Oligopolio de telecomunicaciones es un rezago para el país

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Reflexiones

Leiner Vargas
lvargas@una.ac.cr

Leiner Vargas

El domingo 17 de mayo celebramos el día mundial de la sociedad de la información y comunicación, la verdad sin mayores cambios y sin pena ni gloria para el país. El retroceso en la regulación de las telecomunicaciones que dejamos pasar al declarar la apertura y la competencia no efectiva, como la normalidad en el sector, nos ha llevado de tumbo en tumbo, dejando al país a la deriva en el diseño de políticas públicas, al amparo de lo que dicta la cartelización de las empresas de telefonía, Internet y comunicaciones. Al amparo de una reforma legal incompleta, un marco de competencia y defensa del consumidor vacío y una entidad fiscalizadora inexistente, la SUTEL y la ARESEP se han hecho pasar por la vista gorda el deterioro de los servicios, la creciente cartelización del mercado y un excesivo costo de acceso en datos, principal segmento de crecimiento del mercado de telecomunicaciones de nuestro tiempo.

Como sucede en la banca, los medicamentos y los mercados del azúcar y del arroz, el poder de mercado de un cartel de pocas empresas, con el auspicio de empresas públicas incompetentes o llenas de ineficiencia operativa, las empresas de telecomunicaciones se siguen dando gusto con precios de cartel, con calidad y servicios de bajo nivel y con una creciente distribución de los mercados, que se han claramente segmentado y que ponen al país y a los consumidores en desventaja frente a los grandes desafíos post-COVID-19. Ante todo lo anterior, las exigencias de retomar un camino de reformas a las ya obsoletas y complacientes leyes de telecomunicaciones es un tema urgente. El mercado está tomado por empresas que han usufructuado de una lapsa regulación, de un Estado incompetente y capturado por la dinámica empresarial del mismo, es hora de cambiar.

Un tema adicional del diseño regulatorio costarricense fue dejar el FONATEL, iniciativa pensada para reducir la brecha digital y permitir a las familias más humildes el usufructo de las ventajas de las telecomunicaciones modernas, en manos de la propia SUTEL. Un absoluto fracaso de gestión, adicionalmente condicionado por un errado proceso dónde las empresas y el regulador son parte. Este desafortunado diseño regulatorio ha llevado al desarrollo de proyectos aislados, desconectados de una estrategia nacional y sobre todo, llenos de la más absoluta discrecionalidad de los propios reguladores. La escasa integración de la política pública del país y las ineficiencias operativas de gestión hacen del FONATEL el fracaso más grande de la historia pública de Costa Rica, tan o cuan fallida como el propio CONAVI. Este mal diseño regulatorio debe terminarse con la salida de FONATEL de la SUTEL, el desarrollo de un mecanismo expedito de gestión de los fondos articulados a un ente rector en temas tecnológicos, por ejemplo el MICIT.

El tema del FONATEL es que sigue siendo tierra de nadie, bueno realmente es una piñata que se reparten los 4 reguladores y las empresas reguladas de una forma desacertada y clientelista, sin un verdadero sentido técnico y de apoyo a las comunidades y ciudadanos que siguen esperando los beneficios de más de 400 millones de dólares que han pasado por el fondo. Lamentablemente el país ha carecido de una verdadera visión digital, ya es hora de cambiar de tono y de sentido en materia de telecomunicaciones, accesibilidad y brecha digital. Ya es hora de intervenir la SUTEL, trasladar el FONATEL y poner orden en el mercado más importante como servicio al ciudadano del siglo XXI.

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