué el periodismo general sí investiga el narcotráfico y el periodismo deportivo no? La respuesta a esto es tan absurda que lo menos que se puede pensar es que quienes intentan alejar al periodismo deportivo de la investigación, o están cargados de ignorancia, de mala fe o compromisos económicos.

Se puede entender que un periodista deportivo trabaje en una empresa, de radio o televisión, que posee compromisos con un equipo de fútbol.

Pero de eso a callar un hecho tan grave como la presencia del narcotráfico en el fútbol, por atender un nudo económico, es deshonesto e indigno.

Mucho menos se deben cambiar los papeles, y la naturaleza del periodismo, con verdaderas estupideces como advertir que es la policía la que debe investigar el papel del narcotráfico.

Esa postura borra el papel del periodismo, de un solo tajo, de los últimos cincuenta años. Y si el periodismo deportivo es incapaz de investigar el narcotráfico en el fútbol, pues que busque una alianza con los mejores investigadores generales de cada medio de comunicación.

Gente como Everardo Herrera. Amado Hidalgo, Leonel Jiménez, y otros, saben de lo que escribo. Ellos vivieron los tiempos es que, por ejemplo, las redacciones centrales prestaban buenos periodistas investigadores para escudriñar los negocios oscuros del Saprissa con la venta de palcos y muchos temas deportivos más.

Pero ahora que aparece el narcotráfico, es cuando más inmovilizan el papel del periodismo y trastocan sus funciones.

Esos extravíos conceptuales suceden cuando el fútbol costarricense se llena de mexicanos cargados de una caridad que nadie sabe de dónde sale, cómo nació o cómo se come.

Y ocurre lo mismo: nadie que se estime un buen periodista deportivo, le explica al país el por qué cada vez llegan, más y más, inversionistas mexicanos al fútbol.

Los periodistas deportivos han sido tan omisos que ni siquiera tienen una explicación para eso. Ni siquiera conocen cuáles son las empresas con las que justifican sus inversiones deportivas.

El único que saca su tiempo para tratar de hurgar en esos temas es Amado Hidalgo, un periodista que creció en otra escuela de periodismo y que, sospecho, suelta la carcajada cuando le dicen que es la policía, y no el periodismo, el que debe investigar.

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